Vivir en colores. Cuentos de los colores

Cuentos de los colores
Vivir en colores

Vivir en colores. Cuentos de los colores

Vivir en colores. Escritora de cuentos y poesías para niños de la ciudad de Pergamino, Argentina. Cuentos de los colores

Vivir en colores
Vivir en colores

En el país de TAL PARA CUAL los pensamientos andan volando y en las esquinas se pueden comprar sueños a $ 2.50.-
En el país de TAL PARA CUAL los días pasan de dos en dos porque el año tiene 24 meses y deben estar acordes al resto de los países.
Es un país chiquito, tranquilo y un poco aburrido.
Allí la vida es diferente, empezando por los días que lucen distintos. El lunes es todo verde y sus habitantes visten ropas y accesorios de ese color; salen a pasear en vehículos engalanados al tono y las comidas son budín de espinacas, croquetas de acelga y ensaladas de pepinos con lechuga. De postre, pastel de kiwi y tarta de manzanas verdes.
El martes se despierta en color violeta y pasar ese día es más difícil porque no a todos les sienta bien. A los señores no les quedan los trajes oscuros. El repollo cae algo pesado pero los postres de arándanos y los bombones de uva saben riquísimos.
El miércoles la cosa cambia porque es el turno del rojo. Y las señoras y señoritas, niñas y viejas y jovencitas salen a pasear con sus vestidos color fuego y despliegan sus sombrillas con puntillas coloradas para cubrirse del sol. Ese día se comen ensaladas de tomate, rabanitos y mucha fruta como manzanas deliciosas, frutillas, guindas, ciruelas y exquisitas uvas rosadas.
El día más esperado es el domingo porque el Arco Iris temprano avisa en que colores transcurrirá la vida. Pero en la mañana del domingo 32 de febrero sucedió un hecho terrible. ¡El Arco Iris se quedó dormido!.
El gallo que acostumbraba despertar temprano a todos con sus fuertes quiquiriquíes, esa mañana no cantó.
Las palomitas, gorriones y torcacitas no fueron a buscar comida para los pichones y éstos chillaban de hambre.

El sol seguía escondido detrás de las nubes y a la luna se le cerraban los ojos de sueño pero no podía irse a su casa porque estaba oscuro todavía.
Los pobladores se levantaron varias veces a espiar por las ventanas pero como no se veía nada seguían durmiendo.

Los pimpollos de las rosas, ansiosos por abrir sus pétalos de colores esperaban impacientes con los ojitos cerrados temiendo marchitarse antes de ser flor.
El reloj Cu Cu se dio cuenta que no se puede dormir todo el sueño en una sola noche y comenzó a cantar. Primero entre temeroso y ronco dijo – ¡cu cu! -, pero las luces no aparecían. – ¿Será muy temprano aún? – se preguntó asomando el pico para tantear las agujas y al darse cuenta la hora que era, con todas sus fuerzas chilló – ¡CU CU! ¡CU CU! – una y otra vez.

El Arco Iris fue el primero en despertarse y en el apuro por vestirse se le cayó el color amarillo, entonces todos salieron a saludar vestidos con trajes de sol. Pero cuando se lavó los dientes, el naranja salpicó en forma de lluvia y los habitantes corrieron a cambiarse de ropa. Sacaron la mermelada de duraznos para desayunar y pusieron las naranjas y mandarinas en las fruteras, pero cuando el Arco Iris, algo turbado por los hechos, comenzó a cepillar su cabellera de estrellas, todos los colores cayeron en diferentes lugares del país y cada habitante corría a combinar vestidos de diversos tonos.
– ¡Pero que gran lío!- decía el Arco Iris observando desde lo alto como el poblado lucía colores entreverados.

Esa mañana, que ya era mediodía, en el país de TAL PARA CUAL, descubrieron que vivir combinado los colores era muy divertido.
Los pensamientos que volaban siempre en un mismo tono, ese domingo eran como papel picado salpicando la cabeza de los pobladores y el puesto de los sueños de las esquinas los ofrecían en promoción a $ 2 el ramillete de tres sueños matizados.
El Arco Iris se detuvo un instante y observó que la vida del pequeño país había cambiado. Todos reían e intercambiaban coloridos saludos. Los señores se veían muy frescos con sus camisas escocesas y las damas lucían juveniles vestidos de estampadas flores. Entonces se sentó sobre una nube pasajera y meditó un instante.
– Yo sé que  TAL PARA CUAL es un país distinto, pero igual se puede seguir siendo talparacuelense viviendo con todos los colores a la vez. Una señora saldrá con vestido azul y el caballero la acompañará con su corbata al tono. Una jovencita se pondrá zapatillas fucsias con cordones flúo y los varones remeras con garabatos igual. ¡Sí, sí! – se convencía. – No quedará mal el país. Los colores se pueden amalgamar igual siendo diferentes -,  reflexionaba en voz baja el Arco Iris, mientras en el país todo era algarabía.
– ¡Un momento!, ¡Un momento! – interrumpió haciendo sonar los cascabeles de los truenos y los habitantes hicieron silencio para escucharlo.
– Dormirme… me dio una idea
quizás un poco alocada
la de entreverar colores
y escribir poesía rimada.
¡Uy! Perdón se me escaparon unos versos por la emoción – dijo el Arco Iris que quería decir algo pero se le atravesaban las palabras.
Entonces el viento le sopló al oído y una ráfaga de letras se escuchó en el aire.
– DESDE AHORA VIVAMOS CON TODOS LOS COLORES A LA VEZ!
– ¡Bravo! ¡Bravo! – gritaban los pobladores revoleando los sombreros y desplegando las sombrillas para festejar esa gran decisión.
Y desde ese día TAL PARA CUAL fue un gran paraíso donde todos los árboles florecían en primavera y las flores abrían sus ojos temprano cada mañana.
Sus habitantes caminaban contentos y se cambiaban de ropa cuatro veces por día.
Las verduras crecían todas juntas en la misma huerta y las frutas compartían la ensalada para las fiestas.
El señor Arco Iris se despertaba temprano todas las mañanas y se daba un fresco baño de rocío antes de saludar a todo el país con sus versos arrimados.

– ¡Buenos Días! Verdes, rojos y amarillos
azules, turquesas y lilas.
¡Hola! A todos los violetas y celestes.
Todos juntos celebremos
Los colores de la vida.

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Fin

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