Pocholo, el ayudante


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Pocholo, el ayudante. Cuentos de misterio de la escritora Susana Solanes sugerido para niños a partir de nueve años.

Mucha gente piensa que los libros cuentan historias irreales, sin embargo, a veces en la realidad pasan cosas que no se pueden creer. Especialmente, el lector debe tener cuidado con los trabajos que les ofrecen porque pueden esconder algún terrible secreto. En estos casos, lamentablemente se puede hacer realidad lo que cuentan los libros, y si no se ha leído lo suficiente, la bibliotecaria no lo puede ayudar.

-¡Cuánto me alegro que hayas encontrado trabajo, Pocholo! En tu casa estarán muy contentos-

De esta manera, Liria felicitó al muchacho que le contó de su flamante ocupación.

-Sí, más o menos. Porque al principio iba a la mañana a la casa del Doctor, después me quedaba también a la tarde y ahora hasta duermo allí. Yo creo que es porque él me tiene confianza.

-Seguro que sí, ¿y qué trabajos hacés allí? -De todo, porque el Doctor es un hombre muy ocupado y no hay nadie más en la casa. Así que soy mucamo, cocinero, mandadero, de todo un poco.

-Y te trata bien, por supuesto.

-No sé, es una persona un poco extraña, casi ni lo veo. Me dio unas indicaciones los primeros días y después nada más. Cada vez conozco más la casa y parece que está conforme conmigo. Pero él pasa el día y a veces la noche, encerrado en su laboratorio y escucho unos ruidos muy raros, pero ni me atrevo a golpear porque él es muy serio pero me paga bien y todos los fines de semana. ¡Ah! Gracias por el libro que me recomendó, esta noche empiezo a leerlo.

Liria quedó conforme con la conversación que había tenido con el muchacho a quien conocía desde chiquito. Siempre había tenido problemas de integración en la escuela y la familia se preocupaba por su futuro. Los que lo conocían no confiaban en su capacidad para relacionarse o para resolver problemas, por eso es que esta oportunidad de trabajar lo hacía sentirse muy satisfecho.

-Pero tengo que observarlo y vigilar su tarea. Pocholo es un poco inocente en ese sentido- reflexionó Liria.

A los dos o tres días, el muchacho volvió a la biblioteca.

-Y, ¿cómo sigue el trabajo?

-¡Muy bien, Liria! El Doctor me aumentó de sueldo. Pero escuche lo más importante. Me dijo que si sigo trabajando así, el mes próximo puedo ser su ayudante en el laboratorio. Y voy a ganar más, por supuesto. Como no tengo que pagar en comida ni vivienda, todo lo que gano lo ahorro. Me compré ropa, zapatillas nuevas y le di lo que me quedaba a mi mamá.

-¿Y qué dicen en tu casa del trabajo que encontraste? ¿No te extrañan?

-¡Sí! Yo también los extraño, pero ahora que encontré esta oportunidad no pienso desaprovecharla. Ya me anoté en una escuela para terminar la secundaria y después voy a seguir estudiando. A lo mejor, Medicina, porque ¿se imagina lo que voy a aprender en el laboratorio del Doctor? ¡Ah!, aquí le dejo el libro. Muchas gracias, pero es mucha fantasía lo que cuenta allí, ¡quién se lo puede creer!

Algo inquietaba a Liria, pero no insistió ante el muchacho. Y a los pocos días cuando regresó a la biblioteca continuaron con la conversación:

-Y, ¿ya entraste en el laboratorio del Doctor?

-No, todavía no. Me dijo que está en fase preparatoria de un experimento que lo va a hacer famoso. Pero por ahora, sigo limpiando y haciendo los mandados. Lástima que tengo problemas para levantarme temprano porque casi no puedo dormir.

-¿Por qué no podés dormir? -Porque el Doctor sale todas las noches y vuelve muy tarde. Y hace mucho ruido tanto cuando se va como cuando vuelve. Me inquietaba esa situación de modo que una noche lo espié por la ventana. Cargaba en el auto palas, picos, sogas, linternas y qué sé yo cuántas cosas más. Y cuando volvía, traía bultos enormes que metía enseguida al laboratorio.

-¿Y siempre estaba solo? -No, lo ayudaba un grandote y parecía que lo que traían era muy pesado porque al grandote le costaba cargarlo. Después empezaban los ruidos en el laboratorio, pero era tan tarde que al final me dormía.

-¿Le contaste a tu familia lo que estás viendo en esa casa?- preguntó inquieta Liria.

-No, ¡están tan felices con mi trabajo! A la única que se lo cuento es a usted, porque le tengo confianza. Pero no será nada raro, ¿qué le parece? Raro era lo que pasaba en ese libro que saqué de la biblioteca, a veces me acuerdo y me da risa. Los días pasaron y Liria no podía olvidar este asunto. Por eso, cuando Pocholo volvió se alegró de verlo bien.

-Señorita Liria, tengo dos noticias importantes que contarle. La primera, el martes que viene según me dijo el Doctor, voy a empezar a ayudarlo en su laboratorio. ¡Qué emoción! Porque aparte de aumentarme el sueldo, voy a conocer el proyecto que está realizando. Cuando él sea famoso, yo también voy a compartir su fama. ¿No le parece?

-Te felicito, pero prometeme que vas a seguir viniendo para contarme lo de tu trabajo en el laboratorio del Doctor.

-¡Cómo no! Vendré cuando pueda y voy a compartir con usted mis progresos en el campo de la Medicina. ¿Lo digo bien?

-¡Claro, estoy muy contenta por vos!, y ¿cuál es la otra noticia?

-¡Ah, casi me olvido! Mire qué cosa rara, el Doctor me dijo ayer que tenía que leer ese libro que le devolví hace poco. Que lo leyera muy bien, porque me iba a ayudar mucho. No sé por qué lo habrá dicho, a mí me pareció un libro con mucha fantasía. Pero como él me lo recomendó, ¿me puede volver a prestar Frankenstein de Mary Shelley?

Fin

De la serie “Sustos en la biblioteca”

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