Las princesitas del arco iris, Rosa, Celeste y Violeta. Cuentos de princesas

Las princesitas del arco iris. Cuentos de princesas

Las princesitas del arco iris, Rosa, Celeste y Violeta. Cuentos de princesas

Las princesitas del arco iris, Rosa, Celeste y Violeta. Graciela Lorena Bogado, escritora. Cuentos infantiles de princesas.

En el arco iris vivían las tres princesitas: Rosa, Celeste y Violeta.

A ellas les gustaban jugar juntas, eran muy amigas, traviesas, curiosas, y les encantaban las aventuras, tenían sus varitas mágicas, eran invisibles y solo los niños las podían ver y jugar con ellas.

Cada vez que jugaban a un juego querían ser las ganadoras y no las perdedoras del juego, pero eso para nada afectaba la linda amistad que tenían ellas, siempre se las arreglaban para ponerse de acuerdo y seguir jugando juntas. Un día decidía una al juego que iban a jugar, y al día siguiente decidían las otras.

Una mañana se pusieron de acuerdo las tres princesitas, para jugar al juego “te escondes tú y te busco yo,” el juego consistía en que uno solo era el que buscaba y los demás se escondían, en este juego celeste era la encargada de buscar a sus amigas.

Rosa que era muy temerosa decidió esconderse detrás del sol, mientras que Violeta que era la más inquieta y traviesa de las tres decidió esconderse detrás de una estrella. Celeste antes de salir a buscar a sus amigas, gritó fuerte: “escondite de goma el que no se escondió se embroma” y sale a buscarlas.

Se encontró con la señora luna que estaba muy elegante con su pijama. ¡Hola señora luna!, ¿vio usted pasar por aquí a Rosa y Violeta?, preguntó Celeste, la luna que se encontraba muy cansada, sacudiendo su cabeza le contestó que no y siguió durmiendo.

Celeste siguió buscando detrás de las nubes y se encontró con el señor sol descansando muy cómodo, ¡hola señor sol! ¿Vio usted pasar por aquí a Rosa y Violeta? el sol que era muy pícaro le guiño un ojo contestándole que si, Con esa ayudita del señor sol, celeste encontró a Rosa. Pero todavía le faltaba encontrar a Violeta.

Cuando de pronto…, ella apareció sentada en una estrella ¡suban! ¡Suban! iremos a recorrer el arco iris les dijo Violeta a sus dos amigas. Rosa y Celeste aceptando la invitación de violeta se subieron a la estrella.

Violeta que era muy hábil para convencer a sus amigas propuso: vamos a la tierra a visitar a los niños del “pueblo de las calesitas felices”, ¡Siii! Dijeron Rosa y Celeste aprobando la idea de su amiga.
Los niños que vivían en “el pueblo de las calesitas felices”, siempre esperaban a las princesitas para jugar con ellas.

El pueblo se llamaba así, por las dos grandes y hermosas plazas con calesitas que había en ese lugar, y cada vez que las princesitas visitaban a los niños del pueblo, iban a jugar con ellos en las calesitas, y se divertían mucho. Ellas viajaban tan contentas a la tierra que repetían una y otra vez “no vemos la hora de llegar.”

Pero al llegar a la tierra encontraron algo diferente en las entradas de las plazas del pueblo, los niños habían armado tres cartelitos dirigidas al señor millón.

El primer cartelito decía: señor millón, por favor déjenos entrar a las plazas a jugar en las calesitas, y le regalamos todos nuestros ahorros.

El segundo cartelito decía: señor millón déjenos entrar a jugar en las plazas, y les regalamos nuestros juguetes y las bicicletas nuevas.

El tercer y último cartelito decía: señor millón todos los niños estamos muy tristes porque nos quitó la alegría de entrar a las plazas y la ilusión de jugar en las calesitas. Los pedidos de los niños eran muchos y varios ofrecimientos para el señor millón, y en cada cartelito que escribieron dejaron sus corazoncitos llenos de esperanza.

El señor millón, así como lo llamaban los niños y la gente del pueblo, era un hombre muy rico que amaba el dinero y odiaba a los niños. Era dueño de las plazas y de casi todo el pueblo.

Un día mando cerrar las dos plazas grandes que se encontraban una a lado de la otra, y las cerco con muros y rejas muy altas para que los niños no puedan entrar a jugar en las calesitas.

Las princesitas después de leer los cartelitos en las entradas de las plazas dijeron: ¡no y no! No podemos permitir que el señor millón les quite la alegría de los niños, se dieron cuenta que tenían que ayudar a recuperar la felicidad de los niños, y sobre todas las cosas las sonrisa de cada uno de ellos.

Esa noche Rosa, Celeste y Violeta unieron la magia de sus varitas y lograron abrir las puertas con rejas de las plazas, para que los niños y ellas puedan entrar a jugar en las calesitas, pero tenían otro problema, ¿Cómo haremos para traer a los niños hasta las plazas? preguntó Rosa preocupada, Ya sé…lo tengo todo pensado. Dijo Violeta.

Las princesitas con las magias de sus varitas, crearon tres estrellas grandes de diferentes colores, y con muchos asientitos para cada niño.

Resuelto el problema, salieron a buscar a los niños y los subieron a las estrellas. Cada princesita tenía una estrella del mismo color que su nombre.

La estrella de color rosa era conducida por rosa, llevaba a las nenas, y la estrella de color celeste conducía celeste y llevaba a los nenes, mientras que Violeta conducía la estrella con los colores del arco iris para alumbrar la oscura noche.

Las nenas y los nenes viajaban tan contentos que cantaban y cantaban sin parar: giran, giran las calesitas, giran, giran, girando están, esperan a todos los niños que vayamos a jugar; espéranos calesitas que ya estamos por llegar, con una alegría inmensa, y con mucha felicidad.

Esa noche y todas las noches, los niños y las princesitas disfrutaban jugando en las calesitas felices del pueblo, una noche las princesitas y los niños notaron que en la entrada de las plazas, habían guardias cuidando el lugar, y Celeste muy preocupada pregunto, ¿Cómo conseguimos entrar con los niños a jugar en las plazas, sin que los guardias nos vean? ¡Eso los resolveremos nosotras!, ¡con magia! Dijo Violeta muy confiada.

Violeta con la magia de su varita, encendió todas las luces y empezaron a girar las calesitas con música de las plazas, los guardias asustados por los ruidos que escuchaban, fueron a ver que estaba sucediendo, y se quedaban dormidos con el polvito de colores que le largaban con sus varitas, rosa y celeste.

Al día siguiente, llego el señor Millón a la plaza y encontró todo desordenado y las calesitas girando solas, y a los guardias durmiendo, ¿Qué es eso? ¡Les pago para que cuiden que los niños no entren a jugar a las plazas!, ¿y ustedes se duermen?, ¡Ya verán esos mocosos, cuando los atrape jugando en mis plazas!, dijo el señor millón, rojo de rabia. el estaba convencido que por las noches los niños entraban a jugar en las calesitas, pero lo que el no sabía, era que Rosa, Celeste y Violeta, todas las noches les cumplían el sueño de los niños, y el de ellas de jugar en las calesitas felices de las plazas del pueblo.

Una noche el señor millón decidió visitar la plaza por su cuenta, que sorpresa se llevó esa noche, se encontró con una gran cantidad de niños que reían y jugaban en las calesitas, no podía creer lo que estaban viendo sus ojos, muy enojado grito fuerte, ¡que hacen en mis plazas y jugando en las calesitas! ¡Se bajan inmediatamente!

Los niños muy asustados salieron corriendo de las calesitas, y no pudieron cruzar por la puerta de la plaza, el señor millón las había cerrado con llaves para que ellos no pudieran salir, ¿A dónde van tan apurados? ¡De aquí, no se va nadie! Les dijo el señor Millón a los niños, mientras se apoyaba en la puerta que estaba cerrada. Ellos estaban tan asustados, que cerraron los ojos para no ver al señor Millón.

El estaba tan enojado con los niños, que no se dio cuenta que alguien lo estaba observando, de repente… ¡aaarfff! un rugido lo sorprendió, se dio vuelta muy despacito, y se encontró con un león hambriento cerca de el.

El león se había escapado del circo, y entró a dormir a la plaza cuando los guardias dejaron abierta la puerta de entrada.

Cuando las nenas y los nenes vieron al león, se miraban en silencio unos a otros, llenos de miedo quedaron quietitos para que el león no los comiera. Rosa, Celeste y Violeta, rápidamente tomaron sus varitas, y con la magia cuidaban que el león no se acercara a los niños.
¡Auxilio! ¡Auxilio!, ¡ayúdenme!, ¡el león me va a comer! gritaba el señor millón asustado. El león dio un paso y abrió su enorme boca para comerlo de un solo bocado, en ese momento los niños:

Marianela, Huguito, Lidia y Josecito empezaron a hablarle y hablarle al león, y le decían: ¡leoncito, leoncito! No te comas al señor Millón, el no es malo, y lo queremos, mientras los demás, le tiraban papas fritas, masitas y alfajores al león, para que fuera a comer y dejara al señor millón.

El león escucó a los niños y sintió el aroma a comida y decidió dejar al señor millón, e ir a comer lo que le tiraban los niños.

En ese mismo instante, el señor millón se echó a llorar sin parar, enseguida los niños lo rodearon y se tomaron de las manitos unos con otros y le pidieron que dejara de llorar.

El señor Millón muy avergonzado y arrepentido les dijo a los niños: he aprendido una lección, aprendí, que no es importante el dinero ni las riquezas que podemos tener, sino el amor que podemos dar y recibir, no sabía que el corazón de un niño podía ser tan grande y lleno de bondad, mientras abrazaba a Marianela, Huguito, y a los demás niños. Rosa celeste y violeta con la magia de las varitas, regresaron al león al circo.

Desde ese día, el señor millón se volvió una persona buena y caritativa, ayuda a todo el “pueblo de las calesitas felices”, Se divierte con los niños, les lee cuentos y juega con ellos.

Finalmente el señor millón, entendió que los niños no eran malos, y lo único que ellos querían era jugar en las “calesitas felices del pueblo”, las princesitas felices se despidieron de los niños, se subieron a la estrella y regresaron al arco iris.

Fin

 

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