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Una historia diferente

Una historia diferente es uno de los cuentos infantiles de la escritora Liliana Panetta sugerido para niños a partir de diez años.

Anahí: Nombre guaraní, que significa: “es bella como la flor del ceibo”

Anahí era una joven y bella aborigen (mitá porá – en idioma guaraní) perteneciente a la etnia guaraní que habitaba al norte de Argentina, Paraguay y sur de Brasil. Tenía el cabello largo y negro peinado en una trenza. Su piel oscura bronceada por el sol, ojos negro como el carbón y unos dientes tan blancos que cuando reía hacían oscurecer al sol.

Vivía con su familia escondida en la selva guaraní, donde se habían refugiado escapando de los hombres blancos malos que los perseguían para esclavizarlos. Además, la tribu siempre iba en busca de la Tierra Sin mal. (creencia en que se basaba su religión)

Antes de tener que contraer matrimonio con un jefe cacique – nupcias organizadas por los respectivos padres para conservar la pureza de raza – , Anahí, llena de curiosidad ante el gran paso a tomar, decidió ir de la selva guaraní a la misión jesuítica donde su Arandú – sabio – (gran abuelo Pai) se había refugiado junto a muchos hombres de su tribu.

Este viaje estaba lleno de riesgos, pero ella era valiente y segura .Tomó unas pocas pertenencias y emprendió el largo camino. Andando junto al río, por caminos pedregosos y muchas veces empinados, atravesó la selva paraguaya y entró en las rojas tierras misioneras.

Cruzando el Río Iguazú que corta las sierras se forman las cataratas del Iguazú, formadas por 275 saltos de hasta 70 m de altura. El intenso rumor de las aguas al caer, la garrita de los loros, el sonido áspero y fuerte de los tucanes [1]junto al aletear de las mariposas multicolores la acompañaban.

Así llegó Anahí hasta la reducción jesuitica San Ignacio Miní donde se encontraban muchos indígenas ya evangelizados y sobre todo el gran jefe Arandú. Arandú con sus hombres y las ancianas de la tribu la estaban esperando para instruirla en las modalidades del “Nuevo mundo” .

Arandú: Anahí, como futura dama-cacique de la tribu, tienes que conocer las creencias de la nueva gente que llegaron a estas tierras, evaluarlas y retransmitirlas a nuestro pueblo.

Anahí: Jefe Arandú, nosotros ya tenemos nuestras creencias ancestrales que son respetadas por todos.

Arandú: Muy bien, Anahí, pero los tiempos van cambiando y aprender cosas nuevas seguramente nos va a enriquecer.

Anahí: Papaíto Arandú, ¿Qué le parece si nos sentamos en ronda y comenzamos con unos matecitos?

Arandú: ¡Tienes razón Anahí, comencemos con nuestras costumbres! La tarde iba cayendo y decidieron hacer una fogata, no solo para calentar el agua del mate sino también para iluminarse.

Mientras tanto, Anahí preparaba el mate con la yerba-mate seca recogida de los yerbales naturales que había traído en su bolsa -ygape- Así, bajo la luz de las estrellas que iban apareciendo, el resplandor de las llamas y el sabor de los cimarrones, comenzaron a conversar:

Arandú: Sabés Anahí, los hombres blancos, creen en un solo DIOS que habita en el cielo. Este DIOS por obra y magia del Espíritu Santo engendró en Maria al niño Jesús. El niñito Jesús, al cual llamaron el Mesías, brindó luz a su pueblo, pero la maldad infinita del hombre hizo que con 33 años fuera crucificado, pero él resucitó y todos creen en él.

Anahí: ¿Cómo un solo DIOS?

Arandú: Si Anahí, es un DIOS todopoderoso al que nunca nadie vió. En cambio su hijo Jesús, a lo largo de su corta vida tuvo seguidores que lo reconocieron como el representante de DIOS sobre la tierra; ellos se llamaban apóstoles y eran doce que peregrinaron en todas las direcciones del mundo para continuar a transmitir su mensaje.

Anahí: Pero papaito Arandú, no entiendo muy bien ¿Me puede explicar mejor?

Arandú: Si Anahí, nos contaron que Jesús vino al mundo un 25 de diciembre, que hacía mucho frío, pero el calor de la gente que lo rodeaba, junto a la ternura de los animales lo hicieron superar todas las inclemencias.

Anahí: Así como nos sucede a nosotros mismos.

Arandú: También nos contaron que Jesús y su familia eran muy pobres y que debían peregrinar en buscar de alimentos.

Anahí: Así como hacemos nosotros.

Arandú: Todos dicen que Jesús llevaba el cabello largo ¡Así como nosotros! Lo más importante es que él llevaba palabras de fe y esperanza a su pueblo, así como tú Anahí debes hacer en compañía de tu futuro esposo.

Luego de unos días en los cuales Anahí fue instruida por las ancianas de la tribu en todo lo concerniente a su casamiento de sangre, ella regresó a su tribu.

Pasó el tiempo, Anahí y Amarú – que significa “lluvia” – se casaron, tuvieron muchos hijos y a uno de ellos decidieron llamarlo Kurusu “cruz”, como señal para afianzar las relaciones con los nuevos llegados.

Fin

Todos los derechos reservados por Liliana Panetta

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