El Hada de los dientes y el bosque encantado

Capítulo 2: Las aventuras del Hada Trix.

Había llegado la hora de volar. El Hada Trix se despidió de sus amigas. Abrió muy grande sus alas y comenzó a aletear sintiendo cómo se elevaba cada vez más alto.

¡Anda, vuela! -la alentó el Hada Koral.

Trix tomó coraje y se lanzó al vuelo. Sus hermosas alas mágicas la guiaban en medio del oscuro cielo. Las estrellas iluminaban su paso para que el Hada no se perdiese y pudiera encontrar fácilmente la casa de la pequeña.

Pasados algunos minutos, el Hada Trix llegó a la dirección que había memorizado. Voló hasta el 5° piso y se metió a la casa de Emma a través del agujero de la cerradura de la puerta.

Era una casa muy bella. Mientras volaba muy silenciosamente, buscaba el cuarto de la pequeña. Trix pudo observar que allí vivía también un gato. Trix era alérgica al pelo de los gatos y muchas veces le daba por estornudar. Intentó volar lo más lejos posible del felino para que eso no sucediera.

La casa tenía 3 habitaciones. El hada entró en la primera y se dio cuenta, de que en realidad, había entrado al baño.

Se dirigió a la segunda habitación y se encontró con un gran armario empotrado.

La orientación del hada no estaba del todo desarrollada porque era su primer experiencia como Hada de los Dientes.

Pero el Hada Trix siguió buscando. Finalmente encontró una nueva habitación. El hada se hizo muy pequeñita y volvió a meterse por el agujero de la cerradura.

Cuando pudo entrar; observó a dos abuelitos que dormían plácidamente. Trix estaba confundida. No entendía por qué no estaba Emma en esa casa.

La pequeña hadita se angustió y se puso a llorar. Sus lágrimas cayeron sobre el pelaje del gato quien se despertó muy enojado. Como los gatos pueden ver en la oscuridad, Trix fue descubierta. El felino empezó a saltar queriéndola atrapar mientras daba manotazos al aire, con sus filosas garras.

El hada voló muy rápido y pudo escapar. Debía pensar en cómo salir de allí sin ser vista por los humanos. El gato empezó a maullar tan fuerte que despertó a los abuelitos. A ese punto, Trix estaba tan nerviosa que había olvidado cómo volar. Sus alas se debilitaron y quedaron paralizadas.

La pequeña hada empezó a perder altura y con cada segundo que pasaba, caía más y más. En ese momento, Trix recordó la tercer regla que hablaba sobre el Aleteo de urgencia: «Cuando las hadas estuvieran en peligro; deberían aletear 3 veces seguidas y de esa manera el hada Guardián iría a su rescate».

Trix estaba muy débil y sus alas parecían estar congeladas por el miedo.

Ella pensó en cosas lindas para que el miedo se fuera; recordó lo feliz que estaba cuando se enteró de que se había convertido en hada. También recordó cuando ella no sabía volar y su amiga Koral la ayudó. Y pensó mucho en lo contenta que era viviendo en el bosque encantado haciendo juguetes para los niños.

Gracias a estos pensamientos lindos, Trix perdió el miedo, y pudo aletear 3 veces seguidas. Estaba a punto de caer al piso cuando el Hada Guardián apareció y la rescató.

Tranquila Trix, aquí estoy para ayudarte -dijo el Hada Guardián mientras le extendía su mano-. Sigue pensando en cosas lindas para poder seguir volando -acotó.

Así lo hicieron. A mayor pensamientos lindos, mayor fuerza tenían para volar. Y al cabo de unos minutos, pudieron regresar al bosque encantado.

Todas las hadas del bosque recibieron a Trix con un fuerte aleteo en señal de amor y de cariño. Su amiga Koral y el Hada Luz se acercaron a ella y la abrazaron para tranquilizarla.

No entiendo qué ha pasado -dijo Trix-. Hice todo mal. Me he equivocado de casa. En vez de entrar al departamento 5C, me he metido al 5B. Es por eso que no he podido encontrar a Emma. Y me he puesto tan nerviosa que el gato me ha visto y me ha querido comer. Y luego, cuando escuché voces de humanos, he perdido el control y me he quedado paralizada. No podía mover mis alitas. Por suerte pude recordar el Aleteo de urgencia y llegó el Hada Guardián a rescatarme -dijo Trix llorando.

Tranquila Trix -dijo el Hada Luz con una voz muy cálida-. Fue tu primer vuelo. Es normal equivocarse. Y todos aprendemos de los errores. Lo importante es que no te has dado por vencida. Has recordado las reglas y con tus lindos pensamientos has podido aletear 3 veces. Eres muy valiente.

Yo también me he equivocado una vez –dijo el hada Anahí-. Al entrar al cuarto donde pensé que estaba el niño, me he encontrado con un abuelito durmiendo. Y sobre su mesita de luz, había un vaso con muchísimos dientes. Cuando los he visto, me he vuelto loca de felicidad pensando en la cantidad de perlas blancas que podría poner en mi bella ala. Me los he llevado todos y le he dejado mucho dinerito a cambio.

Cuando regresé al bosque, el Hada Luz, los miró con detalle. Se dio cuenta, al instante, de que no eran dientes de verdad. Era una dentadura postiza. Eran dientes falsos que usan los abuelitos para poder masticar cuando a ellos se le han caído sus propios dientes.

Y todas se echaron a reír.

A mí también me ha pasado algo muy gracioso -dijo el Hada Índigo-. Una vez, en vez de llevarme el diente del niño, me he llevado por error un poroto que estaba germinando en un vaso. El poroto se veía igual de blanco y tenía el mismo tamaño de un diente; por eso me he confundido -dijo Índigo.

Trix escuchó atentamente las experiencias de sus amigas y entendió que era normal equivocarse. Lo importante era no angustiarse y pedir ayuda para poder resolverlo.

¿Y ahora qué debo hacer? -preguntó Trix preocupada-. La pobre Emma se quedará sin regalo sorpresa -exclamó.

¡Volarás nuevamente a su casa! -le respondió el Hada Luz-. Apúntate la dirección y recuerda entrar al 5C.

Trix estaba animada y muy contenta porque sabía que lo haría muy bien. Empezó a aletear nuevamente pensando en cosas lindas y sus alas se iluminaron.

Volvió a desplegar sus alas y nuevamente pudo volar entre medio de las hermosas estrellas.

Trix estaba feliz y disfrutaba su vuelo. Llegó nuevamente a la casa de Emma. Miró atentamente que fuera el 5C y se metió por el agujero de la cerradura. La casa era preciosa. Lo primero que vio al entrar fue un enorme perro peludo que la estaba mirando y quería jugar con ella. También pudo observar un pasillo muy largo seguido de varias habitaciones.

Mientras volaba apreciaba las fotos en los portarretratos. Se veía una familia muy linda y divertida. Había 2 niños en la casa. Un varón más pequeño y Emmita.

Trix se dirigió al cuarto de la pequeña.

Emma dormía profundamente. Mientras Trix la observaba; se imaginó lo contenta que iba a estar la niña, al día siguiente, cuando encontrara la sorpresa debajo de su almohada. Cada regalo sorpresa era confeccionado por el mismo hada que debía recolectar el diente de leche.

En el bosque encantado, las pequeñas haditas, se encargaban de limpiar y pulir muy bien los dientitos de los niños para poder convertirlos en bellas perlas brillantes.

Cuando las hadas se inspiraban, creaban cuentos mágicos muy especiales. Se los ponían debajo de la almohada de los niños como obsequio sorpresa.

También confeccionaban juguetes con poderes increíbles. Y muchas veces, dejaban un dinerito, para que los niños pudieran comprar el juego que ellos quisieran.

El Hada Trix cerró sus alas, se hizo muy pequeñita y se escabulló por debajo de la almohada. Lo hizo muy lentamente para que Emma no se despertara.

Trix no podía creer lo que estaba viendo. No supo qué hacer cuando vio el diente de la pequeña. Lo miró, una y otra vez, pero el diente no cumplía con el reglamento.

Trix no estaba segura de qué debía hacer, pero optó por regresar al bosque y hablar con las hadas.

La ventana del cuarto de Emma estaba abierta y Trix se dirigió allí para salir volando. En ese momento, la niña despertó repentinamente. Cuando miró alrededor, vio en la ventana la sombra de una pequeña silueta con dos enormes alas que aleteaban. Luego de unos segundos, esa sombra desapareció.

¡El hada de los dientes! -exclamó muy feliz Emma.

Capítulo 3: Emma recibe un regalo muy especial.

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4 comentarios en «El Hada de los dientes y el bosque encantado»

  1. Un cuento lleno de ternura, fantasía y con un mensaje para los niños: cuidarse los dientes para que esa hada maravillosa los convierta en perlas.
    Me encantó la escritora, hace volar su imaginación como si ella fuera el hada.

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