El país sin flores


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Por Gisela de la Torre. Cuentos cortos sobre las flores

El país sin flores es un breve, pero no menos hermoso, cuento sobre las flores de Gisela de la Torre, colaboradora desde hace muchos años de EnCuentos.

El país sin flores

El país sin flores

Camila se acercó a su abuela y se antojó que le cantara la canción de las tres flores perfumadas. La anciana la complació.

— ¿Por qué el viento llevó el aroma de ellas a ese país tan lejano?

—Porque allí no habían flores y quiso que al menos los habitantes de ese lugar olieran su aroma.

—El viento es bueno y complaciente; le pediré que me lleve allá, pues en la canción se dice de las cosas bellas que hay en otros lugares. Hablaré con él. ¿Me entenderá?

—Creo que no te entenderá. Aquí también hay cosas lindas; ve al jardín y mira las flores que más te gusten y olvídate de hablar con el viento. ¡Él está tan ocupado!

—Tú también y me dedicaste un poco de tu tiempo. Viento, ¿me oyes? Bueno ya sé que no tienes oídos como yo —y se los tocó—. Tampoco boca para contestarme, pero puedes dejarte sentir, hazlo.

Por azar una fuerte brisa despeinó sus cabellos y dijo:

—Abuela, aunque no tiene oídos ni boca para demostrarme que me entendió, revolvió mi pelo. Ahora le pediré lo que quiero: viento, quiero ir al país donde no hay flores y le llevaste su fragancia. Si puede ser, contéstame a tu manera.

No hubo ni el más suave viento. La niña pensó: Puede ser que en este momento esté tan atareado que no pudo responderme. Esperaré con calma, mientras voy al jardín.

Se puso a oler las flores, algunas tenían olor y otras no.

Se dijo que era porque seguramente el viento se los había llevado a ese país y se encontraba tan lejos con su encargo que por eso no le contestó. Llena de esperanzas se entretuvo viendo revolotear a las mariposas y a una abeja. Pensó cuando las vio alejarse que a lo mejor iban también a ese lugar. ¿Y si les pidiera que la llevara? Se burló de sí misma al pensar tal cosa, pues no podrían con ella.

Al poco rato percibió una corriente de aire, sonrió llena de ilusión; le dijo a la abuela que ya el viento estaba de regreso. Esperaría un momento para que descansara y luego le pediría que la llevara al país donde no había flores.

—Sí, debe estar muy cansado, viene de tan lejos. Quizás tiene otro encargo más importante que llevarte a pasear, ¿por qué no dejas ese deseo para otro día? Yo quiero llevarte al zoológico, podrías ver animales de otros países que no conoces y sé que te van a gustar —le dijo Estela.

—Está bien abuela. ¿Cuándo vamos?

—Ahora, si quieres.

La niña aceptó y allí se divirtieron mucho con las piruetas de los monos y mirando a los demás animales.

Por la noche, en sueños, el viento la llevó a ese lugar donde abundaban montañas tan altas que casi tocaban al cielo y por sus laderas había cascadas. También vio ríos caudalosos repletos de peces juguetones, árboles frondosos llenos de pájaros de plumajes tan coloridos como los pétalos de las flores. Se le apareció un hada y le dio un estuche, cuando lo abrió, un perfume como el de las azucenas se esparció por todas partes y los árboles, como si se contentaran, agitaron sus ramas y se llenaron de flores olorosas por unos instantes. Cuando se despertó, le aseguró a su abuela que no solo en una canción existía ese país sin flores, aunque aquel por unos instantes las tuvo, le dio gracias al viento, por haberla complacido y le pareció sentir un perfume de azucenas.

Fue al jardín y deseó que el hada de sus sueños estuviera allí, solo vio a su madre escogiendo unas flores.

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— ¡Tú eres mi hada! ¡Tú eres tan linda como ella! —le dijo y la lleno de besos, tomó una flor roja y se la puso en sus cabellos. Luego, rápida como el viento, se alejó sin darle oportunidad a que Melisa le hiciera preguntas.

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