Fantasmas que lloran

construccion abandonada

Fantasmas que lloran es uno de los cuentos de fantasmas de la colección cuentos de misterio de la escritora Raquel Eugenia Roldán de la Fuente para adolescentes, jóvenes y adultos.

La madre María Margarita, superiora de la comunidad de religiosas que atendían la sala de maternidad en el Hospital de San Pedro, indicó a la hermana que estaba encargada en esa sala que se acercara a ver si una de las mujeres que estaba alimentando a su bebé ya había terminado, para llevarse al niño y cambiarle el pañal.

Estaba preocupada. Dos mujeres habían muerto de parto y los familiares no habían llegado a reclamar ni los cuerpos ni a los bebés, que deberían ser enviados al asilo para huérfanos; al día siguiente se tendría que encargar de ello, y de enviar los cuerpos de las madres muertas a la fosa común.

Otras tres mujeres, luego de dar a luz estaban tan débiles que no podían amamantar a sus pequeños; una de ellas, quizá moriría también. Pero además, ese invierno hacía mucho frío, así que ella no sólo tenía el problema de alimentar a cinco criaturas, y la única nodriza no se daba abasto; también tenía que encontrar una manera de darles calor, sobre todo en la noche. Las estufas no caldeaban suficiente y no había más que una manta por paciente.

Luego de recorrer la sala donde casi todas las camas alineadas junto a la pared estaban ocupadas ese día, y las paredes devolvían el eco de los llantos de uno o dos pequeños que lloraban en ese momento, la madre María Margarita salió pensando en una posible solución: pediría a sus hermanas que llevaran a los niños a dormir con ellas para evitar que padecieran el frío de la madrugada. No a todas les agradaría la idea; no a todas las monjas les gustan los niños e, incluso, alguna por eso había preferido la vida consagrada.

A esa monja en particular, decidió la madre superiora, a esa monja a la que le disgustaban los bebés, se lo pediría: sería una buena oportunidad de ayudarla a vencerse a sí misma. Al final se impuso la caridad hacia el prójimo, antes que la orden de la superiora. Por amor a Dios hay que tratar con amor a sus criaturas, y más si están tan desamparadas como aquellos niños recién nacidos.

* * * * *

Cuando el hospital se hizo demasiado viejo y dejó de ser adecuado para atender las necesidades de los enfermos, las autoridades determinaron trasladarlo a otro lado. Entonces, en la parte de atrás vivieron algunas familias y una mujer me contó que, algunas veces, cuando ella vivía ahí, veía pasar a las monjas en fila, y unas monjas llevaban bebés en los brazos.

“¿Usted cree?”, me dijo, “y uno que imagina que las monjas eran tan santas… Ya ve, si tenían sus hijos.” No podía saber que no eran sus hijos, sólo los llevaban a dormir con ellas para que no tuvieran frío.

Años después, en ese mismo lugar se fundó un museo y en la parte de atrás se instalaron varias oficinas. Algunas veces, sobre todo en las tardes cuando empieza a alejarse el calor del día, se puede escuchar el llanto de bebés. Es ese llanto tan característico de los niños que tienen muy poco tiempo de haber nacido, tan distinto de los bebés de varios meses.

Es el llanto de niños que fueron recién nacidos hace mucho tiempo y que, luego de vivir pocos o muchos años, eso no lo sabemos, han desaparecido ya del mundo de los vivos, dejando sólo como recuerdo su llanto, atrapado entre las paredes de un viejo hospital.

Fin

Fantasmas que lloran es uno de los cuentos de fantasmas de la colección cuentos de misterio de la escritora Raquel Eugenia Roldán de la Fuente  para adolescentes, jóvenes y adultos.

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De la serie “Sueños, voces y otros fantasmas”

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