El niño del baño



Por Edgardo Luciano Camarero (El Tío Luchi)

El niño del baño es un hermoso cuento con algo de intriga y un poquito de miedo también, pero sin embargo con una lección en valores para todas las edades. Es un cuento infantil corto del escritor argentino Edgardo Luciano Camarero, también conocido como El Tío Luchi. Cuentos infantiles de fantasmas.

El niño del baño

Eran las ocho de la mañana de un día lunes. Los chicos estaban entrando al establecimiento. Luego de izar la bandera ingresaron a sus salones para comenzar con las actividades del día.

Luchi, de tercer grado, le pidió a su maestra Irma si lo dejaba ir al baño ya que en su casa no había podido hacer sus necesidades. Ésta, tan amable y dulce como era, le dijo que sí.

A los cinco minutos, el niño regresó a su salón, blanco como un papel, transpirado y frío. Su maestra le preguntó qué le pasaba pero Luchi no contestaba. Se había quedado mudo. El asombro y miedo en el gesto de sus compañeros, era inevitable.

– “Rocío, andá buscar agua a la cocina, por favor.” -pidió Irma a una de sus alumnas.

La niña salió del salón. La maestra se quedó con los demás niños tratando de averiguar qué le pasaba a su alumno. Éste no hablaba. Sólo respiraba muy agitadamente.

Por fin Rocío había llegado con el vaso de agua. Se lo dio a la maestra y ésta le dio de beber al niño. Luchi absorbió un poco y, muy suave y cortado, pudo decir “Fito“.

– “¿Quién es Fito?” -preguntó Irma.

– “… Baño… ta… Fito… nene…” -balbuceó el niño.

– “Luchi, ¿Quién es Fito? ¿Qué viste en el baño, mi amor?- Volvió a interrogar Irma, cada vez más asustada.

– “… Fito…”-

Al no obtener una respuesta precisa, envió a otros dos niños al baño para inspeccionarlo. Pero regresaron sin obtener información alguna.

Más tarde, en el recreo, Irma se reunió con Ana María, la directora de la escuela para hablar del asunto.

– “La verdad Irma, que me dejás helada con lo que me contás. ¡No sé quién es ese chico! Desde los años que estoy en esta escuela jamás supe de ningún Fito.”-

– “Sí, la verdad que a mí me parece rarísimo. Pero vos lo tendrías que ver… ¡Pobre Luchi! Ni siquiera puede hablar. Y lo peor de todo es que no tenemos cómo comunicarnos con sus padres.”-

– “Hacé una cosa, Irma: mandámelo que yo lo atiendo en dirección y veo de qué se trata.”-

– “Bueno, gracias. ¡Te lo agradezco muchísimo!”-

En la dirección, el nene tampoco hablaba. Sólo repetía ese nombre una y otra vez. Pero ya se lo veía un poco más calmado.

La directora, tomándole las manos y mirándolo bien a los ojos, lo interrogó con voz dulce, baja y pausada, inquiriendo:

– “A ver, Luchi. Tranquilizate, respirá hondo (así como yo)… contá hasta tres… bien… Ahora sí: decime qué fue lo que te pasó en el baño.”-

– “Vi a un nene… que se llama Fito… y tenía la cara blanca…”-

– “Pero tus compañeritos no vieron nada, Luchi…”-

– “Pero el nene era un fantasma…”-

Al terminar de decir estas palabras, Luchi comenzó a llorar y Ana María lo abrazó fuertemente. En ese momento, recordó una vieja historia de la escuela. Le pidió al niño que vuelva al salón y comenzó a buscar en unos expedientes el legajo de un niño llamado Adolfo Robledo.

Luego de una intensa búsqueda por la secretaría, biblioteca y depósitos, la directora -por fin- había encontrado lo que tanto buscaba. El expediente decía, con una foto adjunta pegada en la esquina superior derecha de la hoja, que este niño de diez años había muerto en la escuela a causa de una broma pesada que le habían hecho sus compañeros en el baño. Este hecho había ocurrido en el año 1962 y antes de morir juró vengarse asustando a los hijos de esos niños cuando vayan a esa escuela, hasta que le pidan perdón…

Y Luchi resultó ser una de sus víctimas. Debía enfrentar a ese espíritu otra vez, por culpa de una broma pesada de su padre.

Con el apoyo de sus compañeros, fue al baño para afrontar dicho desafío.

Al ingresar, ninguno veía nada… todo estaba muy, muy calmo.

Claudio, su mejor amiguito, le ordenó:

– “Dale, Luchi. Llamalo.”-

– “No, Clau. Me da miedo.”-

– “Dale, Luchi. Llamalo.” -imperó Pancho, otro de los niños.

– “No, ya te dije que me da miedo.”-

– “Dale, nene. No vinimos al cohete.” -alentó Emmanuel, el tercero de los niños en acompañar a Luchi.

Por fin, luego de tanta insistencia, el niño llamó al espíritu para poder comunicarse con él.

– “FitoFito… ¿Estás… acá?”-

La última puerta del baño se abrió de un fuerte golpe. Los niños se asustaron e intentaron salir, pero la puerta de entrada también se cerró, sin dejarles escapatoria.

Entre forcejeos y gritos, comenzó a escucharse una pequeña pero tenebrosa voz que decía:

– “Te estaba esperando, Luchi.”-

Los cuatro niños se dieron vuelta y se encontraron con que de la puerta que se había abierto, salía una figura transparente en la cual podía divisarse un niño bajito, de tez muy blanca, pelo castaño claro y ojos color miel. A medida que avanzaba, la transparencia iba adquiriendo opacidad, hasta completarla al cien por ciento. Segundos más tarde, Fito y Luchi se encontraban cara a cara.

– “Tu papá me hizo la vida imposible.” -comentó el niño fantasma a su contrincante.

Los demás niños miraban estupefactos la escena.

– “Él nunca me comentó nada.” -se defendió Luchi.

– “No creo que tenga el valor para contar las maldades que me hacía…”-

– “¿Pero qué te hizo?”-

– “Eso no importa. Yo, lo único que quiero, es que me pida perdón por lo que hizo, así puedo encontrar mi camino hacia la Luz e irme de este mundo… quiero descansar en paz.-“

– “Pero él no puede venir porque trabaja.”-

– “Entonces pedímelo vos, en representación suya.”-

– “Bueno… está bien… perdónalo. Yo voy a hablar con él para que te pida perdón por lo que hizo así tu almita puede descansar en paz… me causa mucha tristeza lo que te sucedió.”-

– “Bueno… me alegro que no hayas salido como él. Se ve que sos buena persona. Me hubiera gustado ser tu compañero.”-

– “Gracias… a mí también me hubiera gustado serlo.”-

– “Chau. Gracias a vos por pedir perdón…”-

El niño fantasma se desvaneció lentamente a medida que ascendía hacia los cielos, traspasando el techo del baño…

… y jamás lo volvieron a ver…

Desde ese día, todos los niños de la escuela, al enterarse de ese episodio, comenzaron a portarse bien y ser buenos compañeros ya que comprendieron que a una persona no se la lastima sólo con elementos físicos, sino también con palabras y acciones. Y la peor herida que puede recibir un ser humano, es la que se da en el alma.

Fin.

El niño del baño es un cuento infantil corto que nos envió el escritor argentino Edgardo Luciano Camarero a través de nuestro formulario de publicación.

Sobre Edgardo Luciano Camarero

Edgardo Luciano Camarero - Escritor

Edgardo Luciano Camarero –Más conocido como El Tío Luchi– nació en el ex partido de General Sarmiento, Provincia de Buenos Aires, el 31 de agosto de 1983.

Hoy en día, vive en un pueblito de dos mil habitantes llamado El Triunfo, perteneciente al partido de Lincoln (Buenos Aires).

Tiene varios libros publicados: “Los cuentos del Tío Luchi” (2012), “Aventura en vacaciones” (2013) y “Aventura en vacaciones 2: El rescate del bastón de mando” (2016).

Es Profesor de Educación Primaria y además tiene gustos raros como el estudio de la vida Extraterrestre y los Fantasmas.

Estuvo varias veces en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la Feria del Libro Infantil y Juvenil, presentando sus libros anteriores. Además, fue conductor de un programa infantil de televisión por cable, entre los años 2014 y 2015; actualmente es locutor de radio.

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