La estrella fugaz


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La estrella fugaz

La estrella fugaz. Lydia Giménez Llort. Cuentos espirituales.

Sumida en la tristeza de la oscuridad nocturna, salió al jardín para encontrar alguna respuesta en el cielo. Descubrió, por sorpresa, que la noche estaba majestuosamente vestida de largo y purpurina. Nunca antes la había visto tan elegante.

_Noche, ¿Te vestiste de gala?-preguntó la niña mirando admirada la belleza del cielo.

_Los ángeles anunciaron que hoy pasará por mi reino la estrella de la luz. He pedido a las estrellas que lucieran su mejor traje y se pusieran sus mejores alhajas para tan especial ocasión – contestó ilusionada la noche.

La niña miró su ropa y lamentó vestir en pijama. Miró por última vez el cielo, suspiró y agachando la cabeza dio media vuelta para regresar a casa.

_ ¿Por qué te vas, niña? ¿Acaso no quieres ver la estrella? –preguntó extrañada la noche.

_ Es que…voy en pijama…. -respondió la niña, con pesar.

_ Pero este es el traje que vistes siempre que te veo soñar, mi pequeña reina. ¿Qué mejor vestimenta puedes llevar?- replicó la dama.

La niña acarició su traje de rayas y abrazándose a si misma, levantó la mirada y sonrió.

En un breve instante una suave luz iluminó el firmamento anticipando la llegada de la estrella fugaz. Y al poco, la inmensidad de su luz deslumbró a todos y la niña quedó iluminada por el espectacular resplandor de su magnificencia.

_Tengo que pedirle tantas, tantas cosas… ¿Cómo voy a poder escoger entre ellas? Necesito pedir salud para mis padres, trabajo para el que lamenta estar sin poder hacer nada, libertad para el que se siente encadenado, palabras de aliento para los que andan descalzos, fe para los que perdieron la confianza, dulces melodías y susurros para los que les invade el silencio, un camino para los que perdieron el rumbo, besos y abrazos para los sedientos de amor, la frondosidad de un árbol para el que necesita una buena sombra que le de cobijo, la sabiduría de un caracol para quien llevar la vida a cuestas ya le pesa demasiado, sonrisas para un niño que llora, un arco iris para los que solo ven lluvia, el don de la comprensión a quien aún nada comprende, equilibrio donde hay desigualdades y justicia para el mártir.

Los murmullos de la noche callaron sus voces al ver que la estrella fugaz estaba detenida, escuchando. Admirada, la Noche Buena susurró:

_Pide para ti, mi niña, pide felicidad para ti…

_ Ya lo hice, ya lo hice, bella dama. Esos son mis sueños, con solo uno que se cumpliera, yo ya sería feliz-respondió la niña.

Quieta, en medio del firmamento, una noche buena, a mi pequeña reina le regalaron una estrella fugaz en cuya estela se leía ‘Feliz Navidad’.

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Fin

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