Daphne, la estrella

Daphne, la estrella

Daphe, la estrella. Karen Kirk, escritora argentina radicada en Ecuador. Cuento sobre sueños. Cuentos sobre niñas y estrellas.

Dafne era una estrella muy pequeña. Como era tan chiquita, a veces brillaba tímidamente, tenía miedo de no ofrecer una luz bonita y que sus compañeras de galaxia se burlaran de ella.

La galaxia en la que vivía Dafne se llamaba Quadrus, estaba orientada hacia el sur del universo que conocemos. Cada cuatrocientos cincuenta y ocho años exactamente toda la galaxia pasaba cerca de Saturno. Este era un momento muy especial para todas las estrellas y muy esperado también.

Dafne sabía de este momento, aunque nunca lo había vivido, era muy importante para ella y eso la ponía extremadamente nerviosa. Se sentía muy, pero muy pequeñita ante semejante gigante del universo, y precisamente eso era lo que la hacía brillar más tímidamente aún.

Por el planeta Tierra pasaban mucho más seguido, unas dos o tres veces al año y a Daphne siempre le llamó la atención ese bello planeta, le fascinaba ver ese azul tan bello de sus océanos, se veía todo tan lindo y pacífico que Daphne anhelaba poder vivir cerca de la Tierra.

Entre las estrellas se corría la voz de que si se veía la Tierra de cerca se concedería un deseo. Daphne creía que esto era posible, y en lo más profundo de su corazón guardaba un gran deseo….convertirse algún día en la estrella más brillante del universo.

El deseo de Daphne parecía imposible dentro de su pequeño corazón porque ella, muy en su interior sabía que era pequeña y que su brillo apenas era notado.

Pero Daphne presentía que de un modo y otro algo importante en su vida iba a pasar. Las otras estrellas mientras viajaban por la galaxia conversaban entre ellas, coqueteaban con algún cometa, o simplemente brillaban con una intensidad refulgente.

Mientras Daphne paseaba por la galaxia, en la Tierra había una niña de nueve años, llamada Cristina, cuya afición era la astronomía. Desde que aprendió a leer, a Cristina siempre le interesaron los astros, las estrellas, la astronomía y los planetas. Su papá le había regalado en su último cumpleaños un telescopio, no era un telescopio profesional… pero era lo suficientemente bueno como para divisar las estrellas, los planetas enanos y planetas gigantes como Saturno, el sistema solar, etc…

Cristina de a poco fue reconociendo las constelaciones, sabía de las órbitas de los cometas, dónde estaban ubicados asteroides, supernovas y nebulosas.

Cristina sabía de los movimientos de la luna, de los quarks y hasta conocía los blazar, y todas las noches dedicaba al menos dos horas de su tiempo para ver qué era lo que ocurría en el cielo.

Cristina veía todo desde su cuarto a través de su ventana. Podría decirse que Cristina ya se conocía de memoria lo que veía cada noche, pero la noche del miércoles 13 de septiembre nada fue como se esperaba.

Cristina llevaba más de diez minutos observando a la Luna y a Saturno, saltaba de uno a otro para no aburrirse, cuando de repente vio algo que no solía ver habitualmente, una luz que cobraba intensidad conforme pasaban los minutos. Arriba, en el cielo, lo que ocurría era que Daphne pasaba cerca de Saturno y junto a sus amigas estrellas de la galaxia quería brillar lo más que pudiera para no sentirse tan pequeña. Lo que en esa noche también pasaba, era que la galaxia Quadrus pasaba esa vez por el punto más cercano a la tierra.

Daphne desconocía ese hecho, pero lo que sí conocía, era que esa noche debía brillar como nunca, y precisamente ahí, en el punto de mayor cercanía a la Tierra fue cuando ocurrió lo que Cristina atestiguó. Cristina observaba en su telescopio como una pequeña estrella se transformaba en una majestuosa y brillante estrella.

Brillaba más que la propia Sirio (la estrella más brillante visible desde la Tierra), y que la propia Pólux ¡! Era Sorprendente! El deseo de Daphne se había hecho realidad. Enseguida todo el universo comenzó a fijarse en ella y todos comentaban acerca de su luz y su belleza. Cristina salió de su habitación corriendo y gritando emocionada, buscaba a su padre para que vea lo que ella estaba viendo.

Su padre se hallaba en la cocina tomando una taza de capuchino y se levantó tan emocionado como Cristina. Se acercó al telescopio y pudo comprobar lo que su hija le decía, se restregó los ojos porque no creía lo que veía y efectivamente Daphne seguía y seguía incrementando su brillo.

La transformación de Daphne fue comentada por todo el universo. Cristina y su papá comentaron a todos sus amigos lo sucedido. A partir de ese día, Cristina siempre lo que primero buscaba cada vez que se paraba frente a su telescopio era a Dafne. Daphne ya no se sentía tímida, estaba feliz porque lo que deseó tan profunda e inconscientemente se hizo realidad, y comprobó que lo que se decía por ahí en la galaxia era verdad.

También se dice por aquí, en la Tierra, que cuando se ve una estrella fugaz hay que pedir un deseo, y si así lo hacemos, este se hace realidad. Cristina decidió su destino en esos días. Con el paso del tiempo se convirtió en astrónoma, y su carrera profesional fue excepcional.

Descubrió nuevos planetas, ayudó en el diseño de una estación espacial y de un satélite gigante de observación, al que no se sabe por qué razón, llamó Daphne I. Cada vez que el satélite pasaba cerca de Quadrus y captaba imágenes de Daphne, ésta mágicamente brillaba con mayor intensidad y titilaba como si estuviera guiñando un ojo.

¿Sería que Daphne sabía que Cristina fue testigo de su deseo?… Lo cierto es que nada fue igual después de aquel miércoles trece de septiembre, ni para Cristina ni para Daphne, quienes quedaron extrañamente conectadas por el resto de sus vidas.

Cristina dedicó toda su vida a la investigación del cielo y también creía en las estrellas fugaces. Una vez, haciendo una observación de rutina, Cristina vio caer una estrella fugaz y le pidió algún día estar cerca de Daphne. Cristina se hizo muy vieja y Dios decidió llevarla al cielo.

Cuando esto ocurrió, su ascensión fue muy rápida. Fue directo a Quadrus, y se colocó al lado de Daphne. Tímidamente comenzó a brillar un punto minúsculo de luz al lado de la bella Daphne. A partir de ahí, jamás se separaron. Sus espíritus se habían conectado y festejaron el haberse encontrado para nunca jamás separarse.

Actualmente, se puede ver en las noches claras de verano, como Dafne y Cristina juegan y titilan cómplicemente, a veces juegan a la rayuela, a veces a las escondidas o al ta-te-ti, pero siempre juntas. Cuando miren al cielo y vean una brillante y hermosa luz proveniente de una estrella, seguramente estarán viendo a Daphne y a Cristina…..amigas por siempre.

Fin

Colorín colorado, este cuento se ha acabado y el que no aplaude se queda pegado

Obra registrada ante el IEPI (Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual)

 

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