Una vela para Miguel


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Por Liana Castello. Cuentos de enfermedades

Una vela para Miguel es un hermoso cuento espiritual sobre el tratamiento y la recuperación de una persona con Leucemia escrito por Liana Castello. Cuentos espirituales y de enfermedades.

Una vela para Miguel

Una vela para Miguel. Cuento de enfermedad

No conozco personalmente a Miguel, nunca lo he visto. Sin embargo, no me hizo falta siquiera ver su rostro en una foto para estar cerca de él.

Miguel es el esposo de una querida amiga, a quien no veo demasiado pero a la que quiero mucho.

Un día mi amiga nos contó que Miguel no estaba bien, que se estaba haciendo estudios y que estaba un poco preocupada. Seguíamos de cerca el resultado de esos estudios que cada vez arrojaban peores resultados.

Un día, triste por cierto, el fantasma que todas temíamos estaba rondando a Miguel apareció finalmente y se convirtió en una realidad llamada leucemia.

Pasado el shock de la noticia recibida, mis amigas y yo, las amigas de Alicia, la esposa de Miguel decidimos que algo debíamos hacer.

Hay momentos en los que uno quiere hacer mucho y puede hacer poco. Quiere estar, pero no puede, quiere solucionar, pero no tiene cómo.

Mis amigas y yo sabíamos que podíamos hacer algo más que acompañar a Alicia y estar a su disposición, sabíamos que podíamos rezar, queríamos rezar. La oración puede llegar a ser más fuerte que un remedio, un tratamiento, hasta más fuerte que un abrazo y una caricia.

Una mañana prendí una vela y recé por Miguel y por todos los Miguel del mundo frente a ella. Mientras rezaba miraba la hermosa luz que emanaba de su llama, pequeña pero hermosa y sentí algo especial. Esa luz tenue pero brillante me invitaba a confiar, era el camino que mi oración tomaba para llegar hasta Dios y suplicarle que Miguel se curase.

Parece extraño que algo tan pequeño como la llama que emana de una vela, pueda transmitir un sentimiento tan fuerte. Sé que no es la llama en sí, sino lo que uno deposita en ella. Yo sentía que esa cálida lucecita llevaba mi oración hasta Dios y elegí esa forma de comunicarme.

Cada mañana prendía una vela y rezaba por Miguel y cada mañana sentía que un milagro era posible. Una mañana sentí que si sumaba más velas, más rezos, más pedidos y más esperanzas, el milagro llegaría antes.

La fuerza de la oración en conjunto es en sí un milagro. Con mis amigas decidimos que ésa sería nuestra forma de ayudar, de estar cerca de Alicia, sin dudas más cerca que estando sentadas a su lado esperando que las horas pasaran y la pesadilla con ellas.

Y así como tantas veces nos juntamos a tomar un café y compartir nuestras vidas, con lo malo y con lo bueno, nos unimos a través de la luz que emanaba de la velita que cada una de nosotras encendía cada día. Velas pequeñas pero inmensas que escuchaban un mismo pedido, que recibían el mismo sentimiento, que albergaban la misma esperanza.

La lucha que libró Miguel fue dura. La de Alicia igual, ella cargaba con el pánico, la entereza frente a Miguel y a sus hijos, el dolor, el temor, los diagnósticos, los resultados, mucha carga para una sola espalda. A veces se preguntaba de dónde sacaba las fuerzas para mantenerse en pie, la respuesta no era difícil porque cuando la carga es demasiado pesada, Dios se encarga de regalarnos más fuerza para sostenerla, más valor para afrontarla, más fe para esperar que todo tenga un final feliz.

El tiempo pasó y muchas fueron las velitas que día a día mis amigas y yo encendíamos y luego se encendieron más porque siempre hay almas que se hacen eco del dolor ajeno.

Y el milagro ocurrió y tras un tiempo de batallar, Miguel ganó la partida. Ganó la vida y la enfermedad pasó a ser un doloroso recuerdo.

Y cuando supimos que la pesadilla había dejado paso al milagro tan esperado, mis amigas y yo tomamos otra decisión.

Continuamos prendiendo una vela cada día, no sólo para dar gracias, sino porque en el mundo hay muchos otros Miguel a quienes no conocemos, pero que sufren, que tienen miedo, que sienten dolor.

Frente a la cálida luz que emanaba de cada vela que mis amigas y yo continuamos encendiendo, había un encuentro de amistad. Un encuentro con Dios que nos miraba y nos escuchaba a través de la llama luminosa de una pequeña vela que encerraba dentro de ella ni más ni menos, que el amor al prójimo.

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Fin.

Una vela para Miguel es un esperanzador cuento sobre la leucemia publicado por Liana Castello en EnCuentos.

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