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Un bello día, igualmente

Un bello día, igualmente. Julio Casati

Por Julio Casati. Cuentos de enfermedades

Un bello día, igualmente es una historia corta de Julio Casati, escritor y locutor argentino. Historias de vida.

Un bello día, igualmente

Para blanca, un pequeño homenaje a todos aquellos seres que nacieron con esta enfermedad de la cual no son culpables.

Un bello día, igualmente. Julio Casati

¡¡Hola!! Pero, qué lugar tan bello, acabo de llegar, hace pocas horas salí del vientre de mama. ¿Así que este es el mundo? Yo solo lo conocía por ciertas voces que escuchaba a veces desde allí, desde esa habitación confortable que fue mi primer hogar por nueve meses.

Pero… cuanta luz ¡Cuánto brillo, cuánta gente, qué suerte tengo, soy feliz [1]! Abrí los ojos, estire mis manos, mis piernas, mi cuerpo, todavía no veo, pero lo siento.

Esa… esa voz la reconozco, ¡¡¡es mama!!! Si claro… que contenta está, solo la conocía por algunos golpecitos que en mi habitación daba y ella lo entendía, los interpretaba y a su manera me contestaba.

¿Y… esa otra voz? ¡ah! debe ser papa… seguro que sí, es él, la otra parte de mi gestación, reconozco su tono suave y dulce, ciento en sus palabras la melodía de la vida, esa vida que hoy intento y en la que pienso.

¿Y esas otras voces? ¿De quiénes serán? tratare de escuchar y ellas serán mi guía en esta vida que está por comenzar.

Cordón, sangre, plaquetas, glóbulos y muestras, cuantas extrañas palabras vienen a mí en este instante, en esta mañana, y sigo escuchando: cordón, sangre, plaquetas, análisis, donantes. Pero que diferentes las siento. Mamá ya no ríe, y papa en silencio, solo escucho una voz… parece la de un medico. Cordón, sangre, plaquetas, buscar un sitio, allí ya no se puede. Esto escapa a mí, nada entiendo, es un suplicio.

¿Pero qué sucede? porque la euforia del comienzo se convierte en angustia, en gemidos y en lamentos. cordón, sangre, plaquetas [2], oxigeno, mas palabras que se agregan a este idioma confuso, es que estoy aquí, dentro de una campana transparente según escuche, bella como ninguna, mi primer sitio, creo que le laman cuna. Y llegan más palabras en ese idioma extraño al cual recién llego, recién me entrego, cordón, sangre, plaquetas, anemia… leucemia [3]. ¿Leucemia? que será eso, suena a juego pero nadie festeja mamá sigue sin reír y papa con su silencio.

Escucho cerrar una puerta, solo escucho pocas voces hay menos gente ahora, el doctor dice algo, como palabras pocas, y luego algo explica, algo muestra y algo toca. Y yo… yo empiezo a comprender cada una de estas palabras, y empiezo a entender. Por un instante dejo de hacer gestos en esa primera cuna transparente, esto es serio, esto es diferente. Mamá llora, papá consuela, y yo, que ya he comprendido todo, ya se, el porqué de la tristeza.

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Sangre, cordón, plaquetas… no estoy bien, he nacido con leucemia. Pero aquí estoy, ¡mamá! , ¡papá! , mírenme, soy yo la pequeña… su pequeña y seguiré estando ya verán… como ustedes junto a mí, a mi lado. Me entero que no soy la única, que hay otras en mi estado, buscaran una solución, se que lo harán, no quiero verlos así, no quiero verlos mal, encontraremos el camino, se que la espera la espera… tendrá un final.

Fin.