El hada conciliadora – Capítulo VII

MARIA GRANADERO

El hada conciliadora capítulo VII es un cuento de la colección cuentos de duendes de nuestra escritora de cuentos infantiles Liana Castello sugerido para niños a partir de ocho años.

Capítulo VII

El reino todo se conmocionó, Din y Don no dejaban de discutir a los gritos culpándose uno a otro por el desastre ocurrido con el libro.

El hada del tiempo lloraba a mares al tiempo que también se culpaba por no haber previsto la tormenta de viento.

Unos corrían buscando páginas perdidas, otros se tomaban la cabeza pensando en que jamás los libros volverían a estar completos. El hada madre ya no sabía qué hacer. Paz no perdía la calma.

Lo primero que hizo fue llamar a los duendes y al hada del tiempo, los hizo sentar junto a ella y luego le pidió a todos los demás duendes que saliesen presurosos a recuperar las hojas de los libros.

También llamó al hada madre, preparó té y sirvió una taza a cada uno.

_Disculpa pero estamos para atenciones-dijo serio Din.

_ ¡Qué descortés eres!-dijo Don.

_Bueno calma por favor, hay mucho por hablar y siempre es mejor con una tacita de té en las manos ¿no les parece? Y no, la verdad que a los duendes no les parecía pero no quisieron discutir y tomaron su tecito.

_ ¡Es mi culpa, es mi culpa! –Decía entre gritos y sollozos el hada del tiempo- ¡Ya no sirvo para esta tarea, soy una inútil!

_Tranquila por favor-intervino Paz-veamos tú hiciste tus cálculos como siempre lo haces ¿Verdad? Bueno, algún error debe haber habido, no digo que no, pero eso no significa que no sirvas para lo que siempre has hecho muy bien.

El hada del tiempo secó sus lágrimas y escuchó atentamente.

_Ahora lo importante es recuperar cada hoja y todos debemos trabajar para ello, cuando lo hayamos logrado, revisarás dónde estuvo el error para no volver a cometerlo.

_Yo le dije a este duende testarudo que cerrase las ventas por las dudas y no lo hizo entonces todo esto es culpa de Don-dijo Din.

_Pero no tenía caso cerrarlas, era un día hermoso ¿cómo iba a pensar yo que el hada del tiempo se equivocaría tanto?-Contestó Don. El hada del tiempo volvió a romper en llanto.

_Ninguno tiene la culpa de nada, por un lado la idea de cerrar las ventanas no era una idea equivocada, era solo precaución. Por el otro, que tú Don no vieras necesario cerrarlas tampoco era descabellado. Ambos hicieron lo que consideraban mejor. No siempre lo que hacemos pensando que saldrá bien, sale bien y eso también hay que entenderlo.

_Es mi responsabilidad yo soy el hada madre y debí estar desde el primer momento en la sala.

_Hada madre, no se puede estar todo el tiempo en todos lados, es imposible incluso para nosotras las hadas. Tienes dos ayudantes muy trabajadores y hay ciertas cosas que nadie puede prever ¿No les parece? Y no, tampoco eso les parecía a los duendes, pero prefirieron seguir tomando su té calladitos.

–Ahora debemos concentrarnos en que el reino no sea un caos. Ya están todos intentando recuperar las páginas de los libros. Si nos mantenemos unidos y sin discusiones, seguro los completaremos.

_ ¿Y si no lo logramos? –preguntaron ambos duendes al mismo tiempo.

_No lo lograremos si siguen perdiendo el tiempo en discusiones y en lamentos. Ahora hay que poner manos a la obra, tranquilizarse y buscar el bien mayor que es que el reino recupere los libros.

Todos entendieron que Paz tenía razón, que lo mejor era ayudar a buscar las páginas que se habían volado y que si todos trabajaban en conjunto y armoniosamente, sin dudas, la tarea no sería tan difícil.

Contiuará…

Todos los derechos reservados por Liana Castello

Ilustración de MARIA GRANADERO

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Capítulo VI

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