El duendecillo en la almohada – Capítulo I

El duendecillo en la almohada

El duendecillo en la almohada

El duendecillo en la almohada (Capítulo I) Marquito el desvelado. Lázaro Rosa, escritor cubano y educador. Cuento infantil en capítulos. La historia de un niño al que le costaba dormir.

Era imposible contar todas aquellas estrellas. Miles de ellas se veían en sus viajes de ida y regreso y, otras miles, exploraban los barrios de pequeños planetas que surgían, uno tras otro, sin detenerse.

Las lluvias no se agotaban y Marquito, dentro de sus pesadillas, tenía que contar todos los astros por lo que el tiempo no le alcanzaba nunca para dormir, esto era algo insólito.

El niño iba a la escuela pero apenas podía aprender las lecciones de literatura y geografía. Confundía, con bastante frecuencia, los ríos con los mares, los lagos con los océanos y los países con las ciudades. Además de que no podía distinguir la diferencia entre un meteorito y un asteroide.

Por las noches Marquito cerraba los ojos y se dejaba caer sobre su cama pero no hacía otra cosa que contar y contar astros.

–Esas son pesadillas mi niño—Le repetía constantemente su mamá. Es como si estuvieses todo el tiempo flotando sobre las estrellas y no pudieras volver nunca a la realidad.

Rubén era un rinoceronte gris y barbudo que, además de tener una dimensión enorme, era el responsable de las malas noches de Marquito por perseguir al pequeño a todas partes y no darle tranquilidad. Lo obligaba a pescar gigantescas ballenas y a volar en globos que desarrollaban velocidades supersónicas, además de hacerlo perseguir camaleones salvajes que no podían transformarse de colores, por lo que tenían que vivir ocultándose en lo más profundo de la tierra.

–¿Y dice ese Rubén que serás en el futuro un explorador espacial que viajarás por los viejos planetas y descubrirás los nuevos sin poder nunca descansar? – Le preguntaba la mamá al niño, todas las mañanas, tras servirle el desayuno. –

-Eso dice ese rinoceronte grandulón—Murmuraba Marquito con la cabeza agachada. –

-¿Qué significa eso de explorador de viejos y nuevos planetas?—Volvía a preguntar la mamá mientras se movía por toda la cocina con una olla en sus manos. –

-Rubén me obliga todas las noches a contar asteroides, meteoritos y galaxias y en ocasiones usa un látigo alargado en su mano izquierda, yo me confundo constantemente, es tan inmenso el universo que cuando voy por el astro tres mil tengo que volver atrás y comenzar nuevamente por el primero, esto es bastante agotador y yo no lo puedo evitar aunque al rinoceronte no le guste y se enoje por ello, él quiere apoderarse de todo lo conocido, dice que su látigo lo hará indetenible—Se quejó Marquito poniendo sus brazos sobre la mesa para recostar su cabecita sobre ellos y quedarse profundamente dormido. –

-¡Esto no puede ser así!—Dijo la mamá abriendo los ojos y la boca bastante nerviosa

—Voy a buscar un duendecillo con un tono en la piel entre el verde y el azul para que te cuide en las noches y vele tu almohada, al otro día te vas a sentir mucho mejor y podrás entonces marchar a la escuela, ese abusivo Rubén tiene que dejarte tranquilo, se comporta como una gran avispa que no quiere que los niños tengan sus propios sueños.

Los ronquidos de Marquito comenzaron a escucharse ahora por toda la casa y su mamá le besó la cabeza, le pasó la mano por el pelo y tuvo una sonrisita, casi apagada, que bajó de su rostro para luego escondérsele en el centro del pecho.

Continuará…

 

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