El duende del farol


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El duende del farol

Dindón temía a las sombras. El duende siempre llevaba un farol en su mano porque de ese modo se sentía más protegido.

No le gustaba pasar por lugares oscuros, aunque a veces, no podía evitarlo. Las sombras se sentían tristes porque ellas no hacían nada malo, y el duendecito les temía y las evitaba. Es más, las sombras eran grandes amigas de la luz ¿Qué podría haber de malo en ellas? Con el afán de ganar un nuevo amigo, las sombras decidieron demostrarle a Dindón que si eran amigas de la luz y jugaban con ella, también podían hacerlo con él. Pidieron ayuda al Sol, a la Luna, a las luces y también al farol.

Comenzó así un juego en el que el duende reía cuando veía varias sombras de sí mismo al ser iluminado por distintas luces. Vio sombras gordas, otras flaquitas, algunas altas, otras chiquitas. El duende se escondía, y las luces aparecían y con ellas las sombras se divertían. Dindón pudo apreciar cómo cambiaban de forma las sombras según les diese la luz. ¡Y hasta se animó a hacer “sombras chinescas”!

Comprendió así que nada había que temer, por el contrario. Dindón fue mucho más feliz, no sólo porque perdió sus temores, sino porque ahora tenía más amigos.

Fin

 

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El duende del farol. Lecturas para niños de primaria. Historias para aprender. Literatura infantil y juvenil, cuentos que no pasan de moda.

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