¿Dónde están los libros? – Capítulo V

CONNY LE BON

¿Dónde están los libros? – Capítulo V es uno de los cuentos de duendes de la escritora Liana Castello sugerido para niños a partir de nueve años.

Capítulo V – La abuelita se tropezó y en la casa se cayó

La mañana siguiente Tiago y Dindón despertaron deseando que ese domingo fuera mucho mejor de lo que había sido el sábado, pero no tuvieron mucha suerte. Menos suerte aún tuvo la abuela que había ido de visita y tropezó con un juguete que había en el piso, se cayó y se torció un tobillo.

-¡Mi pie, mi tobillo, mi tobillo, mi pie! –gritaba la abuela una y otra vez.

Sin perder tiempo, la mamá de Tiago llamó al doctor. La abuela se sentó en un sillón y apoyó su pierna en un banquito. Tiago estaba preocupado por su abuela porque se quejaba del dolor, pero estaba tranquilo pensando en que esa caída nada tenía que ver con la desaparición de los libros.

Dindón, siempre desde el armario, escuchaba atentamente lo que ocurría y deseaba que el médico llegara pronto. El tobillo de la abuela iba hinchándose de a poco y su color iba tornándose morado, realmente se parecía más a una berenjena que a un tobillo.

Cuando el doctor llegó revisó con mucha atención y cuidado a la pobre abuela que no dejaba de quejarse

-¡Ay, que me duele! ¡Ay, ay, ay! decía una y otra vez la pobre abuelita.

-Está muy hinchado dijo el doctor tocándose la barba

-Para eso no hacer falta ser doctor, yo sólo soy un duende y también me doy cuenta de que ese pie va de mal en peor-se quejó Dindón, quien a esa altura de la situación había decidido salir de su escondite y espiar desde detrás de una maceta

-Bueno, doctor ¿Qué debemos hacer? ¿Qué tratamiento hay para el pie de la abuela? preguntó la mamá preocupada.

-Mire señora, este tipo de golpes con hielo, calmantes y una pomada común mejorará pero tendrá para muchos días de cuidado. Una lástima lo que ocurrió con los libros ¿Ha visto? preguntó el médico.

Tiago casi se atraganta con el turrón que estaba comiendo ¿Qué tenían que ver los libros con el tobillo de la abuela? Dindón ya no sabía cómo hacerse más pequeño, si bien sabía que nadie lo veía, cada vez empezaba a tener más vergüenza por ese hechizo que tantas consecuencias comenzaba a tener. Ambos escucharon con mucha atención

.-Sí, doctor, estoy muy al tanto del tema de libros, ni me lo recuerde por favor -contestó la madre que todavía pensaba en el merengue derramado sobre la mesa, en la muela de la tía Jacinta y en los alfajores con gusto a nada y textura de goma de mascar.

-Lo que ocurre es que la semana pasada me habían regalado un libro con un tratamiento revolucionario para este tipo de golpes. Un tratamiento que en dos días devolvía el aspecto de pie a la berenjena, perdón, digo al pie, pero bueno no lo tengo más, así que deberemos seguir con los tratamientos comunes

-¿Pero no recuerda qué decía el libro doctor? Por ahí si hace un poco de memoria podemos emplear ese nuevo tratamiento con la abuela. ¡Ay, qué graciosa! pensó Dindón ella no se acuerda las recetas que repite hace años y pretende que este pobre hombre se acuerde de lo que dice un libro que le regalaron la semana pasada

-No señora, no recuerdo con exactitud lo que decía el libro y no puedo arriesgar el pie de una paciente, por más que ya no tenga aspecto de pie, lo sigue siendo

-Bueno, doctor, haremos lo que usted diga

– Paciencia abuela dijo el médico esto será largo pero pasará.

Tiago ya no tenía ganas de terminar el turrón. Dindón se escabulló rápidamente hacia la habitación y subió a su lugarcito. Ambos pensaban en la pobre abuela que debería guardar reposo por un largo tiempo. También pensaban en el abuelo que no tendría quién le hiciera la comida y además, en la mamá que sufría por su madre y terminaron pensando en ellos mismos.

Tiago y Dindón estaban cada vez más convencidos de que no habían obrado bien. Tiago comenzó a darse cuenta de que los libros eran fundamentales. Por primera vez en su vida, entendió que del conocimiento que habita en los libros depende desde el éxito de una receta de cocina, hasta la salud de una persona y en el medio, infinitas cosas más.

Dindón empezaba a pensar que era imprescindible deshacer el hechizo. Solo necesitaba recordar cuáles habían sido las palabras mágicas, pero no lo lograba ¡Si tan solo su memoria lo ayudara algún día! ¡Si pudiera releer ese libro de hadas…! ¿o era de brujas? Lo mismo daba, los libros ya no estaban.

Continuará…

Todos los derechos reservados por Liana Castello

Ilustración: Conny

Mail de Conny: [email protected]

Capítulo IV

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