Los lentes de Gaspar

Los lentes de Gaspar

Los lentes de Gaspar

Los lentes de Gaspar. Danny Vega Méndez, escritor de Panamá. Cuento infantil. Cuentos de animales.

Inicia la mañana con el cantar de las aves ansiosas de disfrutar el nuevo día. Pero don Gaspar no sabe dónde dejó sus lentes, a los cuales ha buscado con afán si igual; pero sin el más mínimo resultado.
Lo que lo ha molestado mucho porque él es el búho más sabio del mundo.

-¿Dónde estarán mis lentes? Sin ellos no puedo ver nada. Estoy cegato. Y por más que abras lo ojos no veo nada.

Gaspar estaba acostumbrado a leer diariamente sus grandes libros que están llenos de polvo y telaraña. Mientras busca de aquí y de allí escuchó algo conocido.

¿Quién era? El animal más tranquilo del bosque: el oso perezoso. Este tranquilo animal se movía al son que lo llevara la brisa por las ramas de los árboles.

-¿Acaso habrás visto mis lentes?, le pregunto el desesperado búho.

-Yyyyyooooooo crreeeeeoooooo quuuuueeeeeeee lllloooooosss…, fue su rápido respuesta de perezoso.

Sin embargo, don Gaspar para esas alturas del día estaba lo suficientemente exasperado para seguir perdiendo el tiempo con perezoso; así que no espero que terminara de hablar por lo que lo despidió y siguió su búsqueda.

Fermín un viejo amigo del ya irritado sabio búho, llegó de visita al desordenado lugar.

-Fermín, garza ociosa, ayúdame a buscar mis lentes. La garza se extrañó de la gentileza de su compañero de bosque, pero lo que halló más raro fue la pregunta.

-Pero si están muy cerca de ti  – le dijo.

Don Gaspar tomó aquello como una burla de muy mal gusto, pues ya se había buscado por todos sus bolsillos y plumas, por lo que corrió a su amigo.

Completamente enojado, sin querer, se golpeó la cabeza mientras buscaba debajo de la mesa. Para su sorpresa, cuando se llevó las manos a la cabeza se dio cuenta que tenía lo lentes puestos.

Sus anteojos estaban empañados y un poco sucios por lo que los confundió con su parcial ceguera.

El búho sabio invitó a sus amigos a quienes habían ofendido con su descortesía para pedirle disculpas, pues según él que cualquiera puede cometer un error. Desde ese entonces el búho abre los ojos bien grandes cada vez que se le pierden sus lentes.

Fin

 

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