La sorpresa

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La sorpresa

La sorpresa. Mercedes Martínez “Morimó”. Escritora española. Cuentos infantiles. Aventuras de niños.

Hacía rato que mi madre estaba afanosa en la cocina. Acababa de terminar una contundente tortilla de patatas con cebolla.

Segundos después rebozaba unos filetes, mientras cocía unos huevos sobre la encimera de cuatro fuegos, para rellenarlos después. Mi padre le había sugerido unos días antes ir al pantano de “San Juan”, podemos pasar un bucólico día campestre, pegándonos después un bañito como colofón.

Esta propuesta le había puesto feliz y canturreaba contenta, pensando en el hermoso día que pasaríamos, no debía olvidar nada para que todo fuera de cine. Así completó su tarea hasta que llegó mi padre del trabajo, nos sentamos compartiendo mesa. Mientras almorzábamos, comentábamos que haríamos ese día.

Y llegó el día señalado, mi mamá y yo llevábamos las bolsas de viandas hacia el garaje. Allí se encontraba mi padre preparando el “seiscientos”, para ubicar lo que aportamos para la excursión. Claro que antes él ya había bajado lo de más peso. Nuestro coche enfiló la carretera con dirección hacia dicho pantano.

Después de dos horas llegamos a nuestro mentado lugar, ubicándonos entre copiosa arboleda eligiendo un hermoso lugar. Como ya os podéis imaginar cuando llegamos lo primero que hicimos fue darnos un buen baño, y con hambre de leones, dimos cuenta de algunas de las viandas y provisiones que llevábamos.

El día era esplendido, las mariposas volaban libando entre las florecillas asilvestradas. Mis padres se tumbaron para descansar, hacer un poco de siesta, yo aprovechando su sueño me escabullí para hacer de las mías. Como todo estaba en silencio mi padre despertó de pronto escamado, empezó llamándome… fue inútil, yo estaba en una pradera que había muy cerca y no le oía.

Mi madre asustada dijo, papá ve a buscarla, mira está allí lejos, no vaya a ser que le pase algo. Tan distraída estaba, que no vi como se acercaba mi padre por detrás de mí.

Poco después escuché su voz familiar muy bajito que decía… nena vámonos, tu madre está preocupada. ¿Pero… qué haces tan silenciosa? Con mi dedo índice tapé los labios de mi padre, chiiiiiiis… contesté estoy cazando. ¿Cazando… el qué, preguntó suspicaz? Pues… ya lo verás… es… una sorpresa.

Venga se impacientó mi padre, vámonos que tu madre está intranquila. Así comenzamos nuestro camino de regreso, hacia el lugar donde se encontraba mi madre esperando. Al llegar al lugar de nuestra acampada mi madre se fijó en mis manos, tenía los dos puños de ambas manos cerrados. ¡Eh…! ¿Se puede saber que tienes dentro de los puños, que con tanto afán guardas? Pues… algo… que encontré en la pradera mamá.

¿Y… que es? Ábrelos ya, sácame nena de dudas. Un poco dubitativa durante unos segundos estuve, hasta que de pronto abrí los puños… de mis manos salieron montones de mariquititas pequeñas, preciosas criaturas, que volaron prestas sobre nuestras cabezas. Ante mi inocente chiquillada, la única reprimenda que recibí de mis padres… fue un ataque de súbita risa.

Fin

 

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