La mosca chosca y la bombilla más pilla

La mosca chosca y la bombilla más pilla

La mosca chosca y la bombilla más pilla

La mosca chosca y la bombilla más pilla. Kike el Duende, escritor español. Cuento infantil.

Cuando cae la noche, en las calles, en las playas, en las escaleras o en tu casa, se despiertan las mejores amigas de las moscas: Las bombillas. Existen en el mundo millones de moscas y millones de bombillas.

Entre ellas ocurren a diario historias tan peculiares como emocionantes. Meteré mi mano en el sombrero de copa del mago para coger un solo papel, el que salga me dirá la historia que hoy mismo os voy a contar.

Plas plkas plas, revuelvo, revuelvo, plas plkas plas. Cojo un papel y lo abro:

La mosca chosca y la bombilla más pilla.

La bombilla de esta historia es la bombilla tercera de la cuarta fila de catorce hileras. Trabaja en un almacén de frutas en donde el trabajo comienza a las cuatro de la madrugada.

Hasta ese momento nuestra bombilla duerme, como todas, cinco minutos antes de encenderse aprieta un poco su rosca para hacer buen contacto, se prepara para alumbrar. Le encanta iluminar y junto con sus compañeras lucen y lucen.

¡Para eso están! Después del desayuno saben que se acercarán las ochenta y cuatro moscas que llegaron hace meses a éste almacén. Vinieron con un cargamento de manzanas y aquí se quedaron. Cuando se levantan, después de limpiar sus patas, cogen la toalla y suben a las bombillas.

Como dicen ellas: “Bailamos alrededor de las bombillas y nos ponemos morenas en todas menos en la más pilla”. La bombilla más pilla se desenrosca un poco y se apaga cuando las ve llegar, se hace la dormida, a veces la enferma. Los empleados del almacén dicen que es culpa de la mosca chosca.

La mosca chosca es la que siempre llega tarde a colocar su toalla amarilla en cualquier bombilla. Se entretiene golpeándose contra todas las cosas porque no es mentira que sea una mosca chosca.

Quizás por eso cuando llega con siete u ocho chichones a tropezar con la bombilla más pilla, ésta hace de tripas corazón y le deja aterrizar en un pequeño rincón. Entre ellas charlan a oscuras y cuando la mosca le pregunta por qué no siente el calor, la bombilla le dice que se le acabó en ese momento el carbón.

Como todo el mundo sabe, las moscas van a las bombillas encendidas y para que también rime os diré que la mosca chosca, como no ve bien, busca la que más brilla y ahí se confunde porque lo que ve es su toalla amarilla. Cuando ya amanece y un poco más tarde el almacén se cierra, las bombillas se apagan y por la contra, la más pilla, se enciende para despertar a la mosca chosca, le dice que se vaya y que le afloje antes la rosca.

Lo cierto es que la bombilla más pilla no hace más que roscar y desenroscar, quizás por eso ni ella sabe cuando enciende o desenciende, cuando apaga o desapaga. Vive con la mosca detrás de la oreja y, en la toalla amarilla la mosca chosca, que elige, creyendo que es la que más brilla, a la bombilla más pilla.

Fin

 

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