La curiosidad mató al gato


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La curiosidad mató al gato

La curiosidad mató al gato. Baham Aguas Flórez, escritor colombiano. Cuentos de animales.

 

Su nombre era “Fingu” y en el barrio lo llamaban “Gufy”, era un gato muy curioso, inquieto y juguetón, amante del chocolate y, sobre todo, muy tierno. Su pelaje, blanco como copos de nieve pura, adornaba su cuerpo de manera asombrosa.

De él sólo nos quedan gratos recuerdos en nuestras memorias y algunas fotografías que decoran nuestro álbum familiar.

Nuestro querido “Fingu”, nuestro admirado “Gufy”, fue visto por última vez la noche de su cumpleaños número tres. Tal vez su desaparición tuvo que ver con el deseo que pidió, pero, ¿quién lo sabe?

Mi hermano menor me contó que, mientras dormíamos, un hada se lo llevó aquella noche y le pidió que callara ante lo que había visto. Luego de tres meses, el hada volvió, no con el gato sino con una triste historia: “Fingu” pidió conocer a la gata de sus sueños y eso era posible en un país llamado “Fingufilandia”.

Se le concedió su deseo y conoció a una gata llamada “Arrullo”, que compartía amistad con un ratón. No se sabe cómo llegó a oídos de “Fingu” que dicho ratón sabía a chocolate, su dulce favorito, lo que suscitó en él la curiosidad. El ratón desapareció y “Fingu” cayó en cama enfermo a lo largo de dos meses, y en los días siguientes se pudo confirmar la causa de la recaída de “Fingu” y la desaparición del ratón amigo de su amada. “Fingu” murió de pena moral por haber faltado a la lealtad y aprecio de su querida “Arrullo” quien lo perdonó por amor y falleció por la ausencia de su amigo y su amado.

A mi hermano no le creo esa historia, sólo tiene cinco años y es muy fantasioso. Y de ser así, entonces, la curiosidad mató al gato.

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Fin

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