Crisálido


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Crisálido es uno de los más bellos cuentos de gusanitos escrito por Laura Trejo sugerido para niños a partir de los siete años, especiales para leer en la escuela.

Resulta que mamá Crisálida puso una larva. Al tiempo nació crisalidito.

Este era un gusanito como cualquiera. Su mamá le explicó qué planta comer y cuál no.
Que las rosas se ven hermosas, pero para comerlas hay que trepar por un tallo de espinas y no conviene.

Su madre era sabia y le enseñaba de todo. Especialmente a no acercarse al petirrojo, acérrimo enemigo de los crisalidos.

Crisalidito, veía siempre tejer a su mamá. A veces le daba curiosidad, pero no le preguntaba porque suponía que era un pullover para él.
Poco tiempo le llevó aprender todo lo que su madre le decía del mundo.

Un día, mamá crisálida le dijo que tenía que irse.

-¿A dónde ma?- los ojos del gusanito se llenaron de lágrimas.

-Mi niño. No te pongas triste. Nosotros no nacimos para arrastrarnos. Ya te enseñé lo más importante en esta vida. Ahora yo seguiré mi destino.-

Tomó el tejido que colgó de un árbol se metió dentro y le dijo que él tenía que tejer el suyo. Hizo que se lo prometiera, lo besó y cerró su capullo.

Nuestro amigo se quedó en la rama, Crisálido estaba triste. Se preguntaba qué haría sin su mamá.

Mirando todo, había un ave con cabeza roja. Sí, era el petirrojo. Éste se preguntaba cómo haría para atrapar a ese tierno gusanito del árbol vecino. Se imaginaba que deliciosa y tierna sería su carne. Decidió poner toda su astucia en funcionamiento.

Al tiempo, Crisalidito tenía hambre, pero no se movía del lugar. Esperaba junto al capullo. En esto, el tejido se empezó a romper.

El corazón de gusano latía con fuerza de alegría.

Un ala empezó a asomar.

Mamá no tiene alas, se dijo. Pensó que algún otro bicho se había metido con su madre.
Siguió esperando y vio salir un insecto alado y con muchos colores.

El bicho le lanzó un beso y saltó a volar.
Crisalidito se acercó al capullo vacío, buscando a su mamá.

No había nada allí. La decepción de Crisalidito fue tan grande… dio un vistazo a la cosa que salió de ese lugar, volando por un cielo azul hermoso. Una lágrima rodó por su cara.

Se había acercado tanto a la punta de la rama que cayó.

Unas espinas lastimaron su cuerpecito.

Mordisqueó un pastito y se arrastró a su casa.

Sintió que alguien golpeaba a su puerta.

-¡Quien es!- gritó entre llantos.

– Un amigo- Le contestó petirrojo desde afuera.

-¡No tengo amigos!

-Está bien- peti tenía que lanzar rápido su anzuelo- Vi lo que te pasó hoy. Un bicho comió a tu mamá- era una mentira que le daría tiempo como para comerlo antes de que descubra que era mariposa- Supongo que estás angustiado, te traje unos pastitos para cenar. Mañana hablaremos.

El gusano, adentro, no pensaba en la comida, tenía mucha hambre, pero no podía pensar en nada. Estaba tirado en su cama y no podía apartar la amargura de sí.

Cuando se levantó fue a la puerta y tomó las hierbas.

Al otro día, el sol entraba por su ventana. Luchó contra sí mismo y se levantó. Salió como todos los días, en eso ve a un pájaro que andaba cerca. Empezó a huir, pero no era tan rápido.

El ave se le acercó y le dijo:

– Veo que estás mejor.

Crisalidito reconoció la voz del día anterior.

-Te estaba esperando. Realmente me quedé preocupado por vos- peti estaba a unos cuantos pasos. Podía atraparlo, pero tenía un mejor plan.

-¿Qué querés?- nuestro amigo estaba pálido.

– Nada, ser tu amigo.

– Mamá me dijo que no me acerque a vos.

-¡Enserio!- se rió a carcajadas- Y ¿Por qué?

– Dijo que comías crisálidos.

– Pero por favor ¿No crees que podría comerte ahora?

-Sí.

-¿Entonces?

– No lo sé. Hay muchas cosas confusas para mí.

– Mira, no me acercaré a vos si no querés-

– Mejor así.- Crisálido estaba nervioso. Empezó a irse y Peti agregó:

– ¡Seremos buenos amigos!

Asustado regresó a su casa y se apoyó contra la puerta. Su corazoncito de lechuga estaba a mil por minuto.

¿Sería cierto que su mamá estaba equivocada? No parecía malo ese pájaro.

Igualmente sentía que había estado frente a un peligro mortal. Su madre se metió en un capullo y otro bicho la comió. Podía haberse equivocado también con petirrojo. No sabía bien. Tenía que pensar. Se tiró en la cama.

Alguien golpeó su puerta y un papel pasó debajo de la entrada.

Se acercó a éste y leyó: te invito a mi cumpleaños. Todos los crisálidos estarán allí

Guardó la notita y volvió a su cama.

¿Una fiesta? Él todavía extrañaba a su mamá.

Al otro día, mientras se arrastraba por los arbustos, Petirrojo se le acercó y lo saludó.
Crisálidito se sobresaltó. Casi había olvidado a ese pájaro. Es más, estaba por empezar a tejer su capullo como le dijo su madre.

-Hola Crisálidito.

-Ay! Hola. Me asustaste.

– No tenés que tenerme miedo. Somos amigos.

-No busco amigos. Mirá, ayer me dieron esto y no pienso ir- Le acercó la nota que el leyó. Se alegraba con el contenido de esta pensando en cuanto podía comer.

–¡Qué bueno crisalidito! Tenés que ir. Esto es justo lo que necesitás!

-¡No!, yo sigo pensando en mi madre- una lágrima rodó por su mejilla.

-Es cierto- fingió comprensión- ¡y ese maldito bicho que la comió!

Casi olvidaba las coloridas alas de esa cosa que salió del capullo.

–No quiero a nadie- sorbió sus mocos.

-Esto es lo que necesitás para dejar de pensar en ella. Juntate con crisálidos y continuá tu vida. Si querés te acompaño.- Se relamía por dentro.

-Gracias pero no iré.

-Como quieras. Te haría muy bien. Yo solo pienso en vos

El gusanito siguió su camino, buscó unas hojitas y se fue a limpiar la casa.

No merendó, miraba la ropa de su madre y su angustia era inmensa.

Durmió un poco y luego, cansado de llorar, se peinó y fue a la fiesta. Pensaba que Peti tenía razón, no podía quedarse solo y encerrado.

Conoció muchos crisálidos y una crisálida que le gustaba. No se quedó mucho, enseguida se fue a su casa nuevamente. En vez de llorar, sonreía pensando en la crisálida.

Al día siguiente, al ir al campo, se topó con la gusanito que le había gustado. Ella abanicó sus largas pestañas y lo miró de reojo. Crisalidito se acercó a ella. Empezaron a charlar de todo un poco.

En eso Peti sobrevuela el lugar. La gusanito sale arrastrándose rápido.

-¡No te preocupes, es mi amigo- le gritó

Ella no se detuvo y una vez a salvo vio como charlaban muy cómodos los dos.

El pájaro le decía- veo que me hiciste caso.

-Si, al final fui. Tenías razón.-Agregó Crisalidito.

-Tendrías que haberme dejado acompañarte.

-Es cierto. Igual vez, los crisálidos te tienen miedo.

-Si-Suspiró- una vieja leyenda quizás.- el pájaro maldecía para sus adentros a ese tonto que le hiso perder un banquete. No obstante, pensaba, dos gusanos son mejor que uno. Crisalidito era muy flaco y chiquito. La otra compensaría.

– Quiero conocer a tu noviecita.

-No somos novios. Solo nos conocemos. Te la presentaré.

-Bueno, mañana.

-A la misma hora.

Se fue Crisalidito, juntó algunos yuyitos y se metió en su casa.

En la mañana siguiente fue al encuentro de su amiguita. Al verla se le acercó. Ella lo rechazaba.

-¿Qué te pasa linda?

-¡Vos! Alejáte de mí. Amigo de los Petirrojos.

-¡Ah! Es bueno. No te preocupes. Mi mamá también me había dicho que comían crisálidos. Después se metió en un capullo y un bicho con alas la comió.

La crisálida empezó a reír.

– Ese bicho era tu mamá. Tonto. Se convirtió en mariposa.

Crisalidito estaba bordó.

– Adivino, tu amigo, ese pajarraco de cabeza roja te engañó.

Él no contestó. Se fue a su casa sintiéndose el más estúpido del mundo. Se puso a tejer.

Todo el tiempo recordaba a su madre diciéndole que no nacieron para arrastrarse.

Después la veía a su gusanita riéndose de el: se convirtió en mariposa. Le resonaba en su cabeza. Reveía a petirrojo mintiéndole y los consejos de su mamá de no acercarse nunca a esa ave.

No sabía que intención llevó a Petirrojo a no comerlo simplemente.

Decidido tejió toda la noche. Sería mariposa como su madre. Ya había perdido mucho tiempo. Terminó su capullo y bien temprano salió a colgarlo.

Peti, que lo vigilaba, se asombró y se apresuró a detenerlo.

-Andate, mentiroso.- Dijo crisalidito con desprecio.

– Pero, amigo, que vas a hacer?

-¿Querías impedir que vuele? Maldito.

El pájaro se dio cuenta que había perdido. Entonces le lanzó un picotazo que logró esquivar.

No quería ver a su hija durmiendo La crisálida, que había visto todo, le arrojo una piedra.

Petirrojo quedó medio tonto y Crisalidito huyó.

Colgó su capullo, se introdujo en él y lo cerró justo cuando peti trataba de arrancarlo.

Días más tarde, dos hermosas mariposas volaban por un cielo primaveral.

Podían comer rosas ya que no tenían que arrastrar su cuerpo por el tallo.
Crisalidito y Crisálida tuvieron hijitos…

Fin

Cuento sugerido para niños a partir de siete años

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Crisálido es uno de los más bellos cuentos de gusanitos escrito por Laura Trejo sugerido para niños a partir de los siete años, especiales para leer en la escuela.

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