Zumo sol

Zumo sol. Cuentos Latinoamericanos.

Zumo sol

Zumo sol. Página de cuentos. Cuentos hispanoamericanos. Cuentos infantiles para escuchar. Lectura para niños.

 

– Buenas tarde venimos a traerle un regalo.

– ¿un regalo?, para mí, yo no he pedido nada.

– No sabemos, nos han dicho que le entreguemos esta caja y nada más podemos decir, ¿nos firma aquí, por favor?

– sí, sí, claro, posenlo allí, parece grande, ni idea de qué sera, !muchas gracias!… adios.

Me quedé mirando una enorme caja bien envuelta, con cuidados detalles, en su exterior algo ponía, me aproximé, miré fijamente… precaución, ¡es frágil!, leí con atención, tendré cuidado al desenvolverlo pensé.

Abría la caja con mucho cuidado, en su interior, miles de estrellas se agolpaban tratando de no sobresalir en luz, a cada cual más bella, cada una de ellas con encanto, con magia ¡volaba! y se posaba confiada en mi mano, me hacía cosquillas sin pretenderlo!!, qué bellas estrellas pensé, ¿serán todas para mi?, escondida, medio adormilada, descubrí una Luna amarilla que reposaba tranquila, ¡qué bella luna! me estaba diciendo cuando de repente unos rayos dorados que emitían calor saltaron en mis ojos, me iluminaron la cara… no puede ser exclamé… ¿también hay un Sol? ¿también es para mi?, no puede ser, me repetía con asombro.

La sorpresa era demasiado grande, asustada cerré la caja, me senté sobre ella, no puede ser me repetía, esto tan grande, con tanta belleza, no puede ser para mi, se habrán equivocado, voy a mirar el remite, seguro que no es para mi… alguien debe de estar esperando este regalo y lo han entregado en casa equivocada, seguro. Me agaché, busqué y busqué, un nombre, una dirección, pero nada hallé, no había remite, ninguna seña de identidad de a quién iba destinado ese magnífico regalo.

Después de un tiempo, un buen día se acercaron a mi puerta:

– Buenas tardes, somos los de las mudanzas, venimos a por la caja grande que un día le dejamos, fue una equivocación, nos avisaron de pasar a retirarla.

– Pero… no pueden llevársela, ¡no!, – grité yo, – lleva mucho tiempo conmigo, no pueden…

– A nosotros no nos diga nada, lo sentimos, cumplimos órdenes, nos han dicho, esa caja no puede tenerla esa persona por más tiempo, por eso vinimos, ¿donde está la caja?

– Ahora que recuerdo… ya no la tengo, dije con voz templada, me cansé de ella y se la entregué a unos desconocidos que pasaban por la calle.

– Pero… nos mete en un compromiso, nos han encargado llevársela a su dueño… – dijo uno de los transportistas.

– Pues yo ya no la tengo, puedo intentar recordar como eran esos desconocidos pero no sé ningún dato de ellos, la cosa se pinta dificil, – añadí como con indiferencia.

Uno de los hombres me escudriñó los ojos, sostuve su mirada, con seriedad, con preocupación por su problema.

– Y… ¿esos cartones que asoman por esa puerta?, – me preguntó entonces con voz incisiva.

– Ah, eso, – dije mirando hacia donde señalaba, – tiene razón, es parte de la caja, es que yo en realidad… entregué su contenido, la caja la rompí era muy fea, expliqué al hombre tratando de convencerle.

– Vámonos oí que el hombre le dijo entonces al otro.

– Pero… nos la vamos a cargar con el jefe, – protestó el otro.

– Vámonos, aquí no hay nada que hacer, – respondió de nuevo escuetamente el primero.

Se alejaron, al cerrar la puerta, mi sonrisa, inocente y espontanea brotó… corrí a mi dormitorio, al llegar las estrellas había formado corro junto a mi cama, la Luna cantaba una hermosa canción sobre dos enamorados que se declaraban amor bajo su candorosa mirada y el Sol… brillaba sobre mi cama.

De repente volvieron a llamar a la puerta, mi sonrisa se congeló, abrí la puerta, era el hombre de mirada profunda, fijando sus manos en la puerta para que no pudiera cerrarla me habló así:

– No me he creido para nada que hayas regalado esa caja pero, tranquila, no vengo a llevármela, me asalta una curiosidad y solo quiero satisfacerla.

– ¿Cúal? – dije yo totalmente entregada al verme descubierta.

– ¿Qué contiene esa caja? – me preguntó con curiosidad.

Yo sonreí. Tomándole de la mano entramos en mi casa, le acerqué a la habitación y le dije:
ZUMO DE SOL

– Mírelo usted mismo pues está todo sobre mi cama.

El hombre entró, yo me quedé fuera esperando en el salón su comentario, su reacción, pero nada oí. Al salir, el hombre me miraba sorprendido y me dijo:

– ¿Y por eso que hay encima de su cama, tanto revuelo para que vengamos a recogerlo?, no entiendo, ¡algunas personas están locas!, – dijo cerrando la conversación y saliendo por la puerta confuso y malhumorado, – yo creía que era algo especial… vaya pérdida de tiempo y esfuerzo, – se oyó por las escaleras mientras descendía.

Me quedé perpleja con tales palabras, acudí a mi habitación rápidamente, al entrar no lograba comprender, sobre mi cama había unos grandes racimos de uvas, un plátano y una naranja. Cogí todo en mis manos como pude, no acertaba a saber qué había sucedido cuando de repente la naranja me hablo:

-Ya se ha ido?

– Sí, – balbuceé aún sin explicarme nada.

– Buf, menos mal, casi nos pillan, ¿verdad? – me dijo con su voz granulada y sus ojitos de gajos chispeantes, – eh, ¡¡Luna!!, ¡¡estrellas!!, ya podeis salir de dentro de la fruta, ¡no hay peligro!!, – gritó convencida la naranja.

Y el platano se convirtió en Luna, las uvas en estrellas y el Sol… el Sol surgió de una simple naranja.

Y justo en ese momento… desperté, me levanté, subí la persiana… llueve me dije con tristeza, me fui a la nevera, la abrí y… sonreí… creo que hoy voy a prepararme ¡un buen zumo de naranja! me dije mientras sacaba una redonda naranja que me miraba con su granulosa mirada.

Fin

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Unas veces podemos alimentarnos con zumos de frutas y otras veces podemos simplemente alimentarnos con zumos de sueños. Ambos, no lo dudéis, son energía para el cuerpo y luz para el alma.

 

Cristina Mena

http://cristinamena.blogspot.com/

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