Virutita, el gusanito a lunares

Virutita, el gusanito a lunares. Escritores argentinos. Autores de literatura infantil. Los mejores cuentos. 

Tema del cuento: La burla


Extraído del “Gusano Loco” del Parque Rodó

Virutita era un gusanito como cualquier otro. Aunque en realidad, no era lo que se puede decir igual igual al resto. Por un lado, era chiquito y flaquito como todos los gusanitos, de hecho lo llamaban así pues parecía una viruta de madera. Sin embargo, había algo en él que lo distinguía del resto. Nuestro amigo tenía lunares de colores muy vivos, algo raro para un gusano que se precie de tal.
Estos lunares realmente se habían convertido en un problema para el pobre gusanito, pues eran motivo de burla de todos los otros gusanos.
A Virutita no le molestaban sus lunares multicolores, pero parecía que el resto no pensaba lo mismo, excepto su fiel amigo Firulín, que nunca, pero nunca se burlaba de él.
A veces, cuando alguien tiene algo que lo distingue del resto, esto le ocasiona problemas. No siempre las diferencias son aceptadas.
Virutita era siempre víctima de toda clase de burlas y bromas respecto de sus lunares, le decían que tenía sarampión, que parecía un caramelo de esos que son gomita de colores o un perro dálmata, en fin muchas cosas que al gusanito no le gustaban.
Las burlas no lo hacían sentir bien y a veces prefería no salir de su cuevita por días.
Es muy doloroso sentir que se burlan de uno, es como si te lastimaran el corazón con cada cosa fea que te dicen.
Firulín, que sabía muy bien cómo se sentía nuestro amiguito, lo visitaba a diario.
Un día como todos, Firulín fue hasta la cuevita de Virutita y para su sorpresa no lo encontró. Esperó y esperó, volvió al día siguiente y nada.
Les contó a los demás gusanos sobre la desaparición de amiguito, esperando que alguien lo ayudara a encontrar a su amigo perdido.
– Con ese aspecto, no creo que haya llegado muy lejos – dijo uno.
– Habrá ido a decorar algún arbolito de Navidad – dijo otro.
– ¡No, mejor qué eso! – agregó un tercero- ¿vieron que parece una gomita de esas con las que las nenas se atan el pelo? Bueno, debe estar sosteniéndole alguna trenza a una nena ¡ja!
A Firulín le costaba entender cómo nadie se conmovía ante la ausencia de su gran amigo. Cómo podían seguir burlándose de él aún sabiendo que había desaparecido.
Mientras tanto, veamos qué había pasado con nuestro gusanito amigo:
Viendo que nada cambiaba, Virutita pensó que mejor era probar suerte en otro lado, donde nadie se burlara de él. Caminó y caminó buscando un nuevo hogar y nuevos vecinos.
Sin saberlo, llegó al jardín de una casa. La familia que vivía allí había comido en el jardín y cuando la mamá sirvió la fruta, Virutita vio una manzana roja, grande, lustrosa y no pudo resistir la tentación.
Muchas a veces había escuchado de gusanos dentro de manzanas, pero nunca había vivido la experiencia. Sabía que podía perder su colita con lunares de un mordisco, pero se arriesgó, cualquier cosa era mejor que seguir escuchando las burlas. Dentro de la manzana, nadie lo podría encontrar.
– ¡Pero caramba! ¡Un intruso, un intruso! Empezó a gritar la   asustada manzana. Me quejaré con el fumigador de la casa. Mire  jovencito, no es mi intención ser descortés, pero aquí no hay lugar   para gusanos, yo soy una manzana sanita y nutritiva. Esto sería un   desprestigio muy grande para mi en la frutera. ¿Mire cuando se  enteren las naranjas y bananas? Pensarán que estoy podrida
Nuestro amigo no entendía mucho de desprestigio, intrusos y todas esas cosas que la manzana charlatana le decía.
Le explicó su situación, le contó acerca de las burlas constantes,  que ya no aguantaba más y que había abandonado su cuevita.
– ¡Caramba! Dijo otra vez la manzana charlatana – Qué historia tan triste amiguito, pero te digo algo: Si te quedas aquí perderás mucho más que esos lunares que tantos problemas te traen, de acá te irás a la pancita de algún niño. Ese es el destino de las manzanas ¡Caramba! ¡Caramba! (parecía que la manzana no sabía decir otra cosa).
– Permiso……… permiso………. Se escuchó sorpresivamente. Era Firulín que tanto esfuerzo había hecho por encontrar a su amigo que había llegado hasta la manzana charlatana.
– ¡Caramba! ¡Esto ya es abuso! Yo no soy un hotel de gusanos.   Amigos, ya les he dicho que esto no me beneficia. Podría ofrecerles  alguna que otra manzana medio chamuscadita que hace rato que  está en la frutera y nadie la quiere comer.
– Perdón, no me he presentado – dijo muy formal Firulín,  extendiendo su colita hacia la manzana charlatana. Fue difícil saludarse puesto que ninguno tenía manitos, pero lo que vale es la intención
– ¡Caramba! ¡Qué gusano educado! Así da gusto. ¿Se puede   saber a qué se debe su visita? ¿Usted también es burlado como este  pobre al que le di asilo?
Firulín le explicó a la manzana charlatana que extrañaba mucho a su amigo y que lo había buscado por todas partes hasta encontrarlo. Le preguntó si ella encontraba alguna solución al problema de Virutita.
– ¡Caramba caramba! Me siento conmovida. Estoy dispuesta a ayudarlos amigos. Vayamos al lugar de donde vienen, algo se me ocurrirá en el camino que ponga en vereda a esos gusanos burlones.
No está demás decir que, como la manzana charlatana tampoco tenía pies, tuvieron que arrastrarla los dos pobres gusanitos. No fue tarea fácil. La manzana estaba realmente gordita para los flacuchos cuerpitos de los gusanitos. Tardaron varios días en llegar.
Cuando por fin llegaron. La manzana charlatana empezó a gritar:
– ¡Caramba caramba! ¿No hay nadie que venga a recibir a esta turista?
Salieron todos los gusanos del lugar, sorprendidos de ver una manzana que se acercaba hacia ellos. Más sorprendidos quedaron aún cuando vieron que Firulín y Virutita salían de adentro de la manzana gritona.
– Vengo a devolver a este gusano lleno de lunares y de paso a su amigo que se coló sin permiso y que algún lunar oculto ha de tener por ahí seguramente. Vengo a buscar gusanos de verdad que no estén manchados, ni con lunares, ni con ninguna otra cosa. Contrariamente a lo que la gente piensa, a las manzanas nos gusta alojar gusanos – mintió la manzana charlatana.
Todos quedaron sin habla, por primera vez el que estaba en mejor posición era Virutita. El motivo de la burla de todos era ahora justo lo que lo salvaba de quedar dentro de la manzana y ser mordido por quien la comiera.
– Se equivoca doña – comenzó a decir un gusano que temblaba de miedo. No somos buenos los gusanos sin lunares.
– ¡Caramba yo creía otra cosa! Este pobre infeliz me ha contado su desgracia y me ha hablado tanto de ustedes, de cómo todos lo hacían sentir mal por sus  lunares, de su sufrimiento por las burlas que recibían de todos. Tanto es así que yo creí que ustedes tenían razón, que los gusanos buenos eran sólo los que no tenían lunares y aquí estoy dispuesta a llevarme unos cuantos dentro de mi. Serán más apetitos para quien me coma seguramente.
– Se vuelve a equivocar doña, no lo decíamos en serio – respondió el gusanito que no dejaba de temblar.
– Pues créame que lo no pareció mi querido gusano sin lunares, este pobre desgraciado parecía un trapito de piso muy usado cuando llego a mi. Su tristeza era muy grande. Todo lo mal que lo hicieron sentir, me trajo hasta aquí, convencida que son todos ustedes mi mejor opción.

Todos los gusanos sin excepción empezaron a temblar, parecían ramitas de los árboles movidas por el viento.

Fue en ese momento cuando la manzana, a quien, como ya vimos le gustaba mucho charlar dijo su discurso final. Trató de ponerse bien derechita, le pidió a Virutita que no se moviera y dijo:

– Realmente es vergonzoso ver cómo están temblado de miedo. Si tan valientes eran para burlarse de alguien, deberían serlo para aceptar lo que el destino les ha puesto en el camino. Algunos nacen con lunares y otros terminan dentro de ricas y hermosas manzanas. Si quien tiene lunares los acepta sin quejarse ¿por qué no aceptan ustedes que no tienen otro camino que venir conmigo? ¿Dónde está la valentía que tenían cuando se burlaban de este pobre bicho y lo hacían sufrir? Vergüenza debería darles caramba, pero no por estar temblando como hojas ahora, sino haber sido tan crueles con un compañero.

La manzanita dijo algún que otro caramba más antes de callarse, pero sus palabras realmente conmovieron a más de un gusano burlón.
– Tiene razón doña, nadie tiene derecho a hacer sufrir al otro, ni por lunares, ni por ningún otro motivo – dijo un gusano gordo al que se le escapaba una lagrimita de sincero arrepentimiento.
– Es verdad- dijo otro que también lloraba- hemos sido muy crueles, haga lugar doña, haga lugar que nos vamos con usted a riesgo de ser comidos.
La verdad la manzana charlatana había sido muy convincente. La mayoría de los gusanos comprendieron lo mal que habían estado y empezaron  a hacer una filita para irse con la manzana que estaba más gorda aún del orgullo que tenía.
– ¡Alto! Se escuchó de repente. No hace falta chicos. Ya está, no tienen porque irse- Dijo sincero Virutita..
Nadie entendía nada, los gusanos burlones se sorprendieron de la bondad de Virutita, quien habiendo sufrido tanto por ellos, aún así les pedía que se quedaran. Al que no le sorprendió fue a Firulín porque él conocía perfectamente el corazón de su amigo, el siempre se había fijado en su corazón y no en sus lunares.
– ¡Caramba caramba! Creo que ya no tengo nada que hacer por  aquí. Aunque pensándolo bien todavía tal vez quede algún gusano  que crea que es mejor que otro si es así ¡qué se venga no más!
– No doña, ya nadie  cree que es  mejor que nadie. Dijeron casi todos los gusanos juntos con sus cabecitas gachas y mucha vergüenza en el corazón.
A partir de ese día la vida de Virutita cambió y la de todos en realidad. Los gusanos burlones habían aprendido mucho, no sólo de las sabias palabras de la manzana charlatana, de la amistad verdadera de Firulin y Virutita y de la bondad de este gusanito, que a pesar de haber sufrido perdonaba y les daba una nueva oportunidad.
Mientras tanto, en la frutera, se escuchaba de vez en cuando:
– ¡Como extraño a ese gusanito lleno de lunares y a su amigo tan educado!  ¡Caramba, caramba!

Hecho el depósito de ley 11.723. Derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial.

Para pensar:

– ¿Cómo te sentís cuando alguien se burla de vos?

– ¿Burlaste alguna vez a alguien?

– ¿Te das cuenta que la burla hiere y lastima?

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– ¿Sos capaz de disculparte si te burlaste de algún amigo?

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