Los gatitos mellizos, de María Laura Serrano


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Verso 

Dos gatitos muy suaves vivían
haciendo ron-ron.

Lo pasaban jugando y durmiendo
Michín y Michón.
Los gatitos querían ser buenos
y portarse bien.
¡Pero cuántas diabluras hacían!
Pasaban de cien…
Cuando estaba tejiendo la abuela
su ovillo cayó.
Nuestro par de gatitos traviesos
sobre él se arrojó.
Escaleras abajo rodaron,
¡patapím-pam-pom!
Enredados, ovillos y gatos,
un solo montón.
Dos paquetes envueltos en lana
en cada escalón,
calladitos y quietos quedaron
Michín y Michón.
Un buen reto les dio la abuelita
al llegar por fin.
Ya no pudo tejerse los guantes
de lana carmín.

Enojada gritó la señora:
“¡No los quiero ver!”
Con gran susto, en las botas de abrigo
fuéronse a esconder.
Más tranquilos, al cabo de un rato,
cansados al fin.
“Tengo hambre”, murmuró bajito
el pobre MIchín.
Escapando de allí a la cocina
corren en tropel,
y se trepan con uñas y garras
al blanco mantel.
El abuelo tenía servida
su leche en tazón.
Gota a gota la tomaron toda
Michín y Michón.
Con el rico manjar de ciruelas
hicieron festín,
y uno de ellos metió la patita
dentro del budín.
En dos saltos llegó a la pileta
y allí se lavó,
pero todo marcado de dulce
el mármol quedó.

¡Qué fresquito y qué divertido
fue aquel chapuzón!
Entre blancas escamas y espuma
de suave jabón.
Sacudiendo el pelaje mojado
apareció el par,
resoplando igual que si hubieran
salido del mar.
Dispararon los pobres mininos
con frío y con tos,
y dejaron el piso manchado
al huir los dos.
Al secarse en el pasto soleado
del verde jardín,
otra vez en sus juegos pensaron
Michón y Michín.
Linda pista de juego la cama,
¡salto viene y va!
En la almohada reposa el sombrero
nuevo de mamá.
Al sombrero le dieron mil vueltas
jugando los dos.
Los adornos, la paja, las cintas,
las flores, ¡adiós!

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Cuando vino la pobre señora
dio un chillido atroz.
Las patitas movieron los gatos
en fuga veloz.
Los mininos jamás entendieron
griterío tal.
No querían los gatos, jugando,
causar ningún mal.
Asombrado, el par de gatitos
volvió a su rincón
y durmieron tranquilos su siesta
Michín y Michón.

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