Las marcas del Sol y la Luna. Desde entonces, la luna tiene una mancha gris, y el sol una pequeña mancha blanca.

Por Juliana Alexis Beltrán Becerra. Cuentos cortos para niños

Tenemos tan incorporado en nuestro ciclo de vida al sol y la luna, que no nos imaginamos qué podría pasar si alguno de los dos no estuviera… o se tomara un descanso. Bueno, es lo que pasa en el cuento “Las marcas del Sol y la Luna” de Juliana Alexis Beltrán Becerra, antigua colaboradora de EnCuentos que, sin embargo, luego de unos años de inactividad en el sitio, ahora vuelve con esta intrigante historia para niños.

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Las marcas del Sol y la Luna

Las marcas del sol y la luna - Cuento

Como sabemos, el sol y la luna tienen un horario establecido, para ofrecer sus atributos a la tierra, un maravilloso planeta, donde habitan muchos seres vivos e inertes, que dependen de muchos factores para subsistir.

Gracias a la presencia de estos cuerpos celestes, los seres de la tierra dividen el tiempo en día y noche, además, cada uno a través de sus brillos y temperaturas, ayudan para que el ciclo de vida de cada especie tenga continuidad, como se percibe en la actualidad.

Pero no voy a darte una clase magistral sobre astronomía, déjame narrarte una gran historia sobre estos cuerpos celestes del universo… En cierta ocasión, el sol decidió de manera inesperada, invadir el espacio y la jornada de la luna.

Ella muy desconcertada le reclamó al sol por su presencia, ya que mezclar los brillos y las temperaturas no era usual, la luna aún estaba alumbrando la tierra con su plateada esfera, se encontraba en media noche.

El sol se sonrojó, y con un tono burlesco, le manifestó que él era el astro que más alumbraba la esfera terrestre, por lo tanto, no estaba en la obligación de cumplir horarios para poder brillar. Con esa respuesta tan egoísta, la luna se puso de mal humor, y con una mirada fija le dijo que le dejaba libre el tiempo y el espacio para que el pudiera brillar a su antojo

El sol, con una actitud despreocupada, le dio la espalda y le dijo en voz baja que él era lo único que la tierra necesitaba; la luna se alejó triste y al borde del llanto, decidió cerrar sus ojos, opacar su luz y descansar. Así lo hizo durante semanas.

Durante los primeros días, el sol estaba feliz, se regocijaba. Él se creía lo mejor de la existencia, poco respetaba los espacios de los demás, a veces cuando la lluvia tenía que salir a regar la tierra, él se aparecía con más brillo y más calor. Su actuar provocaba que la lluvia no pudiera realizar bien su labor, donde ella mojaba para hidratar, el sol secaba inmediatamente.

En otras jornadas le daba pereza brillar, y se escondía entre las nubes, para que nadie notara que estaba durmiendo, los seres de la tierra permanecían con frio, a veces por días seguidos. Otras jornadas realizaba lo opuesto, salía por más de 24 horas alumbrando en total plenitud.

Luego de tanto cambio, y sin la presencia de la luna, la tierra se encontraba en caos. Debido al exceso de calor, las plantas se quemaban y perdían la vida, los animales del agua comenzaron a colisionar, y muchos quedaron flotando en las aguas, muertos. Los animales terrestres, sin saber cuándo dormir por la ausencia de la noche, se agotaban y no salían a alimentarse. Algunos más débiles fueron presa fácil, y los que podían salir a conseguir su alimento, no lo podían consumir, porque lo hallaban descompuesto.

Los humanos por su parte entraron en pánico. Esto ocasionó gran parte de destrucción entre ellos mismos, porque a pesar de que eran racionales, cuando se sentían vulnerables, se alteraban y terminaban en conflicto. Lo que estaba ocurriendo en su entorno para ese entonces, era totalmente desconocido para ellos.

Al ver lo que ocasionaba con su presencia constante, el sol entró en duda, y buscó desesperadamente a la luna. Demoró mucho en encontrarla, al hallarla trató de despertarla, pero ella, al estar inactiva por tanto tiempo, perdió gran parte de su luz y serenidad. Cuando el sol notó que estaba casi desfallecida, comenzó a llorar, sus lágrimas eran tan calientes que al caer cerca a la luna, casi de inmediato le inyectaron energía por su resplandeciente calor.

Al poder reanimarla y verla despierta, el sol bajó sus rayos y se inclinó ante ella, le pidió disculpas por su actitud egocéntrica, y le suplicó que regresará a su lugar, le contó lo que estaba pasando con el tesoro que ambos tanto cuidaron durante billones de años, y le recordó a la luna que ese lugar casi destruido, era la razón de existir de ambos.

La luna, que nunca fue rencorosa, accedió inmediatamente a la suplica del sol, y luego de algún tiempo y observando con tristeza lo sucedido, lograron por fin evidenciar la recuperación lenta, pero segura de su amada esfera terrestre.

Luego de la recuperación de la tierra, la luna no pudo evitar sentirse culpable, porque ella en su interior acunaba una duda, una que no la dejaba brillar tranquila. La luna reflexionaba sobre la culpa compartida, pues, aunque el sol fue quien provoco lo acontecido, ella pensaba que tal vez, si no se hubiera alejado tan fácilmente, si quizás ella hubiese discutido la situación, y hubiera hecho cambiar el pensamiento del sol, no se hubiesen sacrificado tantas vidas.

A raíz de esa duda, se originó un suceso, que se conoce como eclipse. Un fenómeno que irradia a los seres de la tierra una sensación de igualdad y equilibrio, en este fenómeno es la luna quien, una vez cada cierto tiempo, invade la jornada del sol, y en estos escasos encuentros, ambos combinan sus resplandecientes cuerpos celestes, y se unen como símbolo de reparación mutua.

Desde entonces, la luna tiene en su cuerpo una mancha gris, y el sol en su centro una pequeña mancha blanca, recuerdo de cuando el sol valoró a la luna, y ella se empoderó.

Espero que te haya gustado esta historia, y que sigas explorando la magia de la lectura.

Fin.

Las marcas del Sol y la Luna es un cuento de la escritora colombiana Juliana Alexis Beltrán Becerra © Todos los derechos reservados.

Sobre Juliana Alexis Beltrán Becerra

Juliana Alexis Beltrán Becerra - Escritora

Juliana Alexis Beltrán Becerra nació en Bogotá, Colombia el 20 de julio de 1985.

– “Soy signo cáncer, amante de los seres vivos, soy licenciada en preescolar, estudiante actual de Tecnología en Actividad Física, he culminado hasta ahora 7 cursos cortos en torno al área pedagógica, resolución de conflictos, inducción a la pedagogía, pedagogía humana y otras complementarias”.

– “Había publicado en EnCuentos en una ocasión un cuento cuyo nombre es “Los dulces de la enseñanza”, pero desde hace mucho buscaba la manera de volver a conectarme con la escritura. Pasé por una pérdida reciente de mi hermano mayor, e intento refugiarme en está habilidad, al igual que en el estudio. Me encantan las historias que enseñan, que dan pauta a reflexionar, que motiven”.

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2 comentarios en «Las marcas del Sol y la Luna. Desde entonces, la luna tiene una mancha gris, y el sol una pequeña mancha blanca.»

  1. ¡Wow! Que cuento tan genial, es una forma creativa y entretenida de explicar un suceso como es el eclipse, tanto para niños como adolescentes. Un gran trabajo. ✨⭐⭐⭐⭐⭐

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