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La manzanita en el cielo

fotos de mascotas

La manzanita en el cielo. Liana Castello, escritora argentina. Cuentos espirituales. Cuentos sobre mascotas.

Mis padres tenían un perro al que llamaban Polito o “Poli”. Polito llegó al hogar de mis padres de la mano de uno de mis hermanos y en un momento donde ya ningún hijo vivía en ese hogar.


Poli llenó el nido vacío con todo el amor que un perro bueno y agradecido puede dar, que es mucho, muchísimo. Fue un fiel compañero, un ladero de lujo, fue una compañía amorosa y atenta que hizo feliz, muy feliz la vida de mis padres.

Llegó siendo un cachorro y vivió toda su vida con sus padres que eran los nuestros, pero que cambiaron pediatras por veterinarios, mamaderas por alimento balanceado y fueron a la plaza sin hamacar a nadie, sólo para que Polito caminase. Una rica manzana pisada, postre habitual para los niños, se reemplazó por una manzanita cortada en trocitos que con inmenso amor mis padres ofrecían a Poli como postre luego de la cena.

Ese perro inteligente y amoroso terminaba de cenar y pedía, como un hijo obediente que había terminado su plato, su manzanita de postre.

Y allí corrían diligentes, mis padres o alguno de nosotros a darle a ese hijo perruno su tan ansiada manzanita.

El tiempo pasó para todos, para mis padres y para su amado perro también. Los pasos de todos en aquel hogar se hicieron más lentos, los paseos menos frecuentes y la vejez comenzó a instalarse en cada uno de ellos.

Poli enfermó más de una vez, y más de una vez creímos que no se recuperaría, pero era tal el amor con el que era cuidado y atendido que siempre salía adelante. La última vez que enfermó fue poco antes de saber que mi padre estaba muy enfermo y no habría un mañana para él.

Estoy segura que Poli sabía que mi padre no podría continuar sin su amada mascota, sin su compañero de fierro y entonces, obediente y atento, decidió esperar para partir.

Mejoró y no dudo que fue para poder acompañar a mi padre es sus últimos tiempos, y estar allí con él, haciéndole sentir el infinito amor que le prodigaba.

Mi padre falleció hace casi tres meses y también estoy segura, Poli decidió entonces que ya era su tiempo también. Había cumplido su misión, siempre, había acompañado a mis padres como el mejor perro, se había acostado al lado de mi padre enfermo velando sus días, ya podía irse en paz.

Me pregunto si los perros tendrán alma, no lo sé, pero sentimientos no lo dudo y de los mejores, de los más nobles, de los más fieles, de los seguros, de los que no traicionan, ni olvidan jamás.

Hoy despedimos a Poli y en cierto modo sentí que volvía a despedir a mi amado papi. Sin dudas algo de mi papá había quedado en su mascota y hoy Poli decidió que ya era tiempo de acompañar a mi papá.

Trato de ver las cosas del mejor modo, no sólo porque se ese modo me duele un poco menos, sino porque creo de verdad que el amor es tan fuerte que puede hacernos entender de otro modo cuando alguien parte.

Como no dudo que mi papi está en el cielo, sin dudas no necesitaría nada allí, pero creo que hoy en ese cielo hermoso donde mi papá sonríe,  le dieron un premio, le llevaron su amada mascota y allí se quedarán los dos, esperándonos a todos nosotros.

Y tal como yo imagino el cielo, no dudo que hay una manzana cortada en trocitos, lista para que mi papi se la de a Polito, ya no como premio por haber comido toda la cena, sino en agradecimiento por una vida del más puro amor y la más fiel de las compañías.

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Fin