La libreta del corazón

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La libreta del corazón

La libreta del corazón. Cuentos infantiles. Material educativo. Cuentos con moraleja. Cuentos educativos. Imágenes de cuentos.

 
– ¿Qué haces?
– Apunto.
– ¿Qué apuntas?
– Las personas que me quieren.
– ¿cómo vas a estar apuntando las personas que te quieren?, ¡no digas bobadas!
– No son bobadas, yo apunto.
– Y ¿a quién apuntas?
– Uy, llevo ya unas cuantas…
– ¿y para qué las apuntas?
– Para recordar que me quieren.
– ¿y porqué necesitas recordarlo?
– Qué tontería preguntas, pues para lo que se recuerdan las cosas… ¡para no olvidarlo!
– Ah… claro, claro.

Esta niña está cada vez más loca, dijo el niño mientras se alejaba si decirle ya nada más.

La niña prosiguió escribiendo, muy afanosa en su tarea no se dio cuenta de que el niño regresaba…

– Oye ¿te puedo hacer una pregunta?
– Sí, claro.
– ¿porqué hay que recordar a las personas que te quieren? si te quieren, te quieren, ya está, ¿porqué apuntarlas para que no se te olviden?
– Es que cuando sea mayor quiero tener muy claro quienes me han querido.
– Y eso ¿cómo se sabe?
– Es fácil, ¡las que estén en mi libreta!
– Y ¿no tienes miedo a equivocarte con alguna, a dejar de escribir a alguien, a poner a alguién de más?
– Uy, no!, todas las que están en mi libreta son las que me quieren fijo, no hay equivocaciones…

– No sé, a mi eso me parece demasiado… radical, tal vez vayas y te dejes a alguien…
– ¡No me dejo a nadie!
– Bueno, bueno, no te enfades. Y dime, a mi… ¿me has apuntado?
– Hummm, veamos, puessss….. no, no estás.
– Ah, vale, me parece muy bonito ¿pues sabes qué te digo? Que eres una niña repelente, que eres boba, que más te valiera dedicarte a hacer cosas sencillas y productivas, que no te soporto, que ya te puedes ir, que no quiero saber nada de ti ¿te enteras?
– Sí, bueno sí, ya veo, pero oye no te enfades, ¿porqué te enfadas?
– ¿Qué por qué me enfado?, me preguntas ¿qué porqué me enfado?!!, tú lo que eres es una niña…. necia!, arghh, déjame en paz!, ¡olvídame!

El niño se dio la media vuelta para marcharse y de repente paró… escuchó… la niña estaba sollozando…
– Snif, snifff, snifff.
– Eh, oye, bueno, yo no quise decirte tanto, no quise decirlo así, yo es que…
– Buahh, es que eres un bruto, no tenías porqué decir todo eso, no sé, me has hecho sentirme triste… no vuelvas a ser tan brusco ¿vale?
– Vale, lo lamento, yo no quería… yo no quería hacerte llorar, de veras que no.
– Vale, déjalo, olvidalo ya, ya se me pasó, ya estoy bien.

Tras unos segundos de repente la niña de nuevo volvió a romper a llorar…
– Buahh, buahhh, snif, snif
– Pero ¿qué te pasa ahora? ¿he dicho algo más qué…?
– Sniff, snifff. ¡¡buahhh!!!
– Para, para, para ya por favor, yo no quiero que llores, ya te he pedido disculpas dime, ahora ¿porqué lloras tanto?
– Porque , porque, pues porque… ¡¡no sé que hacer!!!
– Eh??, como qué no sabes qué hacer… que no sabes qué hacer… ¿¿con qué??

– Pues… ¡con tu nombre!, dijo la niña recuperando aliento, pasándose la manga de su vestido por sus ojillos y haciendo florecer al mismo tiempo una sonrisa, ¡es que no quiero apuntarlo con faltas de ortografía!

¿Me lo deletreas por favor?

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Algunas personas demostramos así a quienes queremos, dándoles, aunque sea de forma infantil, la certeza de que nos sentiríamos muy mal si no quedásemos apuntados en la libreta… de su corazón.

Fin

Cristina Mena
Autora: Cristina Mena
http://cristinamena.blogspot.com/
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