Por Patricio Guzmán Cárdenas. Cuentos cortos sobre la vejez

La foto es uno de los cuentos para adultos sobre la vejez y el paso del tiempo del escritor Patricio Guzmán Cárdenas. Cuento corto sugerido para adultos.

La foto

La foto - Cuento sobre la vejez

El hombre grande es el que no pierde su corazón de niño. (Mencius).

Era un día soleado, el reloj marcaba las doce; todo concordaba perfectamente con la hora de salida de mi trabajo, y… ¿la ciudad?… empezaba extrañamente a bostezar –lo recuerdo- cuando Amanda, la infaltable visitante del parque de Santo Domingo, cansada de pelear con su vida, acomodara toda su humanidad en una banca, moviéndose un poco a la izquierda, y un poquito a su derecha, mientras ese ruido de pasos inquietos y automóviles en franco movimiento inundaban el lugar, era a decir… el exquisito fluido contaminante de las llamadas “horas pico de la urbe”.

En seguida, como un resorte lento, de lentitud indescriptible, de su bolso negro opacado, extrajo una foto lindamente desfigurada por los años.

-¡Ah, ah!, suspiraba Amanda

-¡Ah, ah!, suspiraba Amanda mientras sus ojos de fugaz inquisición continuaban observando la foto, tenazmente la foto.

Quizás… -pensé y pensé largamente- el testimonio impreso de tiempos mejores, no completamente, no –en mayúsculas- de esta soledad que la estaba tragando por dentro, nauseabundamente tragando. Era simpático pero a la vez estremecedor seguirla observando.

La viraba constantemente, le daba vueltas una y otra vez, en una especie de juego involuntario salido de esas manos añosamente apergaminadas, y… maliciosamente reía con su risa picara y débil, inaudible para la mayoría ¡tan ocupada en sus cosas!

De pronto… en un momento dado, la naturaleza desencadenó un vientecillo, de los cuales… nunca faltan en la Castellana, ¿tomarla desprevenida?, no se dejó, continuaba agarrando maquiavélicamente su foto, su único cordón umbilical al pretérito, ¡no cabía duda!, podía perderlo todo, ¡pero no! su prenda más querida, la foto, aquella foto.

-¡Ah, ah!, volvió a suspirar, mientras su cuello empezaba a erguirse con esa satisfacción de creerse supongo… verdaderamente joven, majestuosamente joven, y… -me pregunté en un acto de reflexión sincera-

¿Qué soñaría una mujer joven metida en un cuerpo anciano?

Fue cuando me decidí, ¿yo?… un extraño, un completo extraño, me acerqué con la curiosidad infantil, una fuerza inexplicable, me empujaba a indagar sobre esa foto de bordes despedazados y tintes amarillentos.

-Ah!, no recuerdo –lo confesaste-

En el momento comprendí porque movía tanto su foto, tenía amnesia, o como dirían los doctores –Demencia Senil por la Edad-

Mi esposo, mis hijos, ¿dónde se encuentran?- murmuraba entre dientes y continuaba -¿por qué no regresan?, van a ver que vengan nomás tarde, no les voy a hacer la comida-.

Amanda seguía arrullando su foto, ¡caramba!, a nadie parecía importarle, ni ella supongo se importaba a sí misma, la depresión iniciaba verdaderas heridas que lamían a la mujer anciana.

Mientras tanto se fugaba el tiempo, escondiéndose entre las luces artificiales, permitiendo que la ciudad se abriera como una loca enamorada entre los brazos anónimos de su fiel noche.

¿El parque?, languidecía su claridad frente a las últimas miradas, que a lo mejor indagaban -¡Jesús! ¿qué hacía una pobre mujer de pelo blanco desde la mañana con una foto?-

¡Ah!, Amanda, Amanda.

¿No te dabas cuenta que los caminantes se dirigían a su refugio?
¿No te dabas cuenta que ya el sol se encogió en el horizonte vidrioso?
¿No te dabas cuenta que tus manos mordidas por el viento empezaron a ponerse frías?, tangencialmente frías.
¿No te dabas cuenta que tu soledad comenzaba a fastidiarte y deseabas con una ansiedad de esas, escapar de este parque?
¿No te dabas cuenta que lo veía todo?
-Adiós- lo dije entre dientes.

Te levantaste y con unos ojos deteriorados por el tiempo, te marchaste implacable e inexorablemente.

¿Continuarás mañana, sentada en la banca de siempre? El reloj de la iglesia, ¿te volverá a observar?

Fin.

*Nota: Al día siguiente, te perdí de vista, indagué y mencionaron: el cielo, ese cielo te congeló para llevarte con los tuyos, y… desgarrarte esa amnesia del carajo que ni tu foto te pudo curar.

*Comentario: En ocasiones somos absorbidos por el tiempo, que nos olvidamos de las personas que están a nuestro alrededor y merecen la atención.

* Nota del Autor.

La foto es uno de los cuentos corto para adultos enviado por el escritor Patricio Guzmán Cárdenas para publicar en EnCuentos.

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