La esperanza del mundo, los niños


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La esperanza del mundo, los niños es uno de los cuentos de navidad de la escritora Marisa Aragón Willner sugerido para niños a partir ocho años.

La población de Casa Natal – ciudad imaginaria del gran planeta Tierra- según el último censo nacional había disminuido sensiblemente, eran unos 45000 habitantes y de ellos unos 90% eran mayores a 65 años, y el 10% restante eran trabajadores de mediana edad.

La mejor noticia era que la mortalidad de ancianos era 0% pero la peor noticia era que las maternidades próximamente cerrarían porque en los últimos veinte años no había nacido niños y entonces asignarían esos recursos a otras poblaciones, ya que por lo visto la clase adulta de Casa Natal prefería vivir con cierto egoísmo y desentenderse de la delicada misión de traer niños al mundo.

Al caer las Navidades por más que la última generación de ancianos, aún ágiles se subían a escaleras y decoraban cenefas y negocios con sus marquesinas coloridas… lo cierto era que la tristeza se apoderaba de los amigos ancianos y los pocos adultos que quedaban, lo sabían al movilizarse a otras ciudades vecinas, que aquí estaba faltando lo más importante para la esperanza de un pueblo, los niños.

Grande era la tristeza de las abuelas, que apelando a su espíritu movilizador se confiaron a Santa, al fin y cabo tenían casi tantos años como él y eran amigos desde la infancia.

– Hola Santa, somos las abuelas de Casa Natal ¿Nos recuerdas Santa? estamos muy preocupadas porque hemos perdido a los niños de esta ciudad, un viento gris corre entre arbolitos adornados, pero las jugueterías no venderán sus juguetes otro año más y todo parece envejecido en Casa Natal dinos ¿Nos harías un grandísimo favor? ¿Cómo haremos para tener niños en nuestro pueblo?

Santa se atusó la larga barba blanca, sus ojitos azules se empequeñecieron un rato como cuando piensa grandes temas de distribución de juguetes por el mundo y de pronto tuvo una idea, mirando a las abuelitas, les sonrió mientras respondía

– Mirad hermosas damas abuelas, hay lugares del mundo donde hay muchos niños y no hay abuelos, otros lugares donde hay niños huérfanos y otros lugares donde los grandes aún solos conservan su alma de niños. El tema es que no puedo transportar niños hacia donde hay abuelas, ni abuelas hacia donde hay niños, es algo que prohíbe el Gran Asesor de Tránsito Navideño, y mi licencia de conducir -dice Santa- ¡Solo transporte de Juguetes !

– ¿Entonces, qué podremos hacer Santa?

– Mirad, Podéis ser mis colaboradores esta Navidad? -Siiiiiiiii, dijeron al unísono las abuelas

-¿Cómo quieres que colaboremos?

– Llamad a los abuelos también, porque necesitaremos su ayuda para bajar un carro entero de cartas que me han escrito los niños solos de todo el mundo ¡Mirad de dónde vienen! ¡Países muy lejanos, niños pequeños que no podremos conocer! Ellos no tienen abuelos que les respondan y por cierto empiezan sus cartitas diciendo “¡Querido Santa , yo sé que soy un niño/ una niña muy pobre que no tiene ni un juguete , pero sé que tal vez puedas ayudar a mis papás a conseguir un juguete para mí y mis hermanitos, o para mis hermanitos yo no importo!” y así cada cartita con un deseo sagrado de un niño o una niña (hice una lista con una larga enumeración de autitos, muñecas, escobitas para limpiar, tacitas para jugar a tomar té, baldecitos de arena y pelotas de trapo, camioncitos, cofrecitos de lata, trencitos de madera ..etc. ¡Estos niños necesitan un verdadero cariño de abuelos, vamos a hacer juntos algo por todos ellos!

-¿Me ayudarían a hacerle una carta en respuesta a cada niño y a cada niña como si fueran abuelos de ellos?

-Siiii- volvieron a decir las abuelas mientras secaban sus ojos pequeños con los bordes de sus delantales,-llamaremos a los abuelos, que vendrán contentos … y se fueron a sus casas a convocarlos.

Al rato era una comitiva inmensa de Abuelos colaborando con Santa Claus, organizaron mesas, clasificaron la correspondencia, los que escribían mejor se hicieron cargo de las respuestas porque los niños prefieren las letras claras, los que conocían países, escribieron en otros idiomas, y agruparon las cartas por zona y los que tenían amigos en el correo consiguieron estampillas de Navidad para que todo estuviera como lo esperaban los niños, y una verdadera carta de Papá Noel y sus ayudantes llegara a cada hogar.

-¡Qué extraño Santa, en las listas no hay autos eléctricos, ni robots, ni tablets, ni alfombras musicales, ni Starwars, ni teléfonos pepa Pig con luces ni sonidos! – dijeron los abuelos que eran señores muy informados de lo que sucede en el mundo.

-Queridos Abuelos, estos niños son muy pobres y no conocen los caros juguetes de la ciudad , ellos casi ni esperan un regalo acostumbrados a que nunca llega Papá Noel para ellos, así que se pondrán muy contentos con lo que les podamos enviar- dijo Santa.

Con sus manos y tiempo, con su ingenio, anotaron en una gran pizarra nombres, países y juguetes, y entre todos construyeron juguetes con maderas que lustraron o pintaron prolijamente, tejieron medias y pusieron golosinas dentroç, pizarras con tizas de colores para los que querían escribir, reciclaron papel e imágenes y armaron libros de cuentos para los que querían leer; hicieron colectas, movilizaron a los comerciantes, pidieron crédito en la juguetería y armaron pequeños paquetes con regalos de Navidad con los cuales partió Santa en viaje especial a hogares donde hacía años no llegaba.

Esta tarea les demandó hasta casi la Noche de Navidad y cuando ya caían exhaustos pero felices los ancianos abuelos, sin sentir problemas de presión alta ni dolores de espalda, oyeron las doce campanadas recordando el Nacimiento de Jesús en Casa Natal y se sintieron muy orgullosos de haber hecho posible la Navidad de los niños solos, de los niños muy pobres, y la suya propia porque se sintieron menos solos sin echar de menos los nietos que no tenían, porque la experiencia los había hecho sentir abuelos de tantos niños del mundo.

Dicen que dicen, que muchos niños pudieron responder esas cartitas a un abuelo o a una abuela de Casa Natal y que ahora es más frecuente que se escriban haciendo de este vínculo por medio de cartitas un milagro que necesitaba el Espíritu de la Navidad para alegrar al mundo.

Dicen que en Casa Natal los abuelos ahora viven más de cien años, de felices que están de ser ayudantes de Santa y cartearse con los niños del mundo.

Cuando crezcan los niños más grandes, le han prometido a Papá Noel ser sus nuevos colaboradores. Y es así que cuando das amor, también estás recibiendo Amor y multiplicando con alegría tus dones.

Pdta., si tienes un juguete que no usas, haz un paquetito y envíalo a los abuelos de Casa Natal de tu zona y haz feliz a un niño en Navidad.

Fin

La esperanza del mundo, los niños es uno de los cuentos de navidad de la escritora Marisa Aragón Willner sugerido para niños a partir ocho años.

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