Iguales. Cuentos educativos

Iguales. Cuentos educativos

Imprimir Imprimir
¿Quiere calificar esta publicación?

Iguales. Cuentos educativos

Martín y Elanor jugaban en el patio a policías y ladrones, Martín era el ladrón y Elanor la policía.

Mientras, en la cocina mamá preparaba unos deliciosos berlines. Cuando los hubo acabado y el azúcar flor espolvoreó se asomó por la ventana y a los niños llamó.

– ¡A lavarse las manos que voy a servir!

Presurosos los pequeños frente a ella se presentaron y con gran impaciencia los berlines exigieron. El primero en requerirlo fue Martín quien siendo varón con privilegios se sintió.

– ¡Dame a mí el primero, pues soy varón.

– No es justo- exclamó Elanor- somos hermanos y tenemos los mismos derechos.

El debate de los pequeños se extendió por algunos segundos olvidando por un momento que eran contemplados por mamá.

– ¡A ver, a ver, a ver…! hagan el favor de bajar el volumen y callarse de una vez –
exigió mamá.

Obedientemente los niños callaron y a su mamá observaron.

– Dime, Martín ¿Por qué crees que tienes más derechos que tu hermana?

– Porque soy hombre, por qué más. A los hombres se nos sirve en la mesa y se nos
plancha la ropa.

– Pero… ¡ mamá, mamá! eso no es justo – intervino Elanor – si fuera por eso a mi me
darían todo primero pues soy la mayor.

Nuevamente en un debate los pequeños se enfrentaron olvidando por segunda vez que mamá los contemplaba.

– ¿De dónde sacas esas ideas Martín? – preguntó mamá.

– Ayer en casa de los abuelos, vi como la Lela planchaba y planchaba sin parar y de cansada a ratos se sentaba. Entonces le pregunté si la podía ayudar, pero antes de que contestara el Tata me dijo – que cosas dices mi niño, vaya a jugar o a sentarse en la mesa, que a los hombres se nos sirve y se nos plancha la ropa.

Mamá no podía creer lo que oía. Su hijo había sido contaminado con las antiguas ideas machistas de su tata. – Ya me haré cargo de mi papá – pensó, mientras meditaba en la forma de corregir a sus hijos.

Mamá dejó los berlines sobre la mesa y juntó a sus hijos en el piso se sentó.

Puedes seguir leyendo: Cuentos de Animales en EnCuentos

– Les voy a contar una pequeña historia – dijo mamá – presten mucha atención.

“Ocurrió una vez en el lejano país de las letras, que las A, comenzaron a mirar con desprecio a las demás. Ellas se sentían superiores pues eran vocales y además las primeras en el abecedario. Un día apareció por la zona una O, que se encontraba extraviada. Al ver a las A reunidas se acercó alegremente buscando compañía. Pero las A con desden la ignoraron y de ella se apartaron. Más tarde, cuando el Sol se preparaba a dormir, se presentó en el lugar El Señor Lápiz. No había en el país personaje más ilustre. De madera pintada naranja, coronaba su cuerpo una brillante y circular lata color bronce que sostenía en su interior una impecable goma de borrar. Al advertir las A la formidable visita se apresuraron a su encuentro.

– ¿Cómo están mis amigas? – las saludó – mientras algunas sonrojadas muy coquetas se sintieron.

– He venido buscando un favor – dijo – Mi esposa y yo estaremos de aniversario
mañana y deseo demostrarle con una palabra mis sentimientos por ella.

– ¿Y que palabra puede ser tan importante que represente lo que usted siente? –
preguntó una de las A.

– Amor – respondió el lápiz – No hay palabra más poderosa en el mundo.

– Pero amor se escribe con cuatro letras y nosotras solo somos A – dijo una de
ellas.

– ¿Hay otra forma de expresar esa palabra? – preguntó otra de ellas.

– No, no la hay – respondió el lápiz mientras las observaba – si faltara cualquiera
de las demás, la palabra no tendría sentido. Como ven – continuo el lápiz – todas las letras son igual de importantes.

Las A avergonzadas por su comportamiento comprendieron la importancia de todas las letras y sin perder el tiempo reunieron a las demás, incluyendo a la solitaria O que ahora había encontrado la compañía que buscaba”

Un breve silencio inundó la cocina al tiempo que Martín y Elanor con la vista baja se sintieron avergonzados.

– ¿Han comprendido la enseñanza? – preguntó mamá – mientras ellos meneaban la cabeza en señal de afirmación.

– Todos somos iguales y tenemos los mismos derechos – dijo Martín.

– Y aunque tú seas varón y tu hermana mayor, ambos comparten los mismos
privilegios. Además yo los quiero por igual – dijo finalmente mamá.

Martín y Elanor agradecieron la enseñanza y juntos comieron los deliciosos berlines para nuevamente salir a jugar.

Fin

 

Puedes seguir leyendo: Cuentos Clásicos en Encuentos

Iguales. Cuentos educativos. Lecturas para niños de primaria. Historias para aprender. Literatura infantil y juvenil, cuentos que no pasan de moda.

Imprimir Imprimir