Flores para mi hermano es uno de los cuentos de misterio de la escritora Raquel Eugenia Roldán de la Fuente sugerido para adolescentes, jóvenes y adultos.

Durante dos años o más luego de que murió mi hermano, mi mamá y yo íbamos cada mes al panteón, a rezarle y a llevarle flores para que supiera que no lo habíamos olvidado al dejarlo en la paz y soledad del cementerio.

Desde los primeros meses encontré muy laborioso y desagradable tener que llegar a quitar las flores secas del mes anterior. Además, no había agua cerca y tenía que acarrearla con una cubeta, desde la entrada del panteón.

Discurrí entonces llevarle unas flores artificiales. Mamá no aprobaba la idea al principio, pero conseguí unas flores tan bonitas que parecían naturales; hasta se antojaba olerlas y sólo así se daba uno cuenta de que eran de plástico. Además, argumenté, mi hermano tendría flores bonitas siempre y no sólo durante unos días, mientras estuvieran frescas. Así que llevamos las flores de plástico.

Al mes siguiente, al llegar notamos que no estaban las flores. Los floreros junto a la lápida estaban vacíos. Miré para todas partes y alcancé a ver las flores más allá, en una tumba vecina donde dormía otro difunto.

Fui por ellas y miré las fechas; una mujer que la semana anterior acababa de cumplir ocho años de muerta, y un hombre, difunto hacía menos de cinco años.

Regresé con las flores de mi hermano y las estaba acomodando en el florero cuando vi a alguien parado frente a mí. Alcé la vista y vi a un hombre, su rostro estaba vuelto hacia mí pero no pude verlo porque el sol, atrás de él, me deslumbraba; los cipreses de la avenida central del cementerio enmarcaban su figura.

Era un hombre bastante mayor, bien vestido, que me preguntó con tono agrio:

-“¿Por qué quitó esas flores de la tumba de mi esposa?”

-“Señor, estas flores las traje yo para mi hermano, que está enterrado aquí”.

-“No, señora”, me respondió, molesto. “Esas flores las traje para mi esposa que está en aquella tumba, haga el favor de devolvérmelas”.

Me moví un poco para poder ver su cara, y me pareció un semblante muy agradable. Usaba lentes, tenía un bigote blanco y sus ojos, color castaño, confirmaban el enfado de su voz. Nos miramos mi mamá y yo.

En su mirada pude ver que ella abogaba por no discutir ni pelear. Total, sólo eran unas flores, podríamos traer otras un mes después. Le di las flores al señor y pude ver cómo las colocaba con amor en la tumba de su esposa. No nos dimos cuenta en qué momento se fue, cuando nosotras terminamos de rezar por mi hermano, el hombre ya se había marchado.

Unos meses después, el día de nuestra visita, vimos que junto a aquella tumba, donde estaban las flores todavía, un grupo de varias personas realizaban una visita a sus difuntos. Me acerqué a ellos, no sé bien por qué, pues no pensaba reclamar mis flores, si acaso comentar el suceso con esas personas.

Cuando les hablé de ello me miraron intrigados y me preguntaron cómo era el hombre. Se lo describí, pues lo recordaba bien, y movieron la cabeza con incredulidad. “Es mi papá”, me dijo una señora, “pero él está enterrado aquí también, junto a mi mamá; ayer cumplió cinco años de muerto”.

Fin

Flores para mi hermano es uno de los cuentos de misterio de la escritora Raquel Eugenia Roldán de la Fuente sugerido para adolescentes, jóvenes y adultos.

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