El niño curioso


Imprimir Imprimir

El niño curioso

En un pueblito pequeño vivía un niño muy inquieto y conversador, le gustaba jugar beisbol, correr, saltar y también tocaba el contrabajo en la Orquesta Sinfónica de su pueblo. Este niño se llamaba Miguel Alejandro, pero por cariño le decían Miguelón.

Miguelón era muy curioso, le gustaba registrar los rincones de los depósitos, los nidos que estaban en las ramas más bajas, las cajas viejas y hasta los agujeros de los árboles.
Un día Miguelón fue al campo con su papá, quien le dijo:

– Ten cuidado con las vacas y los caballos, te pueden patear si te les acercas mucho.

-Si, papi. Está bien.

Y el papá de Miguelón se fue en un tractor a revisar el cercado de la hacienda, dejando a Miguelón en la casa del campo. Pero el niño se sintió aburrido, cansado de jugar con su videojuego y decidió salir a campo abierto. Caminó hasta unos arbustos y revisó los nidos más bajitos para ver los pichones.

Las palomitas salían asustadas y se posaban en otro arbusto observando lo que pasaría con sus polluelos. Pero Miguelón no les hacía daño. Sólo los observaba y tocaba sus cabecitas.

Siguió caminando y encontró un árbol con un agujero profundo. Sintió curiosidad al escuchar un zumbido allí dentro. Pensó que era un pichón de algún ave que había anidado en lo más profundo y dijo:

– Debe ser un lindo pichoncito multicolor, se lo llevaré de regalo a mi mamita.

Dentro del agujero no se veía nada y el zumbido seguía allí, metió su manito pero no tocaba nada.

Decidió ir más abajo y tocó algo un poco suave y cuando lo aprisionó para sacarlo… una terrible y dolorosa punzada dio en su manito.

¡Tremenda sorpresa se ha llevado, pues en vez de ave, un cigarrón le ha picado!

Se sacude y se sacude, pero el cigarrón sigue pegado. ¡Pobre Miguelón muchas lágrimas ha derramado! Corre y corre hasta la casa, llamando a su papito, quien viene en su tractor al escuchar aquellos gritos!

-¡Papito, papito, un insecto me ha picado, aunque bien yo me he portado!

-¡Ay Miguelón no te creo, aunque advertencias te hice, igual desobedeciste!

La manito se le hinchó y hasta el brazo le dolió. Le dio fiebre en la noche y al Doctor fue llevado en coche. Con tratamiento, inyección, compresitas y mucho amor. Los cuidados de mamita y los remedios del Doctor, Miguelón ya se sanó.

Ahora van a aquellos campos y muy bien se ha portado. No revisa ni los nidos, mucho menos agujeros. Ya aprendió la lección, no le gusta el cigarrón.

Fin

Moraleja: los niños deben ser muy cuidadosos ante lo desconocido. Pedir la orientación y consejos de los adultos para evitar accidentes con animales y objetos.

Puedes seguir leyendo: Cuentos Clásicos en Encuentos

El niño curioso. Lecturas para niños de primaria. Historias para aprender. Literatura infantil y juvenil, cuentos que no pasan de moda.

Imprimir Imprimir