El dibujo que salvó al parque

El dibujo que salvó al parque

El dibujo que salvó al parque

El dibujo que salvó al parque. Alejandra Fort Brugnini, escritora uruguaya. Cuento infantil.

Juan y Clarita habían ido al parque con su mamá. Un grupo de palomas se bañaban en las aguas de una fuente de piedra que estaba cubierta de musgo.

Unos pececitos se escondían debajo de plantas acuáticas, en espera de que las aves terminaran su baño. Algunos niños y niñas estaban en las hamacas y el tobogán, mientras que otros paseaban en un carro tirado por un caballo.

El cuidador del parque lo guiaba e iba diciéndoles a todos los nombres de los distintos árboles, plantas y flores que veían.

-Mamá, le dijo la niña a su madre, ¿Por qué les brilla el cuellito a las palomas…?

-Hace mucho tiempo, le respondió ella, estas avecitas le tenían miedo a la lluvia y se quedaban en sus nidos. Cierta tarde, había una gran tormenta y llovía mucho. El Sol se estaba por ocultar detrás del horizonte. De repente, los rayos solares salieron a través de las nubes y las tiñeron de distintos colores. Las palomas sintieron que esto era algo hermoso y decidieron acercarse para apreciarlo mejor. A pesar del temor que tenían, volaron en dirección a las nubes.

Después de un largo vuelo llegaron a donde se encontraban éstas, quienes desearon darles un premio por lo valientes que habían sido. Cada paloma recibió un collar de luz. Todas lo pusieron en sus cuellos. Es por eso Clari, que cuando el Sol los ilumina, puedes ver que tienen esos bellos colores ahí.

-Gracias por el cuento, mami…, dijo la niña.

-Juan y Clarita, es hora de levantarse, le dijo su madre a los niños. Vamos que es de día y está lindo hoy. Ya han llegado los pintores. Quitarán los hongos, las humedades y la pintura vieja del techo de su dormitorio para luego poner una nueva.

-Pero mamá, dijeron ellos muy sorprendidos y recién despertados, ¿no ves que no son hongos lo que hay en el techo…? Son imágenes de un parque, una fuente y palomitas.

-Quédate con nosotros y verás lo que sucede cuando la luz de la mañana entra por la ventana. Las palomas se convierten en garzas brillantes como la luna y al caballo que tira del carro le crecen alas y vuela…, dijo Juan.

-La piedra de la fuente se convierte en nácar y los peces dejan de esconderse, agregó Clarita.

La madre los miró con cariño y les dio un abrazo. -Vengan a desayunar, les dijo. Dejemos pasar a los pintores para que hagan su trabajo, que luego nosotros haremos el nuestro.

Los niños le hicieron caso, bastante entristecidos. No bien hubieron terminado el desayuno, ella les trajo una gran hoja de papel, marcadores y lápices de colores. Y dibujaron ahí, al parque, las palomas y todo lo que veían en el techo antes de que fuera pintado otra vez.

Cada mañana el Sol alumbra la habitación de Clarita y Juan. Pero lo que más brilla es el rostro de ellos cuando miran el dibujo que ambos hicieron y su mamá pegó luego en una de las paredes.

Fin

 

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