El cráter de los sueños

El cráter de los sueños

El cráter de los sueños

El cráter de los sueños. Kike el duende, escritor español. Cuentos infantiles. Extraído de libro “Desde los cráteres a la luna”

Cada mañana me pregunta Luna cuando me levanto: ¿Qué has soñado? Y yo le contesto: A veces sueño sueños. Un país de caramelo donde me escondo y me pierdo, una habitación llena de juguetes o una cueva en la playa donde juego con mis amiguetes. Sueño con viajes y tomo helados de estrellas con brebajes.

Pero ya tengo casi nueve años y esta historia es para los más pequeños, os llevaré pues hasta el cráter de los sueños. Os abriré la puerta, pero yo no debo entrar y me daré media vuelta. Esta puerta se abre cuando en tu cama cierras los ojos, estás en tu cama, entre tus sábanas, en un mundo fantástico que aparece, que nace y con el paso de las horas, crece.

No esperes más y sueña. Imagina que ya estás soñando. Siempre te preguntaste por qué la sábana de arriba de nuestra cama la ponemos al revés, con los dibujos hacia el interior de la cama y doblamos unos treinta centímetros que asoman por encima de la manta. Ese es el trozo que queda al derecho, con dibujos, animales y flores, simplemente lo que nos gusta, que nos tapen un montón de colores. Se hace así para que una vez acostados en nuestra cama, las dos sábanas, la de arriba y la de abajo, toquen nuestro cuerpo con sus dibujos, para que estemos en contacto con ese mundo de los sueños y en él vivamos, durmamos o no durmamos.

La pequeña parte de la sábana que doblamos sobre la manta mantiene la habitación con esa magia que envuelve a la noche, para que, aunque estemos despiertos, nos entretenga antes de entrar en nuestros sueños. Continuamos con los ojos cerrados entre las sábanas y dormimos.

Los más pequeños tan solo sueñan con juguetes, con animales de lana y con viajes en cohetes. Con sonrisas y caricias, con saltar entre las olas y con muchas flores, con mariposas y gominolas. Y hablando de gominolas, los mejores sueños están llenos de olas, de saludos, holas, de caracolas, de algunas trolas, de amapolas, de dragones con grandes colas, de cristalinas bolas y, para despertar, saber que nunca vas a estar sola.

También entre las sábanas existen mil parques con arena y toboganes, puedes caminar por el techo o sentarte en el aire, navegar en bicicleta, bucear por tuberías o correr como un tren por las vías. Sueñas con jardines de niños, con patinetes y patines, con escapar de las verduras, de monstruos y de alturas pero, pregúntame porqué muchas veces no te acuerdas de lo que sueñas.

¿Por qué muchas veces no me acuerdo de lo que sueño? -me preguntas. Porque simplemente no eres el dueño. Porque todo se queda entre las sábanas, lo que sueñas hoy, mañana y toda la semana. Ahí, entre ellas, nacen como te dije, los sueños, crecen y te enriquecen, te llevan y te traen, te destapan y te tapan, te sudan y desnudan, te llaman y te arañan. Si la sábana es de lana, de ella no se escapa nada. Si es de lino, a algunos sueños dejará ir contigo.

Si es de algodón, algunos se quedarán pero los más bonitos no. Si la sábana fuera de paja, solo tres sueños al mes escaparían de tu cama. Si fuera de madera, ninguno podría salir fuera. Si la sábana fuera de agua, en ella los sueños navegarían en piragua y si la sábana fuera de fuego, los sueños te llevarían muy lejos pero te traerían luego. Por último, si la sábana fuera de franela, soñarías con mil frutas, con peras o ciruelas, con un barquito de vela o un pastel de canela.

¡Ay, los sueños, los sueños! De algunos te acordarás y de otros no, pero no te olvides que para tenerlos solo hay que tener ganas y que estés a gusto entre las sábanas.

Fin

 

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