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Gauchos y Desierto. Cuentos cortos de Gauchos

Cuentos cortos de gauchos - Rancho

Por María Teresa Di Dio. Cuentos cortos

La escritora María Teresa Di Dio nos regala dos cuentos cortos de gauchos. En primer lugar, Gauchos es un cuentos de la colección Cuentos de Amistad que fue incluido por el gobierno de Brasil en libros de enseñanza del castellano para escuelas públicas y privadas del sur del país. Sugerido tanto para para jóvenes como adultos.

Gauchos

Cuentos cortos de gauchos - Rancho

Un ranchito se pierde en la inmensidad de la llanura pampeana, un solo árbol lo resguarda del sol abrazador. Adentro el piso de tierra recién regado refresca un tanto el calor agobiante de ese verano.

El techo de paja vizcachera guarda el color del entorno, las paredes de ladrillos de barro se confunden con el paisaje desolado dónde los indios aún se entremezclaban con la paisanada.

Una figura se acerca lentamente con paso perezoso por el polvoriento camino que lleva al rancho, su altura lo hace parecer aún más delgado. Saluda con un gesto amable a los dueños de la vivienda, de acento extranjero y dulce mirada aquél francés apenas balbucea algunas palabras en castellano.

Desde adentro un perfume a frituras con su olor a grasa modelaba las tortas fritas y el mate.

– «Arrímese no más… siempre tengo un lugar en mi mesa para los viajeros.»

Sin preguntar nada aquél gaucho compartió la tarde y los mates con ese francés. Agradeció, extendió la mano y dibujó una sonrisa- me llamo Sergei Y de allí nació una leyenda del que sería ¡¡¡un gran domador de caballos!!!

Con el correr de los años Sergei se casó con una mujer de las Pampas Argentinas [7], la amistad que le brindó ese gaucho perduraría para toda la vida.

Fin.

En segundo lugar, Desierto es otro bello cuento sobre gauchos argentinos de la misma autora.

Desierto

Cuento-de-gauchos - Desierto

No hay más que soledad, todo es desierto, el sol está colgado y parece encadenado al cielo. Un crujir de pastos secos lo saca de sus pensamientos, su noble animal se remueve inquieto…

Termina el trabajo arreglando el alambrado, cae la tarde, la garganta arde de tanta sequedad y polvo.

Algunas veces tanta sequedad causaba incendios que arrasaban con todo el pajonal y algunos piquillines que cada tanto salpicaban la agreste llanura.

Piensa en su amada… ya tendrá preparado el mate, con los patacones que gane vendiendo algunas ovejas le podrá comprar ese vestido que tanto le gusta a su china.

Toda la pampa es pasto seco, hasta donde puede ver el horizonte se vislumbran relámpagos ¿lloverá? Se hace esa pregunta cada vez que ve tormenta, pero esta se hace desear. La sequía que lleva ocho meses ya arrasó con sembrados y animales.

Nicanor hace las tareas a conciencia, esas pocas leguas que le dejó su padre, apenas les da para sobrevivir, las tierras secas que no dan sus frutos como desearía, algunas veces desearía estar trabajando de puestero en alguna estancia más al norte.

Sabía de ello, pues un amigo de paso le comentó que más al norte, las zonas eran verdes y los campos rendían al máximo con el pastoreo.

Su rancho confundido con el color de la tierra parece endeble, pero las anchas paredes de barro le otorgan esa fortaleza capaz de resistir los fuertes vientos de la Patagonia [8].

Tan sólo él y la madre de su pequeño hijo residen en ese paramo, algunas gallinas ovejas y dos caballos que utiliza para atar a su carruaje, que cada tanto carga de leña de chañar y piquillín para mantener el calor durante el invierno.

Los chañares les regalan sus flores amarillas en las primaveras y luego los frutos rojizos de sabor dulzón y comestibles que hacen las delicias, dónde no hay otras frutas.

Un rayo restalla en la lejanía y un viento con olor a humedad le llega a la nariz, monta su blanco animal y al galope se dirige al rancho.

Tal cómo había pensado allí se olía a tortas fritas y el mate le calmó el resuello [9] reseco, mientras su gurí gateaba sobre el suelo de tierra, los truenos lo asustaron.

Así era, no conocía los truenos, lo calmó oteando por el ventanuco la lluvia se acercaba.

Desde el horizonte llegaba para quedarse la tormenta, con lluvias que darían un poco de respiro y algunos kilos a los animales con el reverdecer de los pastos.

Ese día la única comida eran las tortas fritas y el mate, mañana podría pensar en matar una gallina. La lluvia traía un tiempo de buena racha.

En ese momento hizo un punto, una línea de conducta que se iría afianzando con el tiempo.

Con la consabida lucha del día a día tratando de mejorar y de progresar para su familia y los hijos que más tarde seguro llegarían.

Fin.

«En este cuento reflejo un poco de lo difícil que fue para los primeros habitantes de la Patagonia. La extensa región de la Patagonia abarca las provincias de Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Neuquén dos de ella solamente en parte, Mendoza y La Pampa.«

María Teresa Di Dio

Desierto es un cuento corto de gaucho que también nos envió la escritora Maria Teresa Di Dio para publicar en el sitio.

Sobre María Teresa Di Dio

María Teresa Di Dio - Escritora

«Soy nacida en Buenos Aires, Argentina. Actualmente vivo en Bahía Blanca [10] y, desde hace muchos años. Soy madre de tres hijos, abuela y bisabuela.»

Con numerosos premios y diplomas de honor, posee dieciocho antologías y dos libros infantiles. Entre ellas dos «Por la Paz del Mundo», de Poetas del Mundo, publicados en Australia y que se encuentran en la biblioteca de Canberra. Además, fue nombrada en 2014 Embajadora de la Paz.

Colabora con programa Diamante en libros infantiles ya en su sexto libro virtual. Es presidente de Unión Hispano Mundial de Escritores en filial Bahía Blanca.