Soledad

Soledad. Lydia Giménez Llort, escritora española. Cuento sobre la soledad. Cuentos para reflexionar.

Mi vida era, simple y llanamente, normal. Y de repente, de repente, sin preguntar si era buen momento, sin preguntar si estaba preparada, sin preguntar si me veía capaz…alguien se acercó para susurrarme algo al oído. Lo hizo sigilosamente, con pasitos cortos y suaves, como el que teme despertar a un bebé recién dormido…

Fueron sólo cuatro palabras, breves, entrecortadas por largos silencios, zurcidas entre sí por el dolor y el miedo. Tenían por sujeto alguien que jamás soñó con tan desgraciado predicado.

Y así, pasando de la vida normal al peor de los sueños, sentí como el mundo se detenía. Simplemente, dejó de girar. Los minutos, las horas pasaron y mi mundo tenía muchas otras razones pero le faltaban fuerzas para dar una vuelta más. Así me sentí, durante ése y muchos otros días, demasiados días.

Incredulidad, culpa, desconsuelo y soledad.
Culpa, desconsuelo y soledad.
Desconsuelo y soledad.
Soledad.
Soledad, soledad.
Eterna soledad.

¿Cómo podía sentirse tanto vacío estando rodeado de quienes aún te aman?
¿Cómo sobrevivir siendo una gota de agua en medio de un ardiente desierto?
¿Cómo levantar la llama que sin aire se ahoga?
¿Cómo surcar el mar en velero en contra del viento?
¿Cómo nadar si ya no existe el mar?
Conmigo misma, a solas, fui buscando respuestas, como el ciego que camina en un bosque sin guía.

Durante aquellos primeros meses su recuerdo irrumpía en mi pensamiento a todas horas, atropelladamente, sin previo aviso. Más tarde empezó a entrar en él tímidamente, para luego ir difuminándose de tanto pasearse hasta, poco a poco, convertirse en fiel compañero. Y fue así, casi sin darme cuenta, como su estela de luz iluminó mi camino con la levedad propia de un ángel. Y aunque sigo sintiéndome sola, algunas veces, cuando a nadie tiene por testigo, noto que se me acerca. No pregunta si es buen momento, ni si estoy preparada, ni si me veo capaz. Él da por hecho que le he tendido mi mano. Es entonces, cuando siento la ternura de su pueril sonrisa que llena mi vacío y en medio de traviesas risas me hace creer que soy oasis. Percibo la suave caricia de un soplo de aire que alienta mi alma y cambia el rumbo de mis pensamientos. Lloro, lloro como una niña…y al verme inmersa en el mar de lágrimas me reconcilio con Dios.

Fin

Las palabras enmudecen porque no saben cómo dar consuelo.

Justo ahora, por estas mismas fechas, hace un año, mi amiga y ‘alita gemela’ Liz Johnson me invitó a escribir sobre lo que sentí con la muerte de Michael. Acepté, aún sabiendo que no podría. Había escrito “Vuela, mariposa, vuela” pero me veía incapaz de escribir sobre la muerte que te desgarra… aquella que llega a destiempo, amarga y desgraciadamente prematura. La muerte de Michael no fue la primera, y con cada gran pérdida inesperada, el sentimiento de impotencia y soledad, crece, se endurece, en lugar de ayudarte a comprender.

A pocos días de cerrar la edición del libro de Liz, una historia de él, de Michael, titulada “Suficiente por hoy” de su libro “Dancing the Dream” ( http://youtu.be/d4WweD-F5DA ) que relata su vivencia espiritual al saber de la muerte de unos delfines, me ayudó a iniciar mi viaje interior, ese que había inútilmente postergado, hacia las temidas tinieblas del dolor.

Éste es el texto que le envié a Liz para incluir en su libro “Dear Michael, Mensajero de Amor”. Hoy, un año y tres días después de escribirlo, he logrado volver a visitar el fondo de mi corazón, para añadirle aquella música y las imágenes que vi en él, allí donde anidan nombres… los de mis tíos y de mi sobrina, los de mis amigas y el de Michael.

Las palabras enmudecen cuando no saben como dar consuelo. Pero un día, encuentran la melodía que les da fuerza para poder ayudar a aliviar un poquito el alma e intentar iniciar el camino para reconciliarse con Dios.

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Música/Music: “Because I love you”, Yiruma
Fotos/Pictures: Google Search.

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