El símbolo

Historias de navidad con Papa Noel

El símbolo. Historias de navidad con Papa Noel.

Historias de navidad con Papa Noel para niños de la escritora Liana Castello.

Siempre amé la Navidad. Desde que tengo recuerdo siempre ha sido y sigue siendo la época del año que más disfruto.

Una mezcla de hermosas sensaciones se instalan en mi alma. Por un lado, el milagro de saber que Dios se hace niño cada año y que –desde ese pesebre despojado de todo lujo- nos ofrece la más grande de las riquezas. Y si bien sé que en ese humilde pesebre se encuentra el verdadero sentido y milagro de la Navidad, hay otro gran encanto que yo encuentro en esos días.

Cada diciembre, como si volviese a ser niña, me maravillan las vidrieras colmadas de adornos navideños. Puedo pasar horas extasiada mirando renos, moños, estrellas, duendes. Mis ojos se tiñen de verde, rojo, blanco y dorado y mis oídos escuchan villancicos que ya nadie canta.

Siempre sentí que era una de las más hermosas épocas para demostrar cuánto queremos a los nuestros. Cada diciembre, mi casa se viste de esos mágicos colores y luce de fiesta no sólo para recibir al niño Dios, sino a nuestra familia y amigos.

En esos días, mi hogar tiene aromas a garrapiñada casera, a budines y mermeladas, se llena de cintas, papeles decorados y paquetes cuyo contenido es mucho más que algo comestible. El contenido es el inmenso amor que yo pongo en cada uno de esos regalos que hago con mis manos.

Este diciembre es diferente. Hace un tiempo que sé que mi padre está muy enfermo y mi corazón se colmó de una profunda tristeza. Hoy nada es igual, ni para él, ni para quienes tanto lo amamos.

Me pregunté un día –entre las tantas preguntas que surgen en momentos como estos- ¿cómo sería esta Navidad?

Algo fundamental no cambiaría: el niño Dios volvería a nacer porque Dios está siempre, más allá de las enfermedades, de la vida con sus vaivenes y más allá de la muerte misma.

Sé que este año mi casa no tendrá esos aromas típicos de dulces navideños, pues ese tiempo que con tanto amor dedicaba a esas tareas, se lo dedicaré aún con más amor a mi padre.
Sin embargo, sentí en mi corazón que no debía dejar de vestir mi casa de esos colores que amo porque en ella viven mis hijos y porque el niño Dios nos visitará igual.

Me pregunté también si tendría ganas de cumplir con un ritual que cumplo hace años: comprar un nuevo adorno navideño para mi hogar. Sentí que tal vez era tonto pensar en eso en la situación en la que estoy, con tantas cosas más importantes que pensar, pero la respuesta a mi pregunta vino sola.

Un día, estando en el supermercado, mis ojos volvieron a maravillarse con todos los adornos que ya se exhibían y especialmente me detuve en un muñeco de paño, un Papá Noel suave, de ojos dulces, llenito de regalos, panzón y con una barba blanquita como la más bellas de las nubes.

Me quedé mirándolo, como esperando que algo me dijera y sentí que él me miraba también. Y así me quedé un rato con ganas de comprarlo, con deseos de que ése fuese mi adorno nuevo para mi hogar. No estaba segura de que cumplir con mi ritual no fuese desubicado en el contexto de mi situación familiar.

Y así nos quedamos un rato largo, mirándonos y yo sin saber qué hacer. Su carita era especial, pero mi diciembre también.

De pronto me di cuenta de algo, ese hermoso muñeco de paño era un símbolo. Un símbolo de una hermosa costumbre que disfrutamos con mis hijos, un símbolo de que mi casa no es sólo una casa, sino un hogar, un símbolo de que a pesar de ser una mujer grande, puedo tener la capacidad que tienen los niños de disfrutar de ciertas cosas.

Finalmente lo compré y le buscaré un hermoso lugar en mi casa y desde allí él se acomodará feliz acompañándome en esta Navidad tan distinta a las demás y seguirá estando con nosotros aún cuando mi padre ya no esté.

No creo que haya sido una casualidad encontrarlo allí como esperándome en el supermercado, no posé mis ojos es un reno, ni en un duende, ni en una corona navideña, sino en un Papá Noel, seguramente con la inmensa necesidad de sentir que “ese papá”, como el mío, me seguirá acompañando siempre, y que será ni más ni menos que un símbolo de amor.

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Fin

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