El árbol de los sueños

nogal

El árbol de los sueños es uno de los cuentos de sueños del escritor Alberto Suárez Villamizar sugerido para niños a partir de diez años.

En los años de mi infancia habitábamos la finca que ha sido propiedad familiar desde varias generaciones anteriores y que aún conserva sus bosques y arroyos de aguas cristalinas como en el pasado.

Pasé allí mis primeros años y asistí a la escuela de la vereda, por encontrarse cercana a nuestra finca. En esa escuela aprendí las primeras letras y adelanté mis estudios de enseñanza básica.

Estudiaba con mucha ilusión y con el deseo de aprender a escribir desde el día en que me sembró la gran inquietud mi madre:

– Madre – dije aquel día a mi madre – tuve un sueño anoche muy bonito, y no estoy muy seguro si fue un sueño o es mi ilusión.

– Cuéntame hijo, ¿Cómo fue tu sueño? – con voz tierna dijo mi madre –

– Madre, soñé que tenía una bicicleta en la cual me desplazaba a la escuela todos los días de ida y de regreso. Es la bicicleta que tanto deseo tener madre.

– Hijo, los sueños muchas veces se hacen realidad, y existen seres que nos ayudan a que eso ocurra.

– Madre ¿Cómo puedo pedir la ayuda a esos seres?. pregunté bastante intrigado.

– Hijo mío cuando vayas camino a la escuela observa en la pequeña colina al otro lado del puente al costado derecho hay una gran árbol de nogal, ese es el árbol de los sueños.

– ¿Y que pasa con ese árbol madre?

– Ese es el “árbol de los sueños”, allí llega el “genio” a recoger las cartas de los sueños que se piden.

– Y ¿Qué debo hacer madre? – Hijo, cuando aprendas a escribir harás una pequeña cartica al “genio” donde le pedirás tus deseos y la dejarás en una rama del ”árbol de los sueños”, él la recogerá y cumplirá tu pedido. La carta debe ser escrita por ti mismo y sólo podrás pedir un deseo en cada carta. Deberás tener cuidado de que nadie te vea colocando la carta.

Todos los días era más grande mi deseo por aprender a escribir para poder redactar mi carta que dejaría al “genio” en “el árbol de los sueños” tal como me lo dijo mi madre aquella mañana. Mi anhelo se incrementaba cada vez que al ir camino a la escuela observaba en la colina que me indicara mi madre, aquel viejo nogal que por su enorme tamaño no podía pasar desapercibido.

Dediqué mucha atención a las clases y no dejaba de practicar la escritura al llegar a casa, sería cosa de un par de años para que lograra poner en práctica lo dicho por mi madre. ¡Ese día llegará ! me decía a mí mismo con insistencia.

Finalmente aprendí a escribir, y con la orientación de mi madre, un día escribí la carta en que pedía al “genio” la bicicleta de mis sueños, camino a la escuela y cuidando de que nadie me observara até la carta a una rama del “árbol de los sueños”.

– Madre, hoy dejé la carta en “el árbol de los sueños”.

– Hijo, será cuestión de unos días. El “genio” tomará la carta y se hará realidad tu sueño.

– Y ¿Dónde me dejará la bicicleta?

– El la traerá hasta la casa – dijo mi madre-, para eso anotaste la dirección.

Pasaron los días y tuve mi bicicleta. Así fue que con la ayuda de mi madre seguía redactando las cartas al “genio” y colgándolas en el árbol. Una vez pedí una caja de colores, luego un morral para llevar mis útiles, un balón para jugar futbol en el colegio, y otras cosas más.

Las cosas tardaban, pero luego tenía la sorpresa al recibirlas. Fue hasta cuando cumplí mis doce años, en que tuve inquietud de espiar en “el árbol de los sueños”, y poder ver al “genio”.

Así que elaboré un carta y el día que la colgué al árbol falté a clase y me escondí en una cueva cercana para esperar la llegada de “el genio” a tomar la carta. Esperé con mucha paciencia.

Quizás habían transcurrido unos treinta minutos cuando vi acercarse a lo lejos una persona. Caminó en dirección al árbol y buscó entre sus ramas mi misiva. Pero, ¡Oh sorpresa! “El genio”, a quien tantas cosas había pedido y otras tantas había recibido no era nadie más que mi madre

Guardé el secreto de mi madre, y nunca le hice saber que había descubierto la verdad sobre “el genio” ¡Qué grande fue tu amor madre! ¡Gracias por todo lo recibido!

Hoy en día vivo nuevamente en la finca y he enviado a mi pequeña hija a estudiar a la misma escuela de la vereda a la cual asistí y donde aprendí a leer ; y cuando me dice que quiere algo le digo que escriba una carta al “genio” y la cuelgue al “árbol de los sueños”, aquel viejo nogal que aún se mantiene fuerte y frondoso -como en mi niñez – , repitiendo lo que dijo mi madre aquella mañana cuando le conté mi sueño … ”cuando vayas camino a la escuela observa en la pequeña colina al otro lado del puente al costado derecho…”

Fin

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El árbol de los sueños es uno de los cuentos de sueños del escritor Alberto Suárez Villamizar sugerido para niños a partir de diez años.

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