Distintas direcciones

flechas dibujadas

Clara y Angela habían comenzado su amistad en el colegio. Desde niñas habían compartido la vida, con sus idas y venidas, con sus momentos bellos y tristes también.

Tenían una amistad de esas que parecen para toda la vida, de esas que cualquiera puede suponer serían para siempre.

El tiempo pasaba para ambas, pero jamás se separaban. Siempre, a pesar de las ocupaciones de cada una, encontraban un espacio para compartir un café y con él, sus vidas mismas.
Incluso, el nacimiento de los hijos las unió más. Los niños se criaron juntos y más que una gran amistad, todo parecía una gran familia.

Fueron muchos años de la vida de una junto a la otra, de ser parte de la felicidad o de la tristeza de la otra. Juntas atravesaban lo que la vida les iba dejando en el camino: mucho trabajo o la falta de él, nacimientos, muertes, desilusiones, separaciones, nuevos amores. Ambas creían que nada ni nadie las podría separar jamás, incluso fantaseaban con la idea de envejecer juntas.

Sin embargo, en la madurez de sus vidas, algo comenzó a cambiar. Clara poco a poco empezó a sentirse un poco más lejos de Angela. Al principio, sin entender el por qué y con un gran sentimiento de culpa, sentía que no siempre tenía ganas de estar con su amiga.

La vida nos va cambiando, tal vez no a todos, pero sí a muchos y no siempre somos en el presente las mismas personas que fuimos en el pasado. Vamos mutando con el tiempo, en el mejor de los casos evolucionando y no siempre quienes tenemos a nuestro lado evolucionan al mismo tiempo.

Clara sentía que la brecha entre ambas iba siendo cada vez más grande. ¿Era posible que una amistad de años cambiase? O peor aún ¿Terminase? ¿No se habían propuesto envejecer juntas? ¿No había sido ésa una amistad para toda la vida?

Por su lado, Angela también había cambiado ¿Quién primero? ¿Quién después? ¿Importaba acaso?
Y llegó un día en el cual un desacuerdo fue el quiebre definitivo. Hubo un día en el que no se entendieron, un día en el que se terminaron de desencontrar. No hubo entonces café compartido que pudiera unir lo que se había quebrado. Sin dudas, no porque ese desacuerdo no pudiera ser conversado como lo habían hecho toda la vida, sino porque ya no había un verdadero interés.

Clara pensó mucho, muchísimo, intentando encontrar el por qué no necesitaba más de Angela, en por qué ya no la extrañaba. Le resultaba impensable, increíble no desear que ella estuviese ya en su vida, sin embargo así era.

Si bien al principio aquello que sentía, o mejor dicho, aquello que ya no sentía la torturaba, con el tiempo comenzó a entender.

No todo dura para siempre, empezando por la vida, el amor, la pareja y la amistad no tenía por qué ser la excepción. No somos los mismos durante toda nuestra vida y por eso, aquello que en un momento –o muchos- nos une a una persona, en otros nos aleja de ella.

Tal vez sea una realidad un tanto triste, pensó en un momento, o no, según se mire, pensó luego.

En nuestra evolución constante como personas, también es bueno dejar espacio para conocer cosas nuevas, para iniciar nuevas relaciones y para entender que ciertas otras se terminan.

Clara aceptó que esa persona que era hoy ya no necesitaba tomar café con Angela y Angela por su parte comprendió lo mismo.

Ambas mujeres hoy no son amigas, pero eso no las hace ni peores, ni mejores, sólo distintas a esas niñas que fueron alguna vez.

Después de todo, lo importante es ser fiel a lo que nuestro corazón siente y tenerlo abierto para lo que la vida tenga de nuevo preparado para sorprendernos.

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Fin

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