La niña que podía volar

La niña que podía volar

La niña que podía volar

La niña que podía volar. Cuentos con moraleja, historias que enseñan valores.

Había una vez una niña traviesa llamada Ciela, muy pero muy traviesa. Pasaba el día saltando, corriendo, cantando, pintando y en muchas ocasiones jugaba con la hermanita y las primas a que podía volar.

Al llegar de la escuela se colocaba una toalla amarrada al cuello, la cual colgaba como una capa, salía corriendo por toda la casa y decía que volaba.

Este juego era muy común para ella y sus primas. Una noche, se acostó cansada de tanto brincar, se quedó profundamente dormida. Su mamita siempre pasaba de noche a ver a sus niñas, para ver si estaban bien, les daba un besito, les daba la bendición y las cubría del frío.

Esa noche la mamita pasó a ver a sus nenas y se sorprendió al escuchar a Ciela conversando… si señores, conversando dormida. En sus sueños decía:

-¡Gabriela eso es mío, déjalo en su sitio!

La mamita soltó la risa al ver que Ciela repetía lo que hacía de día, en sus sueños profundos. La cubrió con la sábana y se fue a dormir a su habitación.

Ciela comenzó a soñar que estaba en una verde pradera, llena de animales de granja: vacas, caballos, ovejas de colores, gallinas, gallos y hasta pericos multicolores.

Comenzó a perseguir a las ovejas de colores, las atrapaba y sobre ellas se acostaba, olían a flores silvestres y más suaves que el algodón resultaban. Después se fue tras los pericos, pero estos dieron un brinco. Corre, corre la Cielita, los pericos corren más.

En el momento menos esperado, un buen brinco ella ha dado, pero estos pericos multicolores, más bien parecen aviones. Han levantado el vuelo y para darse consuelo, Cielita despega del suelo.

Comienza a volar tras los pericos, quienes se ven sorprendidos, por tremenda peripecia.

Casi alcanza el más bonito, casi lo llega a tocar, agarrar aquel perico es un sueño monumental. Lo agarra por el plumaje, el perico va de viaje, pero que va, el perico asustado, con el pico la ha apretado.

¡Ciela y perico se caen, pues ella aún no lo suelta, se vienen en picada cual avioneta accidentada!
Vienen cayendo muy rápido, qué susto, qué desplomada, la niña que puede volar, ahora se va a accidentar. ¡Perico y niña se han caído, tremendo susto, se había dormido!

Tremendo brinco en la cama, era un sueño, no era nada. En el suelo aterrizó y su colita se aporreó.

Ciela medo dormida cree tener el perico en la mano, agarrado por la cola, cuando corre a encender la luz de la habitación… solo era uno de sus peluches, a quien tenía agarrado por una oreja. Suelta una carcajada y vuelve a su tibia cama.

La mamita nuevamente, la cobija y la consiente. A dormirse nuevamente, la invita la mamita, pues mañana hay que ir a la escuelita.

Fin

Moraleja: los niños generalmente son traviesos, siempre deben estar vigilados por los adultos. Del resto a sonreír, a hacerlos felices y que sigan soñando. Solo somos niños una vez en la vida. Se les quiere…

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