El hada conciliadora – Capítulo IV

Cuentos de duendes para niños

El hada conciliadora. Cuentos de duendes para niños.

El hada conciliadora – Capítulo IV es uno de los cuentos de duendes para niños.  Cuento infantil de duendes sugerido para niños a partir de ocho años.

Capítulo IV

Por la noche el hada, Din y Don se presentaron en la casa de la pequeña. El hadita dormía plácidamente en su cuna plateada, los tres entraron a su habitación procurando no despertarla.

-Es igual al padre-murmuró Din.

-¿Qué dices? ¡Es igual a la madre!-contestó Don en un tono un poco más fuerte.

-¡Shhh! Baja la voz ¿quieres? Es igual al padre ¿no ves? Dos gotas de agua-insistió Din.

-¡No me hagas reír por favor! Esa pequeña es idéntica a la madre.

Si bien no hablaban fuerte, la pequeña hadita comenzó a llorar apenas los duendes comenzaron a discutir.

-¿Qué voy a hacer con ustedes dos?-preguntó el hada madre-Han despertado a la pequeña.

-Pero discutíamos por lo bajo-dijo Din.

-No nos pudo haber escuchado, tal vez tenga el sueño muy liviano-agregó Don.

El hada hizo un gesto y los duendes se quedaron callados. La pequeña también. El hada se quedó pensando en que era cierto lo que los duendes decían, si bien estaban discutiendo, lo habían hecho en un tono muy bajo. Comenzó a sospechar algo que la llenaba de felicidad y decidió hacer una prueba.

-A ver, discutan por favor, pero en un tono aún más bajito-propuso el hada a los sorprendidos duendes.

-No quiero ser atrevido hada madre-dijo Din-pero ¿quién la entiende? Se queja porque discutimos y ¿Quiere que discutamos ahora? Es confuso realmente.

-Decídase hada madre, o nos callamos o discutimos, si me da a elegir prefiero discutir, es más divertido-dijo Don.

-Discutan por favor pero lo más bajo que puedan, que no se escuche casi.

Los duendes se miraron sin entender “es porque no durmió en toda la noche, no piensa con claridad”, pensó uno, “no dormir es muy peligroso” pensó el otro.

-Por favor hagan lo que les pido-repitió el hada madre.

Y los duendes aún sin entender la intención de la propuesta, la tomaron al pie de la letra.

No bien comenzaron a discutir, la pequeña hada comenzó a llorar.

-Más bajo por favor-pidió el hada madre.

Y los duendes hicieron lo que les pidió. Más que hablar, se podría decir que susurraban, pero aún así la pequeña seguía llorando.

-Hagan silencio ahora-pidió el hada.

Y la pequeña calló y volvió a dormir.

-Ahora por favor, hablen de algo en lo que estén absolutamente de acuerdo-pidió el hada.
-¡Pida otra cosa hada madre! No hay nada en lo que estemos de acuerdo-dijo Din.

-Con todo respeto ¿Y si va a dormir un poco y luego seguimos?-preguntó Don.

-Por favor- repitió el hada-hagan lo que les pido, en algo tienen que coincidir y hablen fuerte esta vez.

Y los duendes con mucho, pero mucho esfuerzo lo hicieron.

Din y Don hablaban fuerte, el tema era por demás aburrido: qué lentos eran los caracoles, pero por lo menos no era motivo de discordia.

El hada comprobó lo que suponía. Cuando los duendes discutían, por más bajo que fuese, el hadita se angustiaba. En cambio, si estaban de acuerdo, por más fuerte que hablasen, el hadita permanecía feliz y en paz.

-¡Qué bendición! La pequeña tiene la virtud de conciliar. Se terminaron nuestros problemas y espero que sus discusiones.

-¡Enhorabuena!-Gritaron Din y Don juntos y ya eso resultó muy extraño porque pensaron lo mismo y lo dijeron al mismo tiempo, señal de que algo comenzaría a cambiar.

Contiuará…

Todos los derechos reservados por Liana Castello.

Ilustración de MARIA GRANADERO
[email protected]
web Art Maria Granadero

Capítulo III

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