En búsqueda de la felicidad

En búsqueda de la felicidad

¿Qué es la felicidad? –Se preguntaba una y otra vez Nico. ¿La felicidad se puede tocar? ¿Es de colores? ¿Brilla o es opaca? ¿Está en lo pequeño o en lo grande? Más aún ¿Dónde está y qué forma tiene? ¿Se comparte o es para uno solo? ¿Se da o mejor se recibe? ¿Quiénes son realmente felices?

Éstas y muchas otras preguntas se hacía el pequeño y como no tenía las respuestas, decidió preguntarle a los grandes. Eso lo confundió más aún.

Preguntó a sus padres, sus abuelos, sus tíos, los vecinos. “Son sólo momentos”, dijo uno, “Es compartir con amigos”, contestó otro, “Es estar solo” opino un tercero, un cuarto dijo que era tener hijos, otro que era tener un perro, otros viajar, algunos trabajar, unos descansar, otros no sabían y hubo alguien que llegó a decir que la felicidad no existía.

Nico volvía a preguntarse ¿Qué era la felicidad entonces? ¿Estar solo o acompañado? ¿Tener un perro o un hijo? ¿Trabajar o descansar? Y entonces, decidió ir en busca de la respuesta. De algo estaba seguro: la felicidad debía existir.

Tomó su mochila y salió decidido a buscar lo que tanto lo desvelaba ¿Por dónde empezaría? Nico pensó que la felicidad tenía mucho que ver con la risa y decidió ir al circo que quedaba muy cerquita de su casa. Hablaría con el payaso que siempre estaba contento.

Entró y lo encontró sentadito en el piso llorando. Feliz, lo que se dice feliz no parecía y no lo era en verdad porque al circo no le iba bien y lo cerrarían en poco tiempo. Nico se fue triste, pensando en que ni siquiera los payasos tenían la sonrisa asegurada.

Siguió su camino y se encontró con un amiguito de su edad y le preguntó entonces qué era para él la felicidad “Tener todo lo que quiero, sea lo que sea y en el momento que lo quiero. Prueba, verás qué feliz te sientes cuando te sales con la tuya”.

Nico decidió probar y se encaprichó con tomar un helado una noche de invierno y tal fue el berrinche que hizo, que su padre se lo compró. Con sorpresa, se dio cuenta que tener ese helado en la mano no lo había hecho feliz. Su padre había tomado frío, su mamá se había entristecido con su actitud y él no se sentía nada bien. Evidentemente, tener lo que uno desea a cualquier precio no era la felicidad.

En su caminó conoció gente pobre que aún con muchas necesidades era feliz y otros, que aparentemente lo tenían todo, menos la felicidad. Aunque también encontró personas ricas y felices. El tema de la felicidad era realmente confuso.

Conoció gente realmente bella que no era feliz y gente fea que sonreía felizmente todo el tiempo, no faltaron tampoco personas bellas y felices y los feos y tristes. Evidentemente, la felicidad no dependía del dinero, ni de la belleza, ni siquiera de la compañía, pues en su camino se había encontrado con gente que elegía la soledad y así era feliz

¿Entonces? ¿De qué se trataba la felicidad? ¿Qué era ser feliz? ¿Cómo encontraría la respuesta?

Creyendo que no había tenido suerte volvió a su hogar y, al regresar, lo invadió una sensación hermosa que, por otro lado, era la misma que sentía cada vez que estaba en su casa, con su familia y sus cosas.

Sintió aroma a pan recién horneado por su mamá, vio el sol brillando por la ventana, acarició a su perrito y en ese momento se dio cuenta que la respuesta estaba en él y sólo en él. Entendió que cada uno es feliz a su modo y que no hay una receta que nos diga cómo y de qué manera seremos felices. Lo que puede hacer feliz a uno, no necesariamente hace feliz al otro.

Comprendió todo: la felicidad puede tener aroma a pan recién horneado, puede tocarse si se acaricia a un ser amado, brilla si nos gusta el sol que se asoma por la ventana. Está en el lugar que nosotros le demos y no hace falta seguir un camino como quien quiere llegar a otro pueblo, porque el camino está dentro de nosotros mismos.

Nico dejó su mochila, abrazó a su mamá y se sentó a disfrutar de esa felicidad que ya no lo desvelaba, que había tomado forma, color, aroma y que además estaba en un lugar determinado, ni más ni menos que en su corazón.

Fin

En búsqueda de la felicidad es uno de los cuentos con valores de la escritora de cuentos infantiles Liana Castello sugerido para niños a partir de ocho años.

Todos los derechos reservados por Liana Castello

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