Belleza oculta

Moraleja sobre la belleza interna

Belleza oculta es una bella Moraleja sobre la belleza interna de las personas escrita por Gisela de la Torre y sugerida para niños de todas las edades. 

Era ya casi al anochecer, con cierta vacilación se miró al espejo, ahí estaba esa mancha, ahora más visible. Sintió angustia, fue a recostarse debajo del almendro, recordó las palabras despreciativas de Leyanis: “No quiero que te me acerques, cara manchada,  me asustas, vete de aquí”.

Se acordó cómo ese mismo día, la vio discutir con Alejandra por causa de Manuela, la niña huérfana de madre. Era como volver a esos instantes…

—No le des de tu pan ni de tu refresco, ella puede traer lo suyo ¡mírala! con esa cara de lástima, es una muerta de hambre, parece una andrajosa con esos zapatos viejos…

—Leyanis, no insultes más. ¿No sabes que su papá está enfermo? y tiene que atender a los demás hijos, ¡Son tres! y chiquitos. Manuela, es la mayor y es de nuestra edad,  diez años —dijo Alejandra indignada— ella me ha contado las cosas que tiene que hacer antes de venir para la escuela. Nosotras lo que debemos es ayudarla.

—Tú como siempre, protegiéndola. A ver, ¿por qué no me das un pedazo de pan con queso? el mío sólo tenía aceite, mi mamá estaba con unas amigas paseando, llegó de madrugada, dijo que tenía mucho sueño y no se levantó a atenderme. Cuando crezca seré igual que ella ¡fiestera! De lo que me alegro no vivir  con mi papá, es tan gruñón, dice mi mamá que es mejor, así nadie nos exige ni nos gobierna.  La tuya siempre está de la casa para el trabajo y del trabajo para la casa, ustedes no hacen fiestas como nosotros…

  • Así es mami, por eso mi papá y yo la queremos tanto, se preocupa por nuestras cosas. Toma, y le dio un pedazo de pan con queso.
  • Ustedes son unos aburridos, mira para allá “Manuelita” esperando que le des algo de comer, dijo con ironía Leyanis.

—No me ha pedido nada, es mi amiga y la quiero mucho. Manue, ven a merendar conmigo. Llamó Alejandra con voz cariñosa.

Manuela no se movió de donde estaba, agachó la cabeza, sólo respondió:

—Gracias, no tengo hambre.

Alejandra caminó hacia ella, ofreciendo parte de su merienda.

—Si no comes, yo tampoco lo haré y mira que tengo hambre, no querrás que me desmaye si tanto me quieres ¿Verdad?

—Claro que no y abrazó a su amiga preferida. Alejandra aprovechó para darle  la merienda y soltando una carcajada comenzó a comer la suya.

—Ahora no me desmayaré. Come también que dentro de poco tenemos que entrar al aula.

La niña titubeó unos instante, luego comenzó a comer.

Leyanis  desde lejos miraba la escena desdeñosamente.

Marian se pasó las manos por los ojos como queriendo apartar esa escena de la mañana, volvió a mirarse al espejo con la certeza de que algún día podrá ser eliminada la mancha que cubre casi totalmente la parte derecha de su cara. Sonrió llena de esperanza…

Alejandra llegó de improviso, la tocó por un hombro, diciendo:

—Yo estudiaré medicina, quizás descubra el modo de suprimirla, no te entristezcas por tenerla, pues no te quita tus cualidades. Hay quien tiene manchas en el alma, esas no se ven, pero oscurecen virtudes, y hasta carecen de buenos sentimientos.

Marian abraza agradecida a la amiga, le sonríe murmurando:

—Aparte de estudiar medicina, puedes llegar a ser una buena filósofa.

Se funden en un abrazo, mientras el trinar de los pájaros alegra el campo.

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Belleza oculta es una bella Moraleja sobre la belleza interna de las personas escrita por Gisela de la Torre y sugerida para niños de todas las edades. 

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