Peter Pan es fantasía

Peter Pan es fantasía

Peter Pan es fantasía

Peter Pan es fantasía. Cuentos con moraleja para niños.

Tema del cuento: El miedo a crecer

 

  Mateo tenía cinco años. Era un niño alegre y muy mimado por sus papás. Iba al jardín de infantes, cosa que lo divertía mucho y lo hacía muy feliz. Tenía un hermano mayor que ya iba a la escuela primaria y al cual lo veía hacer mucha tarea, cosa que no le gustaba demasiado.
  Mateo tenía, como todo niño,  algunos miedos; pero el mayor de todos era crecer. Tenía la idea que cuando uno creía se perdían muchas cosas divertidas y lindas y que lo que venía cuando uno ya era grande eran sólo problemas,  cosas aburridas, tareas y responsabilidades.
  No había aprendido aún que cada edad tiene sus cosas lindas y las que no lo son tanto también.
  Nuestro amiguito era muy aficionado a los cuentos. Todas las noches su papá o su mamá le leían uno antes de dormir. Tenía un montón de libros, pero había uno que era su preferido Peter Pan. Lo escuchaba una y otra vez, jamás se cansaba.
  No es casual que a Mateo le gustara tanto esa historia pues habla de un niño que no quiere crecer y que se queda como niño para siempre. El quería ser como Peter, no crecer nunca, quedarse así chiquito, ir al jardín siempre, no hacer tarea, ni tener mayores responsabilidades, sólo jugar y divertirse.
  Un día frente al espejo tomó una equivocada decisión. Se propuso a si mismo que haría todo lo posible por no crecer, cosa que no era posible, pero que Mateo tardía un poco en aprender.
  Para lograr su objetivo, pensó que debía hacer sólo cosas propias de los chicos chiquitos y no aprender nada que fuese de niños más grandes.
  Comenzó a chuparse el dedo como cuando era bebé. Lloraba al despedirse de su mami en el jardín. Quería dormir en la cama de sus papás.
  Se negaba a aprender las primeras letras que le enseñaban en la salita del jardín, decía que no le salían, que él era chiquito y lloraba.  
   La maestra preocupada llamó a sus papás, todos coincidieron en que Mateo no estaba bien y que algo no muy bueno le estaba pasando.
  A pesar de la preocupación de sus papás, Mateo estaba contento pues creía estar logrando su objetivo. Cada vez iba más para atrás, cada vez –creía él- se volvía más chiquito. La fantasía de quedarse para siempre como niño como Peter Pan se estaba haciendo realidad, estaba decidido a no crecer y haría todo lo posible por lograrlo.
  Jugaría todo el día, no tendría tarea, lo mimarían siempre, no tendría mayores responsabilidades, no tendría por qué colaborar con las tareas de la casa y por sobre todas las cosas estaría siempre muy pegadito a su papá y su mamá.
  Para completar su plan y quedarse chiquitito decidió también dejar de comer, así no crecería, cosa por demás peligrosa. Su mami le hacía las más ricas comidas, pero Mateo no comía. Al poco tiempo su cuerpito se debilitó de tal manera que se enfermó.
  Empezó a tener fiebre muy alta. A veces, cuando esto pasa, la gente dice cosas que luego no recuerda.
  En su camita y tiritando por la fiebre Mateo nombraba una y otra vez a Peter Pan, hablaba de su eterna niñez, de las cosas divertidas que hacía. Al principio, sus papás creían que era porque ése era su cuento preferido, pero luego se dieron cuenta de lo que realmente estaba pasando.
  Sin que Mateo dijese nada, sus padres se dieron cuenta que lo que realmente tenía su hijo era un miedo enorme a crecer.
  No era fácil ayudar al pequeño, se negaba a comer, no iba al colegio porque estaba enfermo y seguía chupándose el dedo gordo. 
  Su mamá tuvo una gran idea. Tomó todos los cuentitos de Peter Pan que su hijo tenía y volvió a leérselos uno por uno, sólo que esta vez, enfatizó ciertos aspectos de la historia del niño eterno que Mateo no había tenido en cuenta.
  Empezó a contarle cómo por haber elegido no crecer, se había tenido que ir a un país lejano y así dejar a su familia, como extrañaba a su mamá. También le contó que por no haber crecido nunca, había perdido la posibilidad de enamorarse, formar su propia familia y tener hijitos. Le recordó que Peter Pan jamás había estudiado y eso había limitado sus posibilidades y capacidades.
  Cada día le contaba un cuento y con cada aventura de aquel que Mateo consideraba un modelo a imitar, la mamá le iba demostrando que no es bueno luchar contra la naturaleza, que por algo nacemos niños pero destinados a crecer.
  También le demostró que en esa historia había niños que sí querían crecer como Wendy y que aún así disfrutaban la vida. Que había adultos como los papás de los tres niños que eran buenos y vivían felices.
  Mateo empezó a entender lo que hasta ahora no había podido.
  Una historia puede tener dos lados y nuestro amiguito siempre había visto uno solo, la comodidad de ser niño.
  A través de las palabras amorosas de su mamá, de su sufrimiento y el de aquellos que más lo amaban, Mateo aprendió que no es bueno y además imposible, detener el tiempo.
  Aprendió también que cada etapa de la vida tiene sus cosas buenas y cosas que no lo son tanto.
  Entendió que sólo creciendo podría vivir diferentes etapas, aprender y desarrollarse y que no por ser grande y tener más responsabilidades se pierden las ganas de reír y divertirse.
  Por sobre todas las cosas aprendió que Peter Pan vive en una fantasía y que las fantasías son hermosas, pero que la realidad, si la sabemos vivir puede ser más hermosa aún.

Fin

Hecho el depósito de ley 11.723. Derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial. Nro. Expte. Direc. Nac. Derechos de Autor 727097

Para pensar un ratito:

– ¿Qué pensas de la actitud de Mateo?

– ¿Vos tambièn tenès miedo a crecer, por qué?

– ¿Pensás, como lo hacía Mateo, que ser chico es mejor?

– ¿Podés darte cuenta que crecer no sólo es parte de la vida, sino que te llena de oportunidades hermosas?

 

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