La hormiguita valiente


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Por Mayda Alejandra Villalta. Cuentos con moraleja

La Hormiguita Valiente son cuentos con moraleja de Mayda Alejandra Villalta, escritora de Estados Unidos. Cuento infantil sobre una hormiguita. Cuento infantil sobre el amor de madre.

La hormiguita valiente. El amor de una madre

La Hormiguita Valiente. Cuentos con moraleja

Esta es la historia de una Hormiguita que un día salió de su cuevita porque sus hijos tenían hambre.

Caminó, caminó y caminó hasta llegar a la cocina de una casa. Sin darse cuenta subió por toda la pared en busca del alimento deseado, pero… ¡¡¡que desdicha!!! La Hormiguita Valiente cayó en la superficie de una olla muy caliente y sus paticas comenzaron a quemarse, ella gritó pidiendo auxilio, pero nadie la escuchaba.

De pronto, una señora que había olvidado algo, vio como la Hormiguita luchaba por librarse de una muerte cruel y con mucho amor la colocó en una servilleta; ésta, salvó su vida y pudo llevar comida a la cueva.

Moraleja

El amor de madre, no tiene límites.

Fin.

La hormiguita valiente. Desafía el peligro por amor

En una cuevita muy chiquita vivía la Hormiguita Valiente con sus tres hijos, Mati, Feti y Fito. Estos eran muy estudiosos y Mati, era la Princesa de la cueva.

Sus hermanos la cuidaban mucho. Su madre habló con ellos y les recordó que sólo faltaban dos días para el cumple de Mati, pero no tenían provisiones suficientes para el pastel y su madre les pidió que velaran por su hermana, mientras ella iba en busca de tan preciado regalo. Agarró una bolsa y se la colgó en una de sus paticas y salió.

Caminó, caminó y caminó hasta que por fin vio una casa, entró y cuán grande fue su sorpresa, al encontrar muchos pedacitos de dulce alrededor de la mesa; abrió la bolsa y comenzó a guardar el manjar.

La Hormiguita estaba tan entusiasmada pensando en el regalo, que no escucho los fuertes truenos que vaticinaban una fuerte tormenta, hasta que un relámpago la iluminó.

Cerró la bolsa y camino de prisa. pero la lluvia impedía que avanzara y de pronto… se vio imposibilitada, porque para llegar a la cuevita, debía atravesar una laguna, muy pequeña, pero lo suficiente grande para su tamaño.

-¿Que hago? – comentó.

Y un árbol que veía el sufrimiento de esta, le envió la hoja más hermosa de sus frondosas ramas.

Por fin, llegó tan esperado día y Mati tuvo un precioso pastel, hecho por las manos laboriosas de su madre.

Fin.

Moraleja

Una madre desafía el peligro, por amor a sus hijos.

La hormiguita valiente. Mejor poco con amor

Había una vez una hormiguita que vivía con sus tres hijos en una cuevita tan chiquita que a penas había espacio para caminar.

Una tarde decidió salir en busca del alimento, caminó que te caminó, hasta que llegó frente a una casa muy bonita con sus paredes pintadas de rosado, el techo rojo y las puertas negras. Cuán grande fue su sorpresa al darse cuenta que estaba ante un inmenso cake de chocolates, fresas y dulces caramelos.

Comenzó a devorarlo y a colocar los pedacitos más grandes en una bolsa elaborada con hojas verdes, cuando de pronto sintió a sus espaldas unas pisadas muy fuertes y una voz que le decía: ¿Quien te autorizo a probar este pastel?

¡Qué vergüenza sintió la Hormiguita Valiente! pero comprendió que nadie puede adueñarse de lo que no le pertenece. Muy triste, lloró y pensó en sus tres hijos y en el manjar que no les pudo llevar.

El avaro dueño de la casa la echo a la calle sin importarle que se tratara de una madre, que simplemente quería llevarles comida a sus hijos.

Fin.

Moraleja

Es mejor poco con amor, que mucho con desdicha.

La hormiguita valiente. Educa en la pobreza

Había una vez, una Hormiguita muy laboriosa, que vivía con sus hijos en una cuevita chiquita, donde a veces, escaseaba la comida; pero abundaba el amor.

Un día en una de sus salidas habituales, escuchó a su vecina más cercana cuando desesperada le gritaba a sus hijos: «Hoy no tengo manjares que ofrecerles». Y lloraba desesperadamente.

La Hormiguita valiente se detuvo, como para consolarla, pero esta otra hormiga, era muy vanidosa y nuestra amiga, prosiguió su camino.

Al llegar a la casa le contó a sus hijos lo sucedido y les repartió a cada uno, lo único que encontró, un pedacito de pan. Juntos agradecieron a Dios por tener algo que comer.

Fin.

Moraleja

Educa a tus hijos tanto en la abundancia, como en la pobreza.

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