El sapo y la garza


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El sapo y la garza

El sapo y la garza. Luis David Gamonal Suárez, escritor peruano. Cuentos infantiles con moraleja. Cuentos infantiles educativos.

 

Había una vez un sapo que pasaba el día cazando mosquitos, zancudos y saltamontes para poder alimentarse.

Dicha actividad le marchaba bien porque cuando llegaba a los montes, zona donde se concentraban estos insectos, los capturaba sin ningún problema.

Un día el sapo fue a realizar su labor cotidiana a orillas del río y allí encontró a una triste y desconsolada Garza que al parecer pasaba una realidad contraria a el entonces el anfibio se compadece de ella diciéndole:

-¿Qué te pasa amiga garza?

-¡Ah, amigo sapo! – respondió-. Si supieras que en lo que va del día no he podido cazar ningún pez y ahora tengo mucha hambre…

Entonces el sapo se ofreció voluntariamente a apoyar al ave y se le ocurrió una idea: aventar presas a la corriente y apenas apareciesen los peces, ellos actuarían de inmediato. La garza aceptó dicho plan, pero cuando lo realizaron no tuvo mucho éxito. En ese momento solo cazaron un que no fue suficiente para su paladar.

Pese a esto, seguían insistiendo e insistiendo, y siempre obtenían el mínimo resultado. En un último intento, el sapo optó por zambullirse en lo más profundo del río, donde ahuyentaba a los peces de esta forma, la suerte fue su mejor aliado porque se amontonaron en dicho lugar un sin número de fauna fluvial. Así la garza decidió entrar a nadar por el manso caudal en donde consumió cuanto pez se le cruzara y una vez que había llenado su buche, el ave avisó al sapo diciéndole

-¡Hasta aquí, no más los dos salieron del agua y se dirigieron hacia una choza.

Allí la garza tuvo palabras de agradecimiento hacia el sapo, por su notable colaboración de la cual salió beneficiada, y le dijo:

-¿Cómo pagare tu generosidad?

Y el anfibio recibió el aprecio con humildad respondiendo:

-¿Cuánto más satisfecho me siento yo dando que recibiendo?

Así el sapo demostró que cuando uno hace un favor, no debamos pedir nada a cambio, como hizo él con la garza y le cambió el rostro de nostalgia por el de felicidad. Ambos personajes se despidieron dándose un fuerte abrazo.

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Fin

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