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Las tres hijas del rey 馃ご 芦Te quiero como un hijo debe querer a un padre y te necesito como los alimentos necesitan la sal禄.

Por Joseph Jacobs. Ilustraciones de Stella Arist谩kesova. Cuentos cl谩sicos para ni帽as y ni帽os

Las tres hijas del rey es un cl谩sico cuento de hadas ingl茅s (fairy tales), cuyo nombre original es 芦Cap-o鈥-Rushes禄 (Gorro de juncos), publicado en 1890 por el escritor Joseph Jacobs en el libro English Fairy Tales.

Aunque su nombre es 芦Las tres hijas del rey芦, la historia original habla de un hombre rico que ten铆a tres hijas y le pregunt贸 a cada una cu谩nto lo amaban. La primera y mayor en edad dijo, tanto como la vida; la segunda, m谩s que a nadie en el mundo; la tercer, que era la menor y m谩s hermosa dijo, tanto como la comida necesita de sal. Malinterpret谩ndola, le declar贸 a la tercera que ella no lo amaba en absoluto y que no era suficiente, por lo que la expuls贸. Pero como suelen decir: 芦todo vuelve en la vida禄 la menor de las hijas le dio al rey una lecci贸n de amor. Veamos c贸mo contin煤a el cuento.

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Las tres hijas del rey

Erase un poderoso rey que ten铆a tres hermosas hijas, de las que estaba orgulloso, pero ninguna pod铆a competir en encanto con la menor, a la que 茅l amaba m谩s que a ninguna. Las tres estaban prometidas con otros tantos pr铆ncipes y eran felices.

Un d铆a, sintiendo que las fuerzas le faltaban, el monarca convoc贸 a toda la corte, sus hijas y sus prometidos.

El rey y sus tres hijas - Cuento cl谩sico ingl茅s

Os he reunido porque me siento viejo y quisiera abdicar. He pensado dividir mi reino en tres partes, una para cada princesa. Yo vivir茅 una temporada en casa de cada una de mis hijas, conservando a mi lado cien caballeros. Eso s铆, no dividir茅 mi reino en tres partes iguales sino proporcionales al cari帽o que mis hijas sientan por m铆.

Se hizo un gran silencio. El rey pregunt贸 a la mayor:

驴Cu谩nto me quieres, hija m铆a?

M谩s que a mi propia vida, padre. Ven a vivir conmigo y yo te cuidar茅.

Yo te quiero m谩s que a nadie del mundo -dijo la segunda.

La tercera, t铆midamente y sin levantar los ojos del suelo, murmur贸:

Te quiero como un hijo debe querer a un padre y te necesito como los alimentos necesitan la sal.

El rey mont贸 en c贸lera, porque estaba decepcionado.

驴S贸lo eso? Pues bien, dividir茅 mi reino entre tus dos hermanas y t煤 no recibir谩s nada.

En aquel mismo instante, el prometido de la menor de las princesas sali贸 en silencio del sal贸n para no volver; sin duda pens贸 que no le conven铆a novia tan pobre. Las dos princesas mayores afearon a la menor su conducta.

Yo no s茅 expresarme bien, pero amo a nuestro padre tanto como vosotras -se defendi贸 la peque帽a, con l谩grimas en los ojos-. Y bien contentas pod茅is estar, pues ambicionabais un hermoso reino y vais a poseerlo.

Las mayores se re铆an de ella y el rey, apesadumbrado, la arroj贸 de palacio porque su vista le hac铆a da帽o.

La princesa, sorbi茅ndose las l谩grimas, se fue sin llevar m谩s que lo que el monarca le hab铆a autorizado: un vestido para diario, otro de fiesta y su traje de boda. Y as铆 empez贸 a caminar por el mundo.

Anda que te andar谩s, lleg贸 a la orilla de un lago junto al que se balanceaban los juncos. El lago le devolvi贸 su imagen, demasiado suntuosa para ser una mendiga.

Entonces pens贸 hacerse un traje de juncos y cubrir con 茅l su vestido palaciego. Tambi茅n se hizo una gorra del mismo material que ocultaba sus radiantes cabellos rubios y la belleza de su rostro. A partir de entonces, todos cuantos la ve铆an la llamaban 芦Gorra de Junco芦.

Gorro de Juncos - Las tres hijas del rey - Cuento cl谩sico

Andando sin parar, acab贸 en las tierras del pr铆ncipe que fue su prometido. All铆 supo que el anciano monarca acababa de morir y que su hijo se hab铆a convertido en rey.

Y supo asimismo que el joven soberano estaba buscando esposa y que daba suntuosas fiestas amenizadas por la m煤sica de los mejores trovadores. La princesa vestida de junco llor贸. Pero supo esconder sus l谩grimas y su dolor.

Como no quer铆a mendigar el sustento, fue a encontrar a la cocinera del rey y le dijo:

He sabido que tienes mucho trabajo con tanta fiesta y tanto invitado. 驴No podr铆as tomarme a tu servicio?

La mujer estudi贸 con desagrado a la muchacha vestida de juncos. Parec铆a un adefesio鈥

La verdad es que tengo mucho trabajo. Pero si no vales te despedir茅, con que procura andar lista.

En lo sucesivo, nunca se quej贸, por duro que fuera el trabajo. Adem谩s, no percib铆a jornal alguno y no ten铆a derecho m谩s que a las sobras de la comida.

Gorro de juncos - Cuento

Pero de vez en cuando pod铆a ver de lejos al rey, su antiguo prometido cuando sal铆a de cacer铆a y s贸lo con ello se sent铆a m谩s feliz y cobraba alientos para soportar las humillaciones.

Sucedi贸 que el poderoso rey hab铆a dejado de serlo, porque ya hab铆a repartido el reino entre sus dos hijas mayores. Con sus cien caballeros, se dirigi贸 a casa de su hija mayor, que le sali贸 al encuentro, diciendo:

Me alegro de verte, padre. Pero traes demasiada gente y supongo que con cincuenta caballeros tendr铆as bastante.

驴C贸mo? -exclam贸 茅l encolerizado-. 驴Te he regalado un reino y te duele albergar a mis caballeros? Me ir茅 a vivir con tu hermana.

La segunda de sus hijas le recibi贸 con cari帽o y oy贸 sus quejas. Luego le dijo:

Vamos, vamos, padre; no debes ponerte as铆, pues mi hermana tiene raz贸n. 驴Para qu茅 quieres tantos caballeros? Deber铆as despedirlos a todos. T煤 puedes quedarte, pero no estoy por cargar con toda esa tropa.

驴Conque esas tenemos? Ahora mismo me vuelvo a casa de tu hermana. Al menos ella, admit铆a a cincuenta de mis hombres. Eres una desagradecida.

El anciano, despidiendo a la mitad de su guardia, regres贸 al reino de la mayor con el resto. Pero como viajaba muy despacio a causa de sus a帽os, su hija segunda envi贸 un emisario a su hermana, haci茅ndola saber lo ocurrido.

As铆 que 茅sta, alertada, orden贸 cerrar las puertas de palacio y el guardia de la torre dijo desde lo alto:

隆Marchaos en buena hora! Mi se帽ora no quiere recibiros.

El viejo monarca, con la tristeza en el alma, despidi贸 a sus caballeros y como nada ten铆a, se vio en la precisi贸n de vender su caballo. Despu茅s, vagando por el bosque, encontr贸 una choza abandonada y se qued贸 a vivir en ella.

Un d铆a que Gorro de Junco recorr铆a el bosque en busca de setas para la comida del soberano, divis贸 a su padre sentado en la puerta de la choza.

El coraz贸n le dio un vuelco. 隆Que pena, verle en aquel estado! El rey no la reconoci贸, quiz谩 por su vestido y gorra de juncos y porque hab铆a perdido mucha vista.

Buenos d铆as, se帽or -dijo ella-. 驴Es que viv铆s aqu铆 solo?

驴Qui茅n iba a querer cuidar de un pobre viejo? -replic贸 el rey con amargura.

Mucha gente -dijo la muchacha-. Y si necesit谩is algo dec铆dmelo.

En un momento le limpi贸 la choza, le hizo la cama y aderez贸 su pobre comida.

Eres una buena muchacha -le dijo el rey.

La joven iba a ver a su padre todos los domingos y siempre que ten铆a un rato libre, pero sin darse a conocer. Y tambi茅n le llevaba cuanta comida pod铆a agenciarse en las cocinas reales.

De este modo hizo menos dura la vida del anciano. En palacio iba a celebrarse un gran baile. La cocinera dijo que el personal ten铆a autorizaci贸n para asistir.

Pero t煤, Gorra de Junco, no puedes presentarte con ese aspecto, as铆 que cuida de la cocina -a帽adi贸.

En cuanto se marcharon todos, la joven se apresur贸 a quitarse el disfraz de juncos y con el vestido que usaba a diario cuando era princesa, que era muy hermoso, y sus lindos cabellos bien peinados, hizo su aparici贸n en el sal贸n.

Todos se quedaron mirando a la bell铆sima criatura. El rey, disculp谩ndose con las princesas que estaban a su lado, fue a su encuentro y le pidi贸:

驴Quieres bailar conmigo, bella desconocida?

Ni siquiera hab铆a reconocido a su antigua prometida. Cierto que hab铆a pasado alg煤n tiempo y ella se hab铆a convertido en una joven espl茅ndida.

Bailaron un vals y luego ella, temiendo ser descubierta, escap贸 en cuanto tuvo ocasi贸n, yendo a esconderse en su habitaci贸n. Pero era feliz, pues hab铆a estado junto al joven a quien segu铆a amando.

Al d铆a siguiente del baile en palacio, la cocinera no hac铆a m谩s que hablar de la hermosa desconocida y de la admiraci贸n que le hab铆a demostrado al soberano.

Este, quiz谩 con la idea de ver a la linda joven, dio un segundo baile y la princesa, con su vestido de fiesta, todav铆a m谩s deslumbrante que la vez anterior, apareci贸 en el sal贸n y el monarca no bail贸 m谩s que con ella. Las princesas asistentes, frunc铆an el ce帽o. Tambi茅n esta vez la princesita pudo escapar sin ser vista.

A la ma帽ana siguiente, el jefe de cocina amonest贸 a la cocinera.

Al rey no le ha gustado el desayuno que has preparado. Si vuelve a suceder, te despedir茅.

De nuevo el monarca dio otra fiesta. Gorra de Junco, esta vez con su vestido de boda de princesa, acudi贸 a ella. Estaba tan hermosa que todos la miraban. El rey le dijo:

Eres la muchacha m谩s bonita que he conocido y tambi茅n la m谩s dulce. Te suplico que no te escapes y te cases conmigo.

La muchacha sonre铆a, sonre铆a siempre, pero pudo huir en un descuido del monarca. Este estaba tan desconsolado que en los d铆as siguientes apenas probaba la comida.

Una ma帽ana en que ninguno se atrev铆a a preparar el desayuno real, pues nadie complac铆a al soberano, la cocinera orden贸 a Gorra de Junco que lo preparase ella, para librarse as铆 de las reprimendas.

La muchacha puso sobre la mermelada su anillo de prometida, el que un d铆a le regalara el joven pr铆ncipe. Al verlo, exclam贸:

隆Que venga la cocinera!

La mujer se present贸 muerta de miedo y asegur贸 que ella no tuvo parte en la confecci贸n del desayuno, sino una muchacha llamada Gorra de Junco. El monarca la llam贸 a su presencia. Bajo el vestido de juncos llevaba su traje de novia.

驴De d贸nde has sacado el anillo que estaba en mi plato?

Me lo regalaron.

驴Qui茅n eres t煤?

Me llaman Gorra de Junco, se帽or.

El soberano, que la estaba mirando con desconfianza, vio bajo los juncos un brillo similar al de la plata y los diamantes y exigi贸:

D茅jame ver lo que llevas debajo.

Ella se quit贸 lentamente el vestido de juncos y la gorra y apareci贸 con el maravilloso vestido de bodas.

隆Oh, querida mia! 驴As铆 que eras t煤? No s茅 si podr谩s perdonarme.

Pero como la princesa le amaba, le perdon贸 de todo coraz贸n y se iniciaron los preparativos de las bodas. La princesa hizo llamar a su padre, que no sab铆a c贸mo disculparse con ella por lo ocurrido.

La princesa se casa con el rey

El banquete fue realmente regio, pero la comida estaba completamente sosa y todo el mundo la dejaba en el plato. El rey, enfadado, hizo que acudiera el jefe de cocina.

Esto no se puede comer -protest贸.

La princesa entonces, mirando a su padre, orden贸 que trajeran sal. Y el anciano rompi贸 a llorar, pues en aquel momento comprendi贸 cu谩nto le amaba su hija menor y lo mal que hab铆a sabido comprenderla.

En cuanto a las otras dos ambiciosas princesas, ri帽eron entre s铆 y se produjo una guerra en la que murieron ellas y sus maridos. De tan triste circunstancia supo compensar al anciano monarca el cari帽o de su hija menor.

Fin.

Las tres hijas del rey es un cuento cl谩sico de la literatura universal.

Las tres hijas del rey en video

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