Los pares del grupo y la relación con nuestros hijos discapacitados



La importancia del grupo de pares en las personas con discapacidad.

Para lograr tener éxito en las relaciones, una de las variables más importantes a tener en cuenta es el vínculo, el contacto, la relación con un otro.

Son incontables las capacidades que tenemos las personas para lograr una óptima sociabilización y desarrollarnos como personas. Desenvolvernos en un contexto social, que nos permita simplemente “ser”.

Cuando se habla de todas las personas, hablamos también de aquellas que poseen algún tipo de discapacidad psíquica o física. Muchas veces para la sociedad, en el imaginario colectivo, lo que aparece en primer término es lo no pueden hacer, lo que no van a lograr; es decir, lo incompleto, lo que falta. Esta forma de mirar les pone un límite a sus capacidades de logros y de obtener resultados que le permitan desplegar al máximo sus recursos y capacidades para lograr realizarse en su medio social y por lo tanto como SUJETOS. En consecuencia, sus capacidades quedan atrapadas en lo que cada uno piensa que ellos pueden llegar hacer o “ser”. De esta manera, se logra poner un freno, un techo, un límite al otro y a sus posibilidades de interactuar.

Y es este el punto que se debe transformar. Desde las instituciones, profesionales, familia, sociedad, hay que brindar estimulación, apoyos, contención, acompañamientos. Pensar en la cantidad de cosas que se pueden hacer, fomentarlas y sobre todo generarlas. El propósito es siempre darle a la persona con discapacidad el lugar, el espacio, “voz y voto”, valorando sus palabras y sentimientos.

Desde el lugar que nos toque relacionarnos con personas discapacitadas, es necesario que nos enfoquemos en situaciones y momentos en donde ellos, a su manera, según su estructura psíquica y física puedan dar respuestas que sean valoradas en el contexto en que sucedan. Solo en este caso, en la valoración positiva de sus capacidades, estamos dando lugar al despliegue máximo de desarrollo de sus capacidades. Al sentirse seguros, logran resultados asombrosos, aumentando sus recursos y herramientas para poder ser utilizadas en pos de su sociabilización.

No hay un manual que nos diga cómo elegir los pares del grupo que van a relacionarse con nuestros hijos, pero las respuestas que día a día podemos observar en ellos son las que nos permiten darnos cuenta del acierto o no de la elección. Esto es, el nivel de bienestar, quejas, emociones que les provoca estar en ese grupo. Todo lo que les pase se va a reflejar en sus actitudes: alegría, tristeza, no querer ir por reiteradas y variadas excusas o querer ir todo el tiempo y mostrarse entusiasmados por estar con ellos. En todos los casos, hay que priorizar a la persona que participa en el grupo, que es la que va a compartir momentos con ese grupo de pares, y no lo que nosotros como padres o tutores consideramos “bueno” o “malo” para ellos.

Hay que considerar también el tiempo de adaptación porque los cambios necesitan tiempo para asimilarlos y poder sentirse cómodo con lo nuevo. Se debe facilitar el lugar, el espacio, el tiempo para que ellos puedan desenvolverse a su manera, y destaco “a su manera”, en el grupo donde ellos se sientan cómodos y logren su bienestar.

A la hora de insertar a las personas con alguna discapacidad en un grupo de pares, los mejores resultados se obtienen si se valora y se tiene en cuenta lo que ellos quieren junto con sus diversas capacidades.

Por Ignacio Floridi, Consultor psicológico y responsable de talleres de Sociabilización y Huerta Orgánica en Fundación Río Pinturas, www.riopinturas.org.ar

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