¿Jugar al futbol, es “jugar”? ¿Competencia o diversión?



¿Jugar al futbol, es “jugar”? ¿Competencia o diversión?

Todo el tiempo hablamos de “jugar al futbol”, por ejemplo. Pero el deporte, ¿es un juego?

Desde la definición, el deporte es una actividad física (aunque hay algunos como el ajedrez que apelan a lo intelectual). Se realiza con una serie de reglas o normas, y se lleva cabo en un área determinada, que puede ser un campo, cancha, tablero, mesa, etc. y frecuentemente se asocia a la competencia, por lo que el resultado se mide en ganar o perder.

Podríamos decir que el futbol se puede considerar un juego, en tanto y en cuanto la actividad deportiva preserve una cuota elevada de lo placentero, lo elegido, puesto frente a lo obligatorio y lo coercitivo. Quizá el futbol en si mismo sea un juego más reglado, más competitivo, pero que conserva lo propio del juego.

Por otro lado hay una premisa fundamental: no existe juego sin reglas. Pueden ser implícitas o explicitas, pero siempre que hay juego hay reglas, aunque sean las más básicas: un acuerdo tácito con el que dos personas van a poder llevar adelante esa experiencia.

Sin embargo, en deportes tan competitivos como el fútbol, hoy es bastante habitual encontrarnos a los papás y sobre todo a las mamás, acompañando a los chicos a participar en ligas de futbol infantil, enfervorizadas, gritando cosas como “matálo”.

Y es entonces, desde la misma exigencia de los padres, que el futbol pierde lo lúdico para convertirse en un nivel de competencia feroz.

Placer vs resultados

Hay papas que no saben qué actividades realizar con sus hijos de 3 o 4 años. Y cuando los chicos ya tienen un cierto nivel de escolarización y criterios deportivos, piensan que en el deporte sí pueden estar presentes.

Pero hay una instancia superior, ya que el juego es muy anterior al deporte.

El juego libre, espontáneo, creativo, está absolutamente identificado con el desarrollo infantil, y la construcción, conocimiento y apropiación del mundo en los niños, se hace siempre a través del juego.

Todos sabemos que el juego es una actividad que los chicos realizan, pero cuando los papás lo relacionan con los resultados, muchas veces aparece juzgado como pérdida de tiempo. El adulto no puede articular al juego como una actividad placentera, con objetivos en sí mismos: si no se obtuvo un triunfo, el futbol aparece como algo inútil, y se desvaloriza.

Cuando la gente no está enfocada en la experiencia de juego sino en el resultado, pierde la posibilidad de entrar en la dimensión del juego de la que hablábamos, como algo libre y placentero. Y surgen situaciones en las que los padres corren alrededor de la cancha presionando al hijo, a veces con actitudes violentas, para que logre el resultado. Ahí no hay juego, no hay placer y no existe un niño.

Damián Calvo
Presidente de Lekotek
www.lekotek.org

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