Jugar y leer van de la mano en el desarrollo del niño

niño leyendo

El juego y la literatura son espacios diferentes, pero a la vez articulados. La palabra es quizás el primer espacio de juego. El juego es ante todo comunicación y el desarrollo del lenguaje da sus primeros pasos a través de éste.

El niño comienza a emitir sonidos y, a partir de los tres meses, va comenzando a reparar en ellos, los repite, los modifica, los modula, es decir, comienza a jugar con ellos, con su voz, con las palabras. Y los adultos, desde el rol de cuidadores, también participan de esa actividad lúdica estimulándolos, repitiendo, proponiendo nuevas palabras o ruidos.

Cuando son más grandes, el juego se arma en la palabra, en la propuesta, en la imaginación e invención del escenario y las reglas. La interacción hace al juego y lo motiva. Entonces, ¿cómo se complementan juego y lectura para motivar cambios en las actitudes de los niños? ¿Qué actividades se pueden proponer para que la lectura sea motivadora?

De acuerdo a esta articulación resulta ineludible el rol mediador de los padres en el proceso. Los adultos deben encontrar sus espacios en los diferentes momentos de juego a través de las interacciones, propuestas y consignas. Ellos pueden guiar, proponer alternativas y hasta reconocer lo que sus hijos expresan a través de las acciones.

El juego toma el lenguaje como espacio de experimentación, fantasía y creatividad. Así lo expresa la escritora Margarita Mainé: “asocio absolutamente la literatura infantil con el juego. Me parece que son dos elementos que el niño necesita para crecer sano y bien”. Los textos para niños entonces encierran ese carácter lúdico que caracteriza a los primeros acercamientos al lenguaje. La literatura infantil recupera esas experiencias y las transforma. Las sesiones de lectura/juego se vuelven oportunidades para el desarrollo cognitivo, lingüístico y creativo en el espacio familiar, interacciones en las que el libro y el juego disparan intercambios comunicativos interesantes entre niños y adultos.

Leer y jugar, dos actividades que siempre aportan en el desarrollo de los niños y su vínculo con el mundo adulto.

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Por Rocío Brescia, especialista de Fundación Leer, www.leer.org

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